CATECISMO ROMANO 

CAPITULO IV
DEL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

 

I. Con cuánta reverencia deben los fieles tratar este Sacramento, y con cuánta diligencia deben explicarlo los Pastores. —393. Así como entre todos los sagrados misterios que como instrumentos ciertísimos de la divina gracia instituyó nuestro Señor y Salvador, ninguno hay que se pueda comparar con el Santísimo Sacramento de la Euearitía, así tampoco hay que temer de Dios castigo más severo por alguna maldad, como de que no se trate por los fieles santa y religiosamente un sacramento lleno de toda santidad, o más bien que contiene en sí al mismo Autor y fuente de la santidad. Con gran perspicacia advirtió esto el Após­tol, y nos lo previene con igual claridad. Porque habiendo declarado de cuán grave maldad se ha-cían reos los que no discernían el Cuerpo del Señor, añade al punto: "De aquí es que hay entre vosotros muchos enfermos y sin fuerzas, y muchos que mueren". (1) Pues para que el pueblo fiel, ha­biendo entendido los honores divinos que deben tributarse a este Sacramento, consiga frutos abundantes de gracia, y no incurra en la ira justísima de Dios, expondrán los Pastores con suma diligencia todo aquello que parezca pueda ilustrar más la majestad de este Sacramento.

II. Por qué y cuándo fue instituido este Sacramento de la Eucaristía. 394. Pues en este punto, a -fin de seguir el orden que guardó el Apóstol (1) diciendo a los de Corinto que les había enseñado la que él había aprendido del Señor, será necesario explicar primeramente a los fieles la insti­tución de este Sacramento, la cual, según clara-mente se desprende del Evangelista, se obró de esta manera: "Como hubiese amado a los suyos, los amó hasta el fin". (2) Y para dejarnos alguna prenda divina y admirable de este amor, sabien­do que era llegada la hora de pasar de este mun­do al Padre, a fin de no ausentarse jamás de los suyos, realizó por un modo inexplicable lo que sobrepuja todo el orden y condición de la naturaleza (3). Porque habiendo celebrado con sus dis­cípulos la cena del Cordero pascual (para que a la figura sucediese la verdad, y a la sombra el cuerpo): “Tomó el pan, y dando gracias a Dios, lo bendijo, partió y dió a sus discípulos diciendo: Tomad y comed; este es mi Cuerpo que por vosotros será entregado. Haced esto en memoria mía” (4). “Asimismo tomó el cáliz después que cenó, dicien­do: Este cáliz es el nuevo Testamento en mi san­gre. Haced esto, todas las veces que bebiereis en memoria mía” (5)

III. Por qué este Sacramento se llama Eucaristía. —395. Considerando como imposible los Escri­tores Sagrados explicar con sola una palabra la dignidad y excelencia de este admirable Sacramen­to, procuraron declararlo con muchas. Unas veces lo llaman Eucaristía, palabra que en nuestra lengua significa lo mismo que: buena gracia, o acción de gracias. Y con mucha razón sol debe decir buena gracia, ya porque es una prenda que prefigura la vida eterna, de la cual está escrito: "La gracia de Dios es la vida eterna" (6), ya porque encierra en sí a Cristo Señor nuestro, que es la gracia verdadera y fuente de toda gracia. Y con igual propiedad la interpretamos acción de gracias. Porque cuando sacrificamos esta purísima hostia, cada día rendimos a Dios inmensas gracias por todos los beneficios que se ha dignado hacernos, y sobre todo por el bien tan excelente como es la gracia que nos da en este Sacramento. Y aun este mismo nombre está también conforme con lo que obró Cristo Señor al instituir este misterio. Porque tomando el pan le partió (7) y dió gracias. Asimismo David contemplando la grandeza de este misterio, antes de pronunciar aquel verso: "Hizo memorial de sus maravillas el Señor misericordioso y piadoso; dió manjar a los que le temen" (8), juzgó que primero debía dar gracias, y así dijo: "Acción de gracias y magnificencia es la obra de Dios”. (10)

IV. Por qué se llama Comunión y Sacramento de Paz y de Caridad. —396. Muchas veces también se llama sacrificio, de cuyo misterio se tratará después con más difusión. Llámase después de es­to Comunión, lo cual es manifiesto que se tomó de aquel lugar donde dice el Apóstol: "El cáliz de bendición que nosotros bendecimos, ¿no es comunicación de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es participación del cuerpo del Señor?" Y como explicó el Damasceno: "Este Sacramento nos junta con Cristo, y nos hace participantes de su carne y divinidad, y a nosotros mismos nos une con el mismo Cristo, y nos junta y hace como un cuerpo" (11). Y de aquí proviene decirse también Sacramento de paz y de caridad, para que entendamos cuán indignos son del nombre de cristiano los que tienen enemistades, y que del todo se deben desterrar los odios, divisiones y discordias, como pestes horrendas de los fieles, mayormente cuando nada protestamos guardar con más cuidado mediante el sacrificio cotidiano de nuestra religión, como la paz y caridad.  

V. Por qué este Sacramento se llama Viático y Cena. —397. También se llama con frecuencia por los sagrados Escritores, Viático, ya porque es alimento espiritual con el cual nos sustentamos en la peregrinación de esta vida, ya porque nos asegura el camino para la eterna gloria y felicidad. Y así vemos se observa por estatuto antiguo de la Iglesia Católica que ninguno de los fieles salga de esta vida sin este Sacramento. Y Padres muy antiguos, siguiendo la autoridad del Apóstol, llamaron también a la sagrada Eucaristía con el nombre de Cena, por haberla instituido Cristo Señor nuestro en el saludable misterio de la última cena.

 

Notas y comentarios:

(1) “Ideo inter vos multi inflad, et imbecilles, et dormiunt multi.” I, Corint., XI, 30.

(2) Porque yo aprendí del Señor lo que también os tengo enseñado y es que el Señor Jesús la noche misma en que había de ser traidoramente entregado tomó el pan, etc. " I, Corint., XI, 23.

(3) “Cum Jesus dilexisset suos, in finem dilexit eos.” Joan., XIII, 1.

(4) He aquí cómo explica el Concilio Tridentino el fin de la institución de la Eucaristía: "Estando nuestro Salvador para partirse de este mundo a su Padre, ins­tituyó este Sacramento, en el cual como que derramó las riquezas de su divino amor para con los hombres, dejándonos un monumento de sus maravillas, y mandán­donos que al recibirle recordásemos con veneración su memoria, y anunciásemos su muerte hasta tanto que él mismo 'vuelva a juzgar al mundo. Quiso además que se recibiese este Sacramento como un manjar espiritual de las almas, con el que se alimenten y conforten los que viven por la vida del mismo Jesucristo, que dijo : Quien me come, vivirá por mí ; y como un antídoto con que nos librásemos de las culpas veniales, y nos preservemos de las mortales. Quiso también que fuese este Sacramento una prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad, y consiguientemente un símbolo o significación de aquel único cuerpo, cuya cabeza es él mismo, y al que quiso estuviésemos unidos estrechamente como miembros, por medio de la segurísima unión de la fe, la esperanza y la caridad, para que todos confesásemos una misma cosa, y no hubiese cismas entre nosotros". Cap. II, ses. XIII de Eucharist. Conc. Trident. Celebrada en el día 11 de octubre de 1551.

(5) “Accipite, et manducate, hoc est Corpus meum, quod pro vobis tradetur; hoc facite in meam commemo­rationem”. Luc., XXII, 19.

(6) “Hic calix novum testamentum est in meo San­guine: hoc facite, quotiescumque bibetis, in meam commemorationem”. Luc., XXII, 20.

(7) “ Gratia Dei, vita aeterna”. Rom., VI, 23.

(8) “Después de acabada la cena tomó el pan, dió de nuevo gracias”. Luc., XXII, 19. “Y dando gracias, lo partió y dijo a sus discípulos: Tomad y comed: Este es mi cuerpo” I, Corint., XI, 24.

(9) “Memoriam fecit mirabilim suorum misericors et miserator Dominus, escara dedit timentibus se”. Psalm. CX, 4.

(10) “Confessio et magnificentia opus eius.” Psalm. CX, 14.

(11) "Calix benedictionis cui benedicimus, nonne comí municatio Sanguinis Christi est? et panis, quem franimus, nonne participatio Corporis Domini est?" I, Corint., x, 16.