XLIX. Cómo se da la gracia por este Sacramento. —450. Y si fué hecha por Jesucristo la gracia y la verdad, necesariamente la ha de causar en el alma que recibe pura y santamente al que dijo de sí mismo: "El que come mi carne y bebe mi sangre, está en mí y yo en él" (1). Porque los que se llegan a este Sacramento con afectos de piedad y devoción, nadie debe dudar que reciben en sí al Hijo de Dios, de tal manera que se ingieren en él, como miembros vivos, porque escrito está: "El que me come, vivirá por mí" (2). Además: "El pan que yo daré, es mi carne por la vida del mundo" (3). Explicando este lugar San Cirilo, dice así: "El Verbo de Dios uniéndose a sí mismo con su carne, la hizo vivificante. Convenía, pues, que por un modo maravilloso se uniese a los cuerpos por medio de su sagrada carne y preciosa sangre, las que re­cibimos en el pan y vino mediante su consagración". 

L. No da vida este Sacramento al que le recibe indignamente. —451. Mas, respecto de lo dicho de que la Eucaristía da la gracia, conviene adviertan los Pastores que no se ha de entender corno si no fuera necesario que haya primero conseguido la gracia, el que ha de recibir provechosamente este Sacramento (4). Porque es manifiesto que así como a los muertos de nada sirve el alimento corporal, así a las almas muertas por el pecado, nada aprovechan los sagrados misterios. Por esto tienen las apariencias de pan y vino, para dar a entender que no fueron instituidos para volver las almas a la vida, sino para conservarlas en esa vida. Y así el haber dicho que da vida es, porque aun la primera gracia (con la cual deben ir adornados, antes de recibir en su boca la sagrada Eucaristía, bajo pena de comerse y beberse el juicio de la condenación) a ninguno se concede, si no recibe este mismo Sacramento con el deseo y el voto. Porque es el fin de todos los Sacramentos y la señal de la unidad de la Iglesia (5), fuera de la cual nadie puede conseguir la gracia.

Notas y comentarios:

(1) "Qui manducat meam Carnem, et bibit meum Sanguinem, in me manet, et ego in illo". Joan., VI, 57.

(2) "Qui manducat me, et ipse vivet propter me". loan., VI, 58.

(3) "Panis quem ego dabo, caro mea est pro mundi vita". Joan., VI, 52.

(4) "La necesidad del estado de gracia para la lícita y fructuosa recepción de la Eucaristía, es una verdad que hallamos con muchas frecuencia confesada por los Santos Padres, He ahí algunos testimonios:

"Reuniéndoos en el día del Domingo, partid el pan y dad gracias, después que hubiereis confesado vuestros delitos, para que sea limpio vuestro sacrificio. Todo aquel que ha tenido alguna controversia con su amigo, no se junte con vosotros, hasta que estén reconciliados, no sea que se contamine vuestro sacrificio". Ex Doc. Duodecim Apost. n. 14. "Aquello que ha sido santificado por la palabra de Dios y la oración, no santifica por sí al que la usa; pues si esto fuese así, santificaría al que indignamente come el pan del Señor. Ni tampoco alguno por causa de este manjar hubiera enfermado, enflaquecido o muerto, como enseñó el Apóstol con estas palabras: Por eso entre vosotros hay muchos enfermos, flacos, y mueren muchos. De lo cual deducimos que en el pan del Señor hay utilidad para el que le usa con conciencia limpia y pura". Ex Origen. In Matth. comment n. 14.

"Despreciadas todas estas cosas y desechadas, antes de haber expiado los delitos, antes de la confesión del crimen, antes de purificada la conciencia con el sacrificio y mano del sacerdote, antes de aplacar la ofensa del Señor indignado y amenazador, se hace fuerza a su cuer­po y sangre, y más pecan contra el Señor con sus manos y boca, que cuando negaron al Señor". Ex S. Cypriano. De lapsis. n. 16.

"Haciendo penitencia de los menores pecados por un justo tiempo, y según el orden de la disciplina, vengan a la comunión, y reciban por la imposición de las manos del obispo y clero el derecho de participar de la Euca­ristía. Mas ahora perseverando el cruel tiempo de la persecución, ni aun restablecida la paz de la Iglesia, son admitidos a la comunión, y se ofrece en nombre de ellos, aun no habiendo hecho penitencia, ni recibido el cuerpo del Señor, ni hecha la imposición por el obispo y el clero, se les da la Eucaristía, estando escrito: Quien comiere el pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y sangre del Señor". Ex S. Cypriano. Epist. 16, n. 2.

"¿Con qué temor, o persuasión de ánimo, o con qué afecto hemos de recibir el cuerpo y sangre de Cristo? El temor nos le indica el Apóstol cuando dice: "Quien come y bebe indignamente, come y bebe su condenación"; mas la persuasión la tenemos por la fe en las palabras del Señor, que dijo: "Este es mi cuerpo que es entregado par vosotros; haced esto para mi conmemoración". Ex San Basilio. Regulae brev. tract. n. 172.

"Piensa cuánto te indignas contra el traidor y contra aquellos que crucificaron a Cristo; guárdate no seas también tú reo del cuerpo y sangre de Cristo. Aquellos despedazaron el sagrado cuerpo, tú después de tantos beneficios le recibes con el alma sucia. No fué bastante hacerse hombre, ser herido con bofetadas, inmolarse, sino que él mismo se junta con nosotros, no tan sólo por la fe, sino en verdad nos constituye su cuerpo " . Ex S. J. Chysost. In Matth. bom n. 82.

"Resta la tercera manera de penitencia, de la cual diré algo brevemente, para que, ayudándome el Señor, termine lo propuesto y prometido. Hay otra penitencia más grave y más triste, para la que propiamente los pe­nitentes son llamados en la Iglesia, apartados también de la participación del sacramento del altar, no sea que recibiéndole indignamente, coman y beban su condena­ción " . Ex S. Agust. Sermo 352, n. 8.

"Así como Judas, a quien el Señor entregó el bocado, no recibiendo una cosa mala, sino recibiéndola mal dió lugar a que le entrase el diablo, así recibiendo alguno el sacramento del Señor, no hace que por ser él malo, sea malo, o porque no le recibe para la salud, nada haya recibido. Pues era no obstante cuerpo y sangre del Señor para aquellos a quienes decía el Apóstol: "Quien come y bebe indignamente, come y bebe su condenación". Ex San Agust. De baptismo, n. 9.

(5) Los Santos Padres enseñan que la Eucaristía significa y contribuye a la unidad de la Iglesia, según puede verse por las siguientes afirmaciones de los mismos:

"Somos un cuerpo, y miembros de sus carnes y huesos. Para que, pues, seamos esto no sólo por amor, sino en realidad, juntémonos con aquella carne. Esto se realiza mediante la comida que él nos dió para mostrarnos el grande amor que nos profesa, por eso se incorporó con nosotros y reunió en uno solo todo el cuerpo, para que seamos uno, como cuerpo unido a la cabeza". Ex S. J. Chysost. In Joann. hom 46, n. 2.

"Porque muchos constituimos un pan y un cuerpo. ¿Pues qué digo comunicación? Somos el mismo cuerpo. Porque ¿qué es el pan? El Cuerpo de Cristo. ¿Qué se hacen los que comulgan? El Cuerpo de Cristo; no muchos cuerpos, sino un cuerpo. Así como el pan costando de muchos granos, está unido de tal modo que los granos nunca aparezcan, sino que sean los mismos, y no sea ma­nifiesta su diferencia por causa de la unión; así nos-otros nos unimos mutuamente y con Cristo. Pues no se alimenta éste de un cuerpo, el otro de otro, sino del mismo todos". Ex S. I. Chysost. In epist. I, ad Corint. hom. 24, n. 2.

"Mi carne se da, dijo, para la vida del mundo. Cono­cen los fieles el cuerpo de Cristo, si no desprecian ser cuerpo de Cristo. Háganse cuerpo de Cristo, si quieren vivir del espíritu de Cristo. Solamente vive del espíritu de Cristo el cuerpo de Cristo. De aquí es que mostrán­donos el apóstol Pablo este pan dice: Muchos somos un pan, un cuerpo. ¡Oh sacramento de piedad! ¡Oh señal de unidad! ¡Oh vínculo de caridad! ¡Quién quiere vivir, tiene en donde viva, de que viva. Acérquese, crea; incorpórese para ser vivificado". Ex S. Agustino.