XIV. El pan ácimo no es absolutamente necesario para la Eucaristía. —410. Mas no se ha de juzgar tan necesaria esta condición, que sin ella no pueda hacerse Sacramento, porque uno y otro pan, así el ácimo como el fermentado, es y se llama pan verdadero y legítimo. Pero a ninguno es lícito por su propia autoridad, o más bien temeridad, mudar el loable rito de su Iglesia. Y mucho menos es permitido esto a los Sacerdotes de la Iglesia latina, pues les está mandado por los Sumos Pontífices que no celebren sino con pan ácimo. Y esto baste para la explicación de la primera mate­ria de este Sacramento, aunque todavía hay que advertir que no está definido cuánta haya de ser la cantidad de pan que debe tomarse para hacer el Sacramento, pues no se puede señalar de cierto el número de personas que puedan o deban comulgar.

XV. Cuál es la otra materia para la consagración de la Sangre del Señor. —411. Resta ahora tra­tar de la otra materia y elemento de la Eucaris­tía. Esta es el vino exprimido del fruto de la vid, al cual se mezcla un poquito de agua (1). Porque siempre enseñó la Iglesia Católica que nuestro Señor y Salvador usó del vino en la institución de este Sacramento, pues él mismo dijo: "Y a no beberé más de este fruto de la vid hasta aquel día" (2). Sobre lo cual dice San Crisóstomo: "Del fruto de la vid, la cual no produce agua, sino vino". Para que se vea cuán de antemano deshacía la herejía de los que dijeron que sola el agua se había de tomar para los divinos misterios. 

XVI. El vino en el Sacramento se ha de mezclar con agua. 112. Siempre mezcló la Iglesia de Dios el vino con agua. Lo primero, porque así lo hizo nuestro Salvador, como lo prueba la autoridad de los Concilios y el testimonio de San Cipriano. Con esta mezcla también se renueva la memoria de la sangre y agua que salieron del costado de Cristo. Asimismo por las aguas se significan los pueblos, como se lee en el Apocalipsis, y así el agua mezclada con el vino significa la unión del pueblo fiel con su cabeza Cristo. Y es­to observó siempre la Santa Iglesia por tradición Apostólica.

XVII. Para, el valor del Sacramento no es necesaria el agua, y debe ser muy poca. —413. Mas aunque son muy graves las razones que hay para hacer esta mezcla, no pudiéndose omitir sin pecado mortal, con todo si se deja, se hace Sacramento. Pero deben también advertir los Sacerdotes que así como deben echar agua en el vino pa­ra los sagrados misterios, así esta agua ha de ser muy poca. Pues según el sentir y juicio de los Escritores Eclesiásticos, esa agua se convierte en vino. Por lo cual escribiendo sobre esto el Papa Honorio dijo así: "Ha prevalecido en esos tus países el pernicioso abuso de echar para el sacrificio ma­yor cantidad de agua que de vino, siendo así que según costumbre razonable de la Iglesia Católica, debe echarse mucho más de vino que de agua". Solas, pues, éstas deben ser las materias de la Eucaristía, y con mucha razón se estableció por varios decretos no se pudiese ofrecer otra cosa que pan y vino, por atreverse algunos a hacer lo contrario. Pero veamos ya cuán propias son estas dos especies de pan y vino para declarar aquellas cosas de las cuales creemos y confesamos que son Sacramentos.

XVIII. Varias significaciones que tienen el pan y vino en el Sacramento. —414. Primeramente es­tas especies representan a Cristo según que es ver­dadera vida de los hombres, pues el mismo Señor dice: "Mi carne verdaderamente es comida y mi sangre verdaderamente bebida" (3). Dando, pues, el cuerpo de Cristo Señor nuestro alimento de eter­na vida a los que con pureza y santidad reciben su Sacramento, es muy conforme a razón que és­te se haga de aquellas cosas con las cuales señaladamente se mantiene esta vida, para que el pueblo fiel entienda con facilidad que se alimenta el alma con la comunión del precioso Cuerpo y Sangre de Cristo.
415. Algo aprovechan también estos mismos elementos para que conozcan mejor los hombres que el Cuerpo y Sangre del Señor están verdadera-mente en este Sacramento. Porque experimentando cada día que por virtud natural se mudan el pan y el vino en carne y sangre humana, es más fácil nos movamos a creer con esta semejanza, que en virtud de la consagración se convierte la substancia de pan y vino en verdadera carne y ver­dadera sangre de Cristo.
416. Ayuda asimismo esta maravillosa conver­sión de los elementos, para significar lo que obra en las almas. Porque si bien no se manifiesta por defuera cambio alguno en el pan y vino, y con todo verdaderamente se convierte su substancia en carne y sangre de Cristo, del mismo modo aunque nada se vea exteriormente mudado en nosotros, con todo somos interiormente renovados para la vida, cuando recibimos la vida verdadera en el Sacramento de la Eucaristía.
417. Finalmente la unidad del cuerpo de la Iglesia (4), que es una compuesta de muchos miembros, de ningún modo se da mejor a conocer que por los elementos de pan y vino. Porque como el pan se hace de muchos granos y el vino de muchos racimos, en esto se declara, que así también nosotros, aunque seamos muchos, nos unimos estrechísimamente con el lazo de este divino misterio y venimos a ser como un cuerpo.

XIX. Cuál es la forma de la consagración del pan. —417. Ahora se sigue tratar de la forma que se debe usar para la consagración del pan; no por-que estos misterios se expongan a los fieles, a no ser que obligare la necesidad (pues no es menester instruir en estas cosas a los que no han re­cibido órdenes sagrados), sino porque los Sacerdotes no pequen feísimamente en la celebración de este Sacramento por ignorancia de la forma. Nos enseñan, pues, los Evangelistas San Mateo y San Lucas, y también el Apóstol, que la forma es ésta: "Hoc est Corpus meum". Porque escrito está. "Cenando ellos, tomó Jesús en sus manos el pan y le bendijo y partió, y le dió a sus discípulos, y dijo: Tomad y comed. Este es mi cuerpo" (5). Y como esta forma de la consagración fué la observada por Cristo Señor nuestro, siempre usó de ella la Iglesia Católica. Se omiten aquí los testimonios de los Santos Padres que confirman esta verdad por ser negocio interminable el referirlos, como también el decreto del Concilio Tridentino que a todos está patente y a la mano, mayormente siendo cierto que esto mismo se deja entender por aquellas palabras del Salvador: "Haced esto en memoria mía" (6). Porque lo que el Señor mandó hacer, no solamente se debe entender de lo que hizo, sino también y mucho más de las palabras que dijo, pues no menos las pronunció pa­ra obrar por ellas que para significar lo que obra­ba. Y aun por razón se puede persuadir esto fá­cilmente, porque la forma es aquella que significa lo que se hace en este Sacramento. Significan-do, pues, y declarando estas palabras aquello que se hace, que es la conversión del pan en el verda­dero Cuerpo de Nuestro Señor, síguese que la forma ha de consistir en esas mismas palabras. Y en este sentido se ha de tomar lo que dijo el Evangelista: "Bendijo", porque parece que se ha de entender por lo mismo que si hubiera dicho: "Tomando el pan, lo bendijo, diciendo: Este es mi cuerpo" (7). 

XX. Las palabras que preceden a la forma, aunque deben pronunciarse, no son necesarias. —419. Y aunque el Evangelista puso antes aquellas palabras: "Tomad y comed", es claro que por ellas no se significa la consagración de la materia, sino sólo el uso del Sacramento. Y así aunque es cier­to que el Sacerdote las debe pronunciar, con todo no son necesarias para hacer el Sacramento, sino del mismo modo que se pronuncia la partícula enim en la consagración del cuerpo y de la sangre. A no ser así, nunca convendría, y ni aun se podría hacer el Sacramento, si no hubiera a quien administrarle; no pudiéndose dudar que pronunciadas por el Sacerdote las palabras de Cristo, según el uso e instituto de la Iglesia, verdaderamente consagra la materia legítima del pan, aunque no haya de administrarse a ninguno la sagrada Eucaristía.

XXI. Cuál es la forma de la consagración del Cáliz . —420. Por lo que se refiere a la consagra­ción del vino, que es la otra materia de este Sa­cramento, es necesario, por la misma razón que antes dijimos, que el Sacerdote conozca y sepa bien su forma. Pues por muy cierto se debe creer que está comprendida en estas palabras: "Hic est enim Calix Sanguinis mei, novi et aeterni testa­menti, mysterium fidei: qui pro vobis et pro multis effundetur in remissionem peccatorum". De estas palabras muchas se deducen de las Sagradas Es­crituras, y algunas se conservan en la Iglesia por tradición Apostólica. Porque aquellas: "Hic est Calix", las escriben San Lucas (8) y el Apóstol (9). De las siguientes: "Sanguinis mei, vel sanguis meus novi Testamenti, qui pro vobis, et pro multis ef fundetur in remissionem peccatorum", parte dijo San Lucas y parte San Mateo (10). Pero aquellas Aeterni y Mysterium Fidei, nos las ha enseñado la santa tradición, que es intérprete y tesorera de la verdad católica.

XXII. Pruébase que es esta la verdadera forma de la consagración. —421. Nadie podrá dudar que sea esta la verdadera forma, si observa aquí lo que se dijo anteriormente acerca de la forma de la consagración que se aplica a la materia del pan. Porque es claro que la forma de esta materia está en aquellas palabras que significan que la substancia del vino se convierte en la sangre del Señor. Y como estas palabras manifiestamente declaran esto, es evidente que no se debe señalar otra forma. Pero además de esto indican esas palabras ciertos maravillosos frutos de la Sangre derramada en la pasión del Señor, que muy en particular pertenecen a este Sacramento. Uno es la acción a la heredad eterna (11), la cual nos viene por el derecho de este nuevo y eterno Testamento. Otro es la entrada a la gracia o a la justicia por el misterio de la fe (12). "Porque propuso Dios a Jesús por reconciliar mediante la fe en su san­gre, para que él sea (13) el Justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesucristo. El tercero es el perdón de los pecados." (14)

XXIII. Explicase la forma de la consagración del Cáliz. —422. Pero estando estas palabras de la consagración llenas de misterios, y no pudiendo ser más propias, conviene examinarlas con mucha diligencia. Al decirse, pues, "Hic est Calix Sanguinis mei", se ha de entender así: "Esta es mi sangre, que está en este Cáliz". Y con mucha razón y muy oportunamente se hace mención del Cá­liz cuando se consagra esta sangre, según que es bebida de los fieles. Porque no significaría bien la sangre esta bebida, si no estuviera en algún vaso. Síguese luego: "Novi Testamenti". Y esto a la verdad se añadió para que entendiésemos que la sangre de Cristo Señor nuestro se da a los hombres, no en figura, como sucedía en el antiguo Testamento (pues acerca de esto leemos en el Apóstol a los Hebreos que no hubo Testamento consa­grado sin sangre) (15), sino en realidad y verdad, lo cual pertenece al Testamento nuevo. Así dice el Apóstol: "Por tanto, Cristo es mediador del Nuevo Testamento, para que mediando su muerte, re­ciban los que son llamados, la promesa de la herencia eterna" (16). Aquella palabra Aeterni se ha de entender de la heredad eterna que de derecho nos vino por la muerte del Testador eterno Cristo Señor nuestro. Lo que después se añade: Mysterium Fidel, no excluye la verdad y realidad, sino denota que se debe creer firmemente lo que en él está oculto y muy remoto del sentido de la vista. Y así es diverso el sentido que hacen aquí estas palabras del que tienen cuando se aplican al Bautismo. Porque aquí se llama Misterio de Fe el mirar nosotros con los ojos de la fe la Sangre de Cristo oculta bajo la especie de vino, mas al Bautismo llamamos justamente Sacramento de la fe, porque en él se hace profesión de toda la fe cristiana. Si bien también hay otro motivo para llamar al Sacramento de la Sangre de Cristo misterio de la fe, y es la mucha dificultad y resistencia que experimenta el entendimiento humano, cuando la fe nos propone para creer que Cristo Señor, verdadero Hijo de Dios, y juntamente Dios y hombre, padeció por nosotros la muerte, lo cual nos manifiesta el Sacramento de la Sangre. 

XXIV. Por qué en la consagración de la Sangre se hace mención especialmente de la muerte. —423. Y por esto recordamos la Pasión del Señor en esta consagración de la Sangre por aquellas palabras: "Qui effundetur in remissionem peccatorum", mejor que en la del Cuerpo. Porque la Sangre consagrada separadamente nos pone ante los ojos con mayor viveza y eficacia la pasión y muerte del Señor, y el linaje de la misma. Mas aquellas palabras que se añaden: pro vobis, et pro multis, son tomadas partes de San Mateo (17) y parte de San Lucas (18), mas la santa Iglesia instruida por el Espíritu divino las juntó, y se ordenan a declarar el fruto y utilidad de la Pasión. Porque si atendemos a la virtud de ésta, debemos confesar que el Salvador derramó su Sangre para la salud de todos, mas si consideramos el fruto que los hombres sacan de ella, fácilmente veremos que esta utilidad no llega a todos, sino solamente a muchos. Por lo cual, cuando el Señor dijo: pro vobis indicó o bien a los que allí estaban presentes, o bien a los escogidos del pueblo judío, como eran los dis­cípulos con quienes hablaba, excepto Judas. Más cuando añadió: pro multis, quiso indicar a todos los demás escogidos, así judíos como gentiles. Y fué muy bien no decir por todos, porque aquí se trataba solamente de los frutos de la pasión, la cual a sólo los escogidos reportó el fruto de la salud eterna. A esto aluden aquellas palabras del Apóstol: "Cristo ha sido una sola vez inmolado, para quitar de raíz los pecados de muchos" (19), y lo que el Señor dijo por San Juan: "Yo por estos ruego, no ruego por el mundo, sino por estos que me diste, porque son tuyos" (20). Otros muchos misterios están ocultos en estas palabras de la consagración, los cuales, con la ayuda de Dios y la constante meditación y estudio de las cosas divinas, fácilmente podrán los Pastores conocerlos por sí mismos.

XXV. No conviene gobernarse en este Sacramento por lo que perciben los sentidos. —424. Mas ya es tiempo de volver a la declaración de aquello que en manera ninguna se debe permitir que lo ignoren los fieles. Y, pues, nos amonesta el Apóstol (21) ser gravísima la maldad que cometen aquellos que no disciernen el cuerpo del Señor, ante todo enseñen los Pastores con todo cuidado que deben apartar el juicio y razón de lo que perciben los sentidos. Pues si llegan a persuadirse los fieles que no hay otra cosa en este Sacramento que lo percibido por los sentidos, necesariamente han de incurrir en una suma impiedad. Porque no hallando allí los ojos, el tacto, el olfato y el gusto otra cosa que las especies del pan y del vino, juzgarían que sólo pan y vino había en el Sacramento. Se ha de procurar, pues, que los entendimientos de los fieles prescindan todo lo posible de cuanto los sentidos perciben, y que se muevan a contemplar la inmensa virtud y poder de Dios.

XXVI. De las maravillas que se obran en virtud de la consagración. —425. Tres cosas sumamente admirables y dignísimas de toda veneración, cree y confiesa la fe católica sin la menor duda, que se obran en este Sacramento por las palabras de la consagración. La primera es, que está en él el verdadero cuerpo de Cristo Señor nuestro, aquel mismo que nació de la Virgen y que está sentado en los cielos a la diestra del Padre. La segunda, que no queda allí substancia alguna de pan y vino, aunque parece que no es posible alguna cosa más ajena ni más remota de los sentidos. La tercera, la cual se infiere de las otras dos, y aun las palabras de la consagración claramente lo expresan, es que los accidentes que se ven por los ojos o que se perciben por otros sentidos, quedan y se mantienen sin sujeto alguno por un modo admirable e indecible. Allí se dejan ver todos los accidentes de pan y vino, pero sub­sisten por sí sin estar sostenidos por substancia alguna. Porque toda la substancia del pan y del vino de tal modo se convierte en Cuerpo y Sangre de Cristo, que del todo deja de ser substancia de pan y de vino.

Notas y comentarios:

(1) "Según hemos oído ha prevalecido en estas partes un abuso muy pernicioso, a saber que se pone en el sacrificio mayor cantidad de agua que de vino, cuando según la racional costumbre de la Iglesia universal, se haya de poner más de vino que de agua. Por lo tanto mandamos a tu Fraternidad por escrito apostólico que no hagas esto en adelante, ni sufras se practique en tu provincia." Ex epist. Honorii III ad Olaum Archiep. Upsalensem. 13 decem. 1220. "Cristo que nos llevaba a todos nosotros, el cual llevaba nuestros pecados, vemos que por el agua se entiende el pueblo, mas en el vino se muestra la sangre de Cristo. Mas, cuando en el cáliz se mezcla el agua con el vino, el pueblo se junta con Cristo, y la multitud de los creyentes se une y junta con aquel en quien cree." Ex S. Cypriano. Epist. 63, n. 13.

(2) "Non bibam amodo de hoc genimine vitis usque in diem illum." Matth. XXVI, 29.

(3) "Caro mea vere est cibus, et Sanguis meus vere est potus." Joan. VI, 56.

(4) "Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, mas no todos los miembros tienen un mismo oficio: así nosotros, aunque seamos muchos, for­mamos en Cristo un solo cuerpo, siendo todos recíprocamente miembros los unos de los otros." Rom. XII, 4, 5.

(5) "Coenantibus autem eis, aceepit Jesus panem, et benedixit, ac fregit, deditque diseipulis suis, et ait: Aécipite, et comedite : Hoc est Corpus meum." I, Corint. XI, 24.

(6) " Hoc facite in meam commemorationem." Luc. XXII, 19.

(7) " Accipiens panem benedixit, dicens: Hoc est Cor­pus meum." Matth. XXVI, 26.

(8) "Hic est calix novum testamentum in sanguine meo, qui pro vobis fundetur." Luc. XXII, 20.

(9) "Hic calix novum testamentum est in meo sanguine." I, Corint. XI, 25.

(10) "Hic est enim sanguis meus novi Testamenti, qui pro multis effundetur in remissionem peccatorum." Matth. XXVI, 28.

(11) "Esto supuesto, hermanos, teniendo la firme esperanza de entrar en el Sancta Sanctorum por la sangre de Cristo." Hebr. X, 19.

(12) "Proposuit Deus propitiationem per fidem in sanguine ipsius." Rom. III, 25.

(13) "Por donde se vea como él es justo en sí mismo, y que justifica al que tiene la fe en Jesucristo." Rom. III, 26.

(14) "¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu Santo se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras muertas de los pecados?" Hebr. IV, 14.

(15) "Por eso ni aún aquel primer testamento fué celebrado sin sangre." Hebr. IX, 18.

(16) "Et ideo novi testamenti mediator est: ut morte intercadente, in redemptionem earum praevaricatiorum, qua erant sub priori testamento, repromissionem accipiant, qui vocati sunt aeternae haereditatis." Hebr. IX, 14.

(17) "Hic est enim sanguis meus novi Testamenti, qui pro multis effundetur." Matth. XXVI, 28.

(18) "Hic est calix novum testamentum in sanguine meo qui pro vobis fundetur." Luc. XXII, 20.

(19) "Christus semel oblatus est ad multorum exhau­rienda peccata." Hebr. IX, 28.

(20) "Ego pro eis rogo, non pro mundo rogo, sed pro bis, quos dedisti mihi, quia tui sunt." Joan, XVII, 9.

(21) "Porque quien lo come y bebe indignamente, se traga y bebe su propia condenación, no haciendo el debido discernimiento del cuerpo del Señor." I, Corint. XI, 29.