1. Todavía
no te he hablado del sol de las prácticas espirituales, que
es el santísimo y muy excelso sacrificio y sacramento de la
Misa, centro de la religión cristiana, corazón de la
devoción, alma de la piedad, misterio inefable, que comprende
el abismo de la caridad divina, y por el cual Dios, uniéndose
realmente a nosotros, nos comunica magníficamente sus gracias
y favores.
2. La oración, hecha en unión de este divino sacrificio,
tiene una fuerza indecible, de suerte, Filotea, que, por él,
el alma abunda en celestiales favores, porque se apoya en su Amado,
el cual la llena tanto de perfumes y suavidades espirituales, que
la hace semejante a una columna de humo de leña aromática,
de mirra, de incienso y de todas las esencias olorosas, como se dice
en el Cantar de los cantares.
3. Haz, pues, todos los esfuerzos posibles para asistir todos los
días a la santa Misa, con el fin de ofrecer, con el sacerdote,
el sacrificio de tu Redentor a Dios, su Padre, por ti y por toda la
Iglesia. Los ángeles, como dice san Juan Crisóstomo,
siempre están allí presentes, en gran número,
para honrar este santo misterio; y nosotros, juntándonos a
ellos y con la misma intención, forzosamente hemos de recibir
muchas influencias favorables de esta compañía. Los
coros de la Iglesia militante, se unen y se juntan con Nuestro Señor,
en este divino acto, para cautivar en Él, con Él y por
Él, el corazón de Dios Padre, y para hacer enteramente
nuestra su misericordia. ¡Qué dicha experimenta el alma
al unir sus afectos a un bien tan precioso y deseable!
4. Si por fuerza no puedes asistir a la celebración de este
santo sacrificio, con una presencia real, es necesario que, a lo menos
lleves allí tu corazón, para asistir de una manera espiritual.
A cualquiera hora de la mañana ve a la iglesia en espíritu,
si no puedes ir de otra manera; une tu intención a la de todos
los cristianos, y, en el lugar donde te encuentres, haz los mismos
actos interiores que harías si estuvieses realmente presente
a la celebración de la santa Misa en alguna iglesia.
5. Ahora bien, para oír, real o mentalmente, la santa Misa,
cual conviene:
1) Desde que llegas, hasta que el sacerdote ha subido al altar, haz
la preparación juntamente con él, la cual consiste en
ponerte en la presencia de Dios, en reconocer tu indignidad y en pedir
perdón por tus pecados.
2) Desde que el sacerdote sube al altar hasta el Evangelio, considera
la venida y la vida de Nuestro Señor en este mundo, con una
sencilla y general consideración.
3) Desde el Evangelio hasta después del Credo, considera la
predicación de nuestro Salvador, promete querer vivir y morir
en la fe y en la obediencia de su santa palabra y en la unión
de la santa Iglesia católica.
4) Desde el Credo hasta el Padrenuestro, aplica tu corazón
a los misterios de la muerte y pasión de nuestro Redentor,
que están actual y esencialmente representados en este sacrificio,
el cual, juntamente con el sacerdote y el pueblo, ofrecerás
a Dios Padre, por su honor y por tu salvación.
5) Desde el Padrenuestro hasta la comunión, esfuérzate
en hacer brotar de tu corazón mil deseos, anhelando ardientemente
por estar para siempre abrazada y unida a nuestro Salvador con un
amor eterno.
6) Desde la comunión hasta el fin, da gracias a su divina Majestad
por su pasión y por el amor que te manifiesta en este santo
sacrificio, conjurándole por éste, que siempre te sea
propicio, lo mismo a ti que a tus padres, a tus amigos y a toda la
Iglesia, y, humillándote con todo tu corazón recibe
devotamente la bendición divina que Nuestro Señor te
da por conducto del celebrante.
Pero si, durante la Misa, quieres meditar los misterios que hayas
escogido para considerar cada día, no será necesario
que te distraigas en hacer actos particulares, sino que bastará
que, al comienzo, dirijas tu intención a querer adorar a Dios
y ofrecerle este sacrificio por el ejercicio de tu meditación
u oración, pues en toda meditación se encuentran estos
mismos actos o expresa, o tácita o virtualmente.
Extracto del libro "Introducción
a la vida Devota -Fliotea-" Grupo editorial Lumen, Buenos
Aires-México