LVI. Cómo deben disponerse las almas para recibir la sagrada comunión. —457. Después de todo lo hasta aquí apuntado, veamos de explicar la manera como deban prepararse los fieles antes de recibir el Sacramento de la Eucaristía. Y primera-mente para que se vea la necesidad de esta preparación, se ha de proponer el ejemplo de nuestro Salvador. Porque antes de dar a los Apóstoles los Sacramentos de su precioso Cuerpo y Sangre, aun que ya estaban limpios, les lavó los pies (1), para declarar que debemos poner toda diligencia en que nada nos falte para la suma integridad e inocencia del alma cuando hemos de recibir los sagrados misterios. Pero entiendan los fieles además, que así como quien recibe la sagrada Eucaristía bien dispuesto y preparado, es enriquecido con altísimos dones de la divina gracia, así por el contrario recibiéndola sin preparación, no sólo no se consigue provecho alguno, sino que se reciben gravísimas pérdidas y daños. Pues es propio de las cosas muy preciosas y muy saludables, que tomadas a tiempo aprovechen muchísimo, pero si las tomamos intempestivamente, nos causen ruina y perdición. Por esto no es de maravillar que aun los dones más encumbrados y esclarecidos de Dios nos ayuden muchísimo para conseguir la gloria eterna recibiéndolos con buena disposición, pero que nos ocasionen la eterna muerte cuando nos hacemos indignos de ellos. Esto se demuestra con el ejemplo del arca del Señor. No tuvo a la verdad el pueblo de Israel cosa más venerable que esta arca del Testamento (2), por la cual le había hecho el Señor crecidísimos e innumerables beneficios; pero siendo tomada por los Filisteos (3), les causó una gravísima peste y calamidad, juntamente con una ignominia eterna. Así también los alimentos que tomamos si hayan bien dispuesto el estómago, mantienen y sustentan los cuerpos, pero si le hallan lleno de humores viciosos, causan graves enfermedades.
LVII. De varios modos de preparación para comulgar. —458. Sea, pues, la primera preparació (4) que han de llevar los fieles, distinguir entre mesa y mesa, esta sagrada de las profanas, este pan del cielo del de la tierra. Esto se hace creyendo de cierto que está allí presente el verdadero Cuerpo y Sangre de aquel Señor, a quien (5) adoran los Ángeles en la gloria, a cuya presencia tiemblan las columnas del cielo (6), estremeciéndose a la menor muestra de su indignación, y de cuya gloria están llenos cielos y tierra (7). Esto es a la verdad discernir el Cuerpo del Señor, como amonesta el Apóstol (8). Pero lo que conviene es, venerar la grandeza de este misterio, no escudriñar su verdad con sutilezas.
459. Otra preparación y en gran manera necesaria es, que cada uno se pregunte a sí mismo si tiene paz con los otros, y si acaso ama de veras y de corazón a su prójimo (9). Si ofreces, pues, tu ofrenda en el altar, y allí te acordares que tu prójimo ha recibido algún agravio de ti, deja allí tu ofrenda al pie del altar, y ve primero y reconcíliate con él, y hecho esto vuelve a ofrecer tu don" (10).
460. A más de esto debemos examinar con gran cuidado nuestra conciencia, no estemos acaso manchados con algún pecado mortal, del que sea necesario hacer penitencia, para lavarle primero con la medicina de la contrición y confesión, pues está definido por el santo Concilio de Trento (11) que a ninguno a quien remuerda la conciencia de pecado mortal, es lícito recibir la sagrada Eucaristía, sin limpiarse antes por la confesión sacramental, habiendo copia de Sacerdotes, aunque le parezca estar contrito.
461. Consideremos también en el retiro de nuestros pechos, cuán indignos somos de que nos haga el Señor semejante beneficio, y para esto diremos con todas veras aquello del Centurión, de quien el mismo Salvador afirmó, que no halló fe tan grande que señaladamente conviene observen los fieles, a fin de prepararse para recibir con utilidad los sagrados misterios. Pues las demás que parece se deben proveer para este fin, fácilmente se pueden reducir a estos mismos puntos.
LIX. Todos deben comulgar a lo menos una vez al año. —463. Y a fin de que algunos no se hagan más perezosos para recibir este Sacramento por juzgar muy pesada y dificultosa tanta preparación, se ha de recordar muchas veces a los fieles, que todos están obligados a recibir la sagrada Eucaristía (12). Y a más de esto que está establecido por la Iglesia, que quien no comulgare una vez por lo menos cada año en la Pascua, sea arrojado fuera de ella.
Notas y comentarios:
(1) "Echa, Jesús, después agua en un lebrillo, y pónese a lavar los pies de los discípulos, y a limpiarlos con la toalla que se había ceñido". Joann., XIII, 5.
(2) Véase todo el capítulo XXVI del Éxodo en el que se hace su descripción y de cuanto constaba.
(3) "Para comprender los males que el Arca del Señor causó a los Filisteos léase el cap. V del libro 1 de los Reyes.
(4) "El Concilio Tridentino explica claramente el modo con que debemos prepararnos para recibir la Eucaristía, he aquí sus palabras: "Si no es decoroso que nadie se presente a ninguna de las demás funciones sagradas, si no con pureza y santidad; cuanto más notor ia es a las personas cristianas la santidad y divinidad de este celeste Sacramento, con tanta mayor diligencia por cierto deben procurar presentarse a recibirle con grande respeto y santidad principalmente constándonos aquellas tan terribles palabras del Apóstol San Pablo: "Quien come y bebe indignamente, come y bebe su condenación"; pues no hace diferencia entre el Cuerpo del Señor y otros manjares. Por esta causa se ha de traer a la memoria del que quiera comulgar el precepto del mismo Apóstol: "Reconózcase el hombre a sí mismo". La costumbre de la Iglesia declara que es necesario este examen, para que ninguno sabiendo que está en pecado mortal, se pueda acercar, por muy contrito que le parezca hallarse, a recibir la sagrada Eucaristía, sin disponerse antes con la confesión sacramental. Y esto mismo ha decretado este santo Concilio observen perpetuamente todos los cristianos, y también los sacerdotes, que por oficio estuviesen obligados a celebrar, a no ser que les falte confesor. Y si el sacerdote por alguna urgente necesidad celebrare sin haberse confesado, confiésese sin dilación luego que pueda". Cap. VII, de la sesión XIII del Concilio Tridentino.
(5) "Adorad al Señor y vosotros todos, oh ángeles suyos". Psalm. XCVI, 7. "Y otra vez al introducir a su primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los Angeles de Dios". Helr., I, G.
(6) "Las columnas del cielo se estremecen y tiemblan a una mirada suya". Job., XXVI, 11.
(7) "Y con voz esforzada cantaban a coros, diciendo: Santo, Santo, Santo, el Señor Dios de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria". Isai., VI, 3.
(8) "Por tanto, examínese a sí mismo el hombre: y de esta suerte coma de aquel pan, y beba de aquel cáliz. Porque quien lo come y bebe indignamente, se traga y bebe su propia condenación, no haciendo el debido discernimiento del Cuerpo del Señor". I, Corint., XI, 28, 29.
(9) "El que no ama a sus hermanos, queda en la muerte". I, Joann., III, 14.
(10) "Si ergo offers munus tuum ad altare, et ibi recordatus fueris quia frater tuus habet aliquid adversum te: relinque ibi munus tuum ante altare, et vade prius reconciliari fratri tuo: et tunc veniens offeres munus tuum". Matth., V, 23, 24.
(11) "Si alguno dijere, que sola la fe es preparación suficiente para recibir el sacramento de la santísima Eucaristía; sea excomulgado. Y para que no se reciba indignamente tan grande Sacramento, y por lo mismo cause muerte y condenación; establece y declara el mismo santo Concilio, que los que se sienten gravados con conciencia de pecado mortal, por contritos que se crean, deben para recibirlo, anticipar necesariamente la confesión sacramental, habiendo confesor. Y si alguno presumiere enseñar, predicar o afirmar con pertinacia lo contrario, o también defenderlo en disputas públicas, quede por el mismo caso excomulgado". Can. XI, ses. XIII, Conc. Tri.
(12) "Todo fiel de cualquier sexo, después que hubiere llegado a los años de la discreción reciba reverentemente por lo menos en la Pascua el sacramento de la Eucaristía, a no ser que por consejo del propio sacerdote, por alguna causa racional juzgare que se debe abstener por algún tiempo: de otra suerte en vida sea apartado de la entrada de la Iglesia, y muerto carezca de cristiana sepultura". Ex Conc. Leteran. IV, cap. 21.
"Si alguno negare, que todos y cada uno de los fieles cristianos de ambos sexos, cuando hayan llegado al uso de la razón, están obligados a comulgar todos los años, a lo menos en Pascua florida, según el precepto de nuestra santa madre la Iglesia; sea excomulgado" . Can. IX, ses. XIII. Conc. Trident.
"La edad de la discreción así para la confesión como para la comunión es aquella, en que el niño empieza a razonar, esto es sobre el año séptimo, algunos más adelante y también antes. Desde este tiempo empieza la obligación de satisfacer a los dos preceptos de la confesión y comunión". Ex dectr. Quam singulari, 8 Agust. de 1910.