XXXIX. Los Santos Padres enseñaron lo mismo. —440. Esta fué perpetuamente la unánime doctrina de los Santos Padres, como no podrá menos de confesarlo el que los leyere (1). Porque San Ambrosio dice así: "Tú acaso dices mi pan es el usual; mas este pan es pan antes de las palabras de la consagración. En llegando la consagración, del pan se hace carne de Cristo". Y para probar esto con más facilidad aduce varios ejemplos y comparaciones. Y en otra parte explicando aquellas palabras: "Todo cuanto quiso hizo el Señor en el cielo y en la tierra", dice: "Aunque se vea la figura del pan y vino, ninguna otra cosa se ha de creer que hay allí después de la consagración, que la carne y sangre de Cristo". Y exponiendo S. Hilario la misma sentencia casi con las mismas palabras, enseñó: "Que aunque exteriormente aparezca pan y vino, con todo es verdaderamente Cuerpo y Sangre del Señor".
XL. Por qué razón la Eucaristía se llama pan aun después de la consagración. —441. Pero adviertan aquí los Pastores que no debemos admirarnos se llame a la Eucaristía pan aun después de la consagración. Porque ha sido costumbre llamarla así, ya porque conserva la figura de pan, ya porque todavía retiene natural virtud de alimentar y mantener el cuerpo, lo cual es propio del pan, Y es costumbre de las escrituras sagradas llamar las cosas según lo que parecen, como bastantemente lo demuestra lo que se dijo en el Génesis, que aparecieron a Abrahán tres varones (2), siendo ellos tres Ángeles. Y aquellos dos que al subir el Señor a los cielos, aparecieron a los Apóstoles (3), se llaman varones, siendo también Ángeles.
XLI. Cómo se hace tan maravillosa conversión de substancias. —442. Sumamente dificultosa es la explicación de este misterio. Con todo, los Pastores se esforzarán para que aquellos que están más aprovechados en el conocimiento de las cosas divinas (pues de los que están tiernos todavía es muy de recelar sean oprimidos por la grandeza del misterio), se esforzarán, repito, a fin de declararles el modo de esta maravillosa conversión, lo cual se hace de tal suerte que toda la substancia del pan se convierte, por virtud divina, en toda la substancia del Cuerpo de Cristo, y toda la substancia del vino en toda la substancia de su preciosa sangre, sin que haya en nuestro Señor la menor mutación. Porque ni Cristo es de nuevo engendrado, ni cambiado, ni aumentado, sino que todo él mismo persevera en su substancia. Y así declarando San Ambrosio este misterio dice: "¿Ves cuan poderosa sea la palabra de Cristo? Si es, pues, tan poderosa la palabra de nuestro Señor Jesús, que por ella empezasen a ser las cosas que no eran, a saber del mundo, ¿cuánto mejor hará que sean las que eran, y que se conviertan en otra distinta?" En este mismo sentido dejaron también consignado su sentir otros antiquísimos y gravísimos Padres. San Agustín se explica de este modo: "Fielmente confesamos que antes de la consagración hay el pan y vino que produjo la naturaleza, pero después la carne y sangre de Cristo, que consagró la bendición". Y el Damasceno:"El cuerpo, verdaderamente está unido a la Divinidad, el cuerpo, digo, nacido de la Santa Virgen, no porque el mismo cuerpo que subió baje del cielo, sino por convertirse el mismo pan y vino en Cuerpo y Sangre de Cristo".
XLII. Muy propiamente se (lió a esta conversión el nombre de TRANSUNSTANCIACIÓN. —443. Por esto la Santa Iglesia Católica llamó muy propia y convenientemente a esta conversión maravillosa Transubstanciación (4), según enseñó el Sagrado Concilio de Trento. Porque así como la generación natural se llama con mucha propiedad transformación, por cuanto en ella se muda la forma, así también porque en el Sacramento de la Eucaristía pasa toda la substancia de una cosa a ser toda la substancia de otra, con mucha propiedad y exactitud nuestros mayores propusieron el nombre de Transubstanciación para declarar este misterio.
XLIII. Este Sacramento ha de ser creído con piedad y no escudriñado con curiosidad. —444. Pero aquí es menester prevenir a los fieles que tengan presente lo que tanto recomiendan los Santos Padres, esto es, que no anden inquiriendo con curiosidad de qué modo se haga esta conversión. Porque ni lo podemos entender, ni en las mutaciones naturales, ni tampoco en la misma creación hallaremos ejemplo semejante. Qué sea esto se ha de saber por la fe; cómo se haga no hay que escudriñarlo con curiosidad. Y con igual cuidado deben proceder también los Pastores cuando en la explicación de este misterio quieran tratar de cómo puede ser que todo el Cuerpo de Cristo esté contenido aun en la más mínima partícula del pan, pues muy rara vez podrá convenir mover tales disputaciones. Mas si lo pide alguna vez la caridad cristiana, procuren ante todo fortalecer las almas de los fieles con aquella sentencia: "Nada hay imposible para Dios" (5).
XLIV. Cristo está en la Eucaristía a manera de substancia y no ocupa lugar. — 445. Después enseñarán que Cristo Señor nuestro no está en el Sacramento como en lugar. Porque el lugar se conforma con las cosas, según que son grandes o pequeñas. Y no decimos que Cristo Señor nuestro esté en el Sacramento como grande o pequeño, que es lo que pertenece a la cuantidad, sino según que es substancia. Porque la substancia del pan se convierte, no en la cantidad pequeña o grande de Cristo, sino en su substancia. Y nadie duda que la substancia igualmente se halla en un espacio pequeño que en uno de grande. Como la substancia del aire y toda su naturaleza tan entera está en una parte pequeña como en otra mayor; como también toda la substancia del agua no menos está en un pequeño recipiente que en un río. Convirtiéndose, pues, la substancia del pan en Cuerpo de Cristo Señor nuestro, es preciso reconocer que enteramente está en el Sacramento en aquel mismo modo que estaba la substancia de pan antes de la consagración, y que esto sea en pequeña o grande cantidad no hace al caso.
XLV. En el Sacramento están los accidentes sin substancia. —446. Resta ahora declarar lo tercero que en este Sacramento parece no menos grande que maravilloso, lo cual, explicados ya los otros dos milagros, fácilmente podrán tratarlo los Pastores; esto es, que las especies de pan y vino están en este Sacramento sin sujeto alguno. Porque habiéndose demostrado ya que el Cuerpo y Sangre del Señor están verdaderamente en el Sacramento, de tal modo que no quede allí substancia alguna de pan ni de vino, como estos accidentes no pueden estar sostenidos por el cuerpo y sangre de Cristo, síguese que sobre todo orden de naturaleza subsistan por sí mismos, sin estar unidos a otra cosa alguna. Esta fué la perpetua y constante doctrina de la Iglesia Católica, la cual fácilmente se puede confirmar con la autoridad de aquellos testimonios con los cuales antes se mostró que no que-daba en la Eucaristía substancia alguna de pan o de vino.
XLVI. Por qué quiso el Señor darnos su Cuerpo y Sangre bajo las especies de pan y vino. 447. Pero lo que más importa a la devoción de los fieles es que dejándose de cuestiones sutiles, adoren y veneren la majestad de este admirable sacramento, y luego reconozcan en él la suma providencia de Dios, por haber dispuesto darnos estos sacrosantos misterios bajo las especies de pan y vino. Porque siendo tan grande el natural horror que tienen los hombres a comer carne humana o a beber su sangre, con suma sabiduría ordenó que su santísimo Cuerpo y Sangre se nos diesen bajo las especies de pan y vino, que con tanto gusto nos sirven cada día de ordinario alimento. Más a esto se juntan otras dos utilidades. Una es librarnos de la calumnia de los infieles, la que fuera difícil evitar si nos vieran comer al Señor en su misma especie. La segunda, que recibiendo el Cuerpo y Sangre del Señor de tal modo que no puedan percibir los sentidos lo que verdaderamente se hace, esto sirve en gran manera para aumentar la fe en nuestras almas. Pues según aquella celebrada sentencia de San Gregorio: "La fe no tiene mérito en lo que experimenta la razón humana". Pero todas las cosas expuestas hasta aquí no se han de predicar sino con gran precaución conforme a la capacidad de los oyentes y necesidad de los tiempos.
XLVII. De los inmensos frutos y utilidades de este gran Sacramento. —448. No hay clase alguna de fieles a quienes no convenga ni sea muy necesario conocer lo que se pueda decir de la maravillosa virtud y frutos de este Sacramento. Porque todo cuanto se trata de él con tanta difusión, señaladamente se debe dirigir a que entiendan los fieles las utilidades de la Eucaristía. Mas siendo imposible explicar con palabras sus inmensas utilidades y frutos, tratarán los Pastores uno u otro punto, para que se demuestre cuánta abundancia y riqueza de todo género de bienes está encerrada en estos sacrosantos misterios. En alguna manera conseguirán esto, si habiendo declarado la virtud y naturaleza de todos los Sacramentos, comparan la Eucaristía a la fuente, y los otros a los arroyuelos. Porque verdadera y necesariamente se debe llamar fuente de toda gracia, conteniendo en sí por una manera maravillosa a la misma fuente de las gracias y dones celestiales, y al autor de todos los Sacramentos, Cristo Señor nuestro, de quien como de fuente se comunica a los demás toda la bondad y perfección que tienen. Y de este principio podrán deducir con facilidad los excelentísimos dones de gracia divina que se nos dan p or este Sacramento.
XLVIII. La Eucaristía causa en el alma, de modo más excelente los provechos que el pan y el vino en el cuerpo. —449. También será medio oportuno para conseguir este mismo fin, considerar atentamente la naturaleza y cualidades del pan y del vino, que son los símbolos de este Sacramento. Porque todos aquellos provechos que causan en el cuerpo el pan y el vino, todos y de un modo mejor y más perfecto comunica a las almas para su salud y regalo el Sacramento de la Eucaristía. No se muda este Sacramento en nuestra substancia como el pan y el vino, pero nosotros en cierto modo nos convertimos y mudamos en su naturaleza, de suerte que con razón se puede aquí decir lo que el Señor dijo a San Agustín: "Comida soy de grandes, crece y me comerás. No me mudarás tú en ti, como manjar de tu carne, sino que tú te mudarás en mí".
Notas y comentarios:
(1) "En otro tiempo cambió el agua en vino, que es semejante a la sangre, en Caná de Galilea; ¿y nos parecerá poco digno de creerle cuando cambió el vino en sangre? Invitado a unas bodas corporales obró este maravilloso milagro; ¿y no confesaremos con mucha más razón haber dado a los hijos del tálamo nupcial para su deleite su cuerpo y su sangre". Ex S. Cyrillo Hierosolim. myst. 4. "Por último, después que nos hemos santificado por medio de estas espirituales alabanzas, pedimos a Dios bondadoso que envíe el Espíritu Santo sobre el propuesto, para que haga el pan en verdad Cuerpo de Cristo, y al vino sangre de Cristo. Pues del todo, cuanto tocare el Espíritu Santo, queda santificado y cambiado". Ex eodem myst. 5.
"Habiéndose mostrado que no puede realizarse de otro modo que nuestro cuerpo sea inmortal, sino que mediante la comunión con el inmortal se haga participante de la incorrupción, conviene considerar como puede hacerse que aquel mismo cuerpo, el cual se distribuye a tantos miles de fieles en todo el orbe de la tierra, por una parte esté todo en cada uno, y el mismo permanezca en sí todo Cuerpo de Dios Verbo, cambiado por la in-habilitación en la divina dignidad; rectamente, por lo tanto, ahora también el pan santificado por la palabra de Dios, creemos que se cambia en cuerpo del Verbo de Dios. Pues aquel cuerpo era pan por la potestad; mas fué santificado por la inhabitación del Verbo, el cual como en tabernáculo habitó en la carne. De consiguiente de donde el pan en aquel cuerpo, cambiado pasa en virtud divina, por el mismo ahora se obra de un modo semejante. Pues allí por la gracia del Verbo hizo el cuerpo santo, que era de substancia de pan, y de alguna manera el mismo también era pan; y aquí de un modo semejante, el pan, según dice el Apóstol, es santificado por el Verbo de Dios y la oración, no de aquel modo en verdad que mediante el pan por la palabra de Dios se convierte en cuerpo, sino que al momento se muda en cuerpo por el Verbo, como se ha dicho: Este es mi cuerpo. Por beneficio de su gracia, a sí mismo por medio de la carne, que consta de pan y vino, se ingiere a todos los creyentes, mezclado con los cuerpos de los creyentes, a fin de que con la unión con él que es inmortal, el hombre se haga también participante de la incorrupción. Ex S. Gre. Nyn. Orado catechetica. n. 37.
(2) "Sucedió, pues, que alzando los ojos vió cerca de si parados a tres personajes: y luego que los vió corrió a su encuentro desde la puerta del pabellón, y les hizo reverencia inclinándose hasta el suelo". Gen., XVIII, 2.
(3) "Y estando atentos a mirar como iba subiéndose al cielo, he aquí que aparecieron cerca de ellos dos va-rones con vestiduras blancas " . Act., I, 10.
(4) He aquí cómo explica el Sacrosanto Concilio de Trento esta maravillosa conversión: "Mas por cuanto dijo Jesucristo nuestro Redentor, que era verdaderamente su cuerpo lo que ofrecía bajo la especie de pan, ha creído por lo mismo perpetuamente la Iglesia de Dios, y lo mismo declara ahora de nuevo este mismo santo Concilio, que por la consagración del pan y del vino, se convierte toda la substancia de pan en la substancia del Cuerpo de nuestro señor Jesucristo, y toda la substancia del vino en la substancia de su sangre, cuya conversión ha llamado oportuna y propiamente Transubstanciación la santa Iglesia católica". Cap. IV, ses. XIII, Conc. Trident. Y en el Canon II de la misma sesión se expresa con las palabras siguientes: "Si alguno dijere, que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía, queda substancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y sangre de nuestro señor Jesucristo; y negase aquella admirable y singular conversión de toda la substancia del pan en el cuerpo, y de toda la substancia del vino en la sangre, permaneciendo solamente las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia católica aptísimamente llama Transubstanciación; sea excomulgado". Can. II, ses. XIII, Conc. Trident.
(5) "Non erit impossibile apud Deum omne verbum " . Luc. I, 37.