San Pablo,
en su segunda carta a Timoteo, le anima a predicar la palabra de Dios:
“Predica, le dice, a tiempo y a contratiempo; reprende, corrige,
exhorta con toda longanimidad y doctrina, ya que habrá un tiempo
en el que no soportarán más la santa doctrina, pero
según sus propias ansias se agruparán alrededor de los
doctores.... se apartarán de la verdad y volverán a
los mitos”
Si después de que San Pablo pronunciara estas palabras, se
puede decir que ya muchas veces a lo largo de la historia se han cumplido,
nunca más que hoy los hombres han vuelto a los mitos. ¿Cuándo
antes, como en nuestros días, se han propagado las doctrinas
que pretenden cambiar todo aquello que el espíritu humano conocía
de las realidades divinas y humanas, todo aquello que es la base de
su vida humana y social, haciendo tabla rasa de la familia, el Estado,
y de la religión en particular?
Adivinaréis, mis queridos hermanos, que se trata del monstruoso
error, condenado ya varias veces por los Soberanos Pontífices:
El Comunismo ateo y materialista. Pío IX, en 1846 manifestó
una solemne condena contra “esta nefasta doctrina” –
estas son sus palabras - que se llama comunismo, radicalmente contrario
al derecho natural en sí mismo; semejante doctrina, una vez
admitida, será la ruina completa de todos los derechos, instituciones,
propiedades y de la sociedad humana en sí misma.
León XIII la definía: “Una peste mortal que ataca
la médula de la sociedad humana, que la aniquilará”.
Pío IX la define: “Un sistema repleto de errores y de
sofismas, doctrina subversiva del orden social ya que destruye los
fundamentos mismos, sistema que niega el verdadero origen, la naturaleza
y el fin del Estado, así como los derechos de la persona humana,
su dignidad y su libertad.”
Queridos hermanos, hemos pensado que no era inútil, si no más
bien oportuno llamar vuestra atención y la de todos aquellos
que nos escuchan en este Vicariato y fuera de él, sobre esta
plaga que actúa no solamente allí donde reina como señor,
sino también en todos los países del mundo y en esas
regiones africanas, llevando el problema allí donde reina la
paz, aprovechando todo aquello que puede dividir a los hombres entre
ellos, para activar y atizar los odios y la lucha.
Pensamos que muchos de los que simpatizan con esta doctrina, que dan
su nombre a ciertas organizaciones en las que se inspira, lo hacen
por ignorar toda la perversidad que este error lleva en su seno, simpatía
con todo lo que es nuevo y se dejan convencer por las falaces promesas
de esta serpiente que es la misma que sedujo a nuestros primeros padres,
pues el comunismo les promete un paraíso soviético.
En pocas palabras querríamos describir este error, desvelar
la táctica de estos falsos profetas, con el fin de incitar
a los fieles a fortificarse; a los indecisos y los indiferentes a
buscar la verdad; a aquellos que inconscientemente prestan su ayuda
a esta abominable plaga, a reintegrarse y a apartar de él para
siempre su espíritu y su corazón.
El comunismo se presenta como un nuevo evangelio diametralmente opuesto
al de Nuestro Señor. Según las doctrinas de sus autores,
hace falta hacerse del mundo una concepción puramente materialista
y el pensamiento humano saldrá él mismo de la materia.
“La historia, dice Marx, es el desarrollo de la materia en el
tiempo. La materia está en constante movimiento, bajo las influencias
de las fuerzas internas que se oponen, que luchan. El desarrollo de
esta materia está en la lucha de los contrarios que, como en
una transformación química, terminan por hacer lugar
a un nuevo elemento más perfecto”; así nace el
pensamiento. “Esta tiene de particular que puede acelerar la
lucha y la oposición de los contrarios y provocar una nueva
etapa hacia un estado más perfecto”; así nace
el pensamiento.
Ese estado más perfecto sería ese paraíso soviético
en el que no habría más propiedad, ni familia, ni sociedad,
sino un mundo donde cada uno trabajaría para sí mismo
y para todos y donde todos tendrían parte de los bienes universales,
donde no habría ni patria, ni sociedad tanto privada como pública.
Hay que activar la lucha contra todo aquello que se opone a esta liberación
total del hombre, de todas las contingencias, de todas las servidumbres.
Hace falta aniquilar aquello que dentro del espíritu del hombre
moderno no está conforme con este último umbral que
debe franquear la humanidad; hace falta formar un hombre nuevo que
prepare al comunista perfecto: religión, propiedad, familia,
estado.... y otros tantos obstáculos en el pensamiento humano
que hay que suprimirlos radicalmente.
“La sociedad socialista edificada en la Unión Soviética
– dice Politzer, uno de sus doctrinarios – está
destinada también a desaparecer. Se está transformando
a marchas forzadas.
“Las clases subsisten – dice Lenin – y subsistirán
por todos sitios durante los años siguientes a la conquista
del poder por el proletariado. Aniquilar las clases no consiste solamente
en echar a los hacendados y capitalistas, esto ha sido relativamente
fácil, sino también aniquilar a los pequeños
productores”.
La religión, en particular, es el peor mal para el comunismo
y especialmente la religión católica. A continuación
algunas declaraciones recientes del Partido Comunista de Yugoslavia:
El 2 de marzo de 1952, el órgano oficial del Partido Comunista
de Skopje escribe: “Nuestro partido jamás ha permanecido
indiferente, en lo que se refiere a la ideología religiosa
y de la Iglesia, pero hoy día se trata de organizar la lucha
ideológica, sistemática y cotidiana, mediante la prensa,
las organizaciones de masa, las instituciones culturales, para destruir
todas las concepciones religiosas del universo, todos los perjuicios,
todas las tradiciones religiosas”.
El status de la unión de los comunistas de Yugoslavia declara:
“La pertenencia a la Unión de los Comunistas de Yugoslavia
es incompatible con la profesión de la religión y con
el cumplimiento de los ritos religiosos”.
El 30 de abril de 1952, el mismo Mariscal Tito declara: “Sé
que en el extranjero nos reprochan alejar a la juventud de Dios, de
la Iglesia, pero no podemos permitir que estos hombres practiquen
la superstición, puesto que todo esto es supersticioso. Debemos
luchar contra la superstición”.
El 22 de febrero de 1952, Vjeinik de Zagreb informaba que numerosos
estudiantes habían sido expulsados de las escuelas secundarias
croatas por delitos religiosos, es decir, por haberse ausentado del
colegio el día de Navidad. Treinta y dos estudiantes han sido
expulsados de las escuelas normales de Maribor durante los primeros
meses del 52 porque frecuentaban la iglesia.
Numerosos fieles han sido atacados por la prensa, despedidos de su
empleo por los siguientes crímenes: haber contraído
matrimonio religioso, haber bautizado a sus hijos, haberse ausentado
del trabajo los días de fiesta.
Pero estas declaraciones y estos hechos no son suficientes para revelar
la táctica verdaderamente satánica de los dirigentes
del partido: la lucha de los elementos opuestos es una necesidad para
acelerar el advenimiento de la liberación del hombre, por lo
tanto hay que provocarla universalmente y por todos los medios.
“La táctica – dice Lenin – debe ser trazada
con sangre fría, con un objetivo riguroso y teniendo en cuenta
todas las fuerzas. Hay que aceptar sacrificios, usar todas las estratagemas
y astucias. La más estricta adhesión a las ideas comunistas
debe unirse al arte de aceptar los compromisos prácticos, los
rodeos, los zigzagueos, las maniobras de conciliación y de
retirada”.
Con el fin de formar al hombre nuevo, hay que reemplazar el contenido
religioso original por un contenido marxista, hay que introducir en
la conciencia del hombre un fermento de lucha, de disgregación,
introducir la lucha en la familia, hacer a los niños acusar
a sus padres y a la inversa, introducir la lucha de clases, proletariado
contra propietarios, aunque sea a base de expulsar a los nuevos ocupantes
por los anteriores para evitar que los primeros sean demasiado poderosos.
Introducir la lucha en la religión, los fieles contra los sacerdotes,
los sacerdotes contra los obispos.
Esto es lo que el comunismo se esfuerza en practicar en todos sitios
donde reina. Los misioneros que vuelven de China, que han asistido
a estas maniobras, a los procesos, debates públicos, a todo
aquello que el régimen puede hacer para torturar los cerebros
humanos, dicen que no se puede hacer uno una idea del cambio de las
conciencias y de los espíritus a los que alcanza. Emplean todos
los medios de propaganda y de publicidad para favorecer su doctrina
hasta tal cadencia que los individuos que lo sufren, terminan por
perder toda personalidad anulando todo pensamiento individual y llegan
a ser números perfectamente alineados.
Si queremos evitar esta abominación, la peor que se haya conocido
jamás en la historia, evitemos todo aquello que puede ayudar
o favorecer el comunismo en nuestro medio.
El Papa Pío XI decía ya en 1.937: “Los promotores
del comunismo no dejan de aprovechar los antagonismos de raza, las
divisiones y las oposiciones que provienen de los diferentes sistemas
políticos”. Añadía también a estas
palabras que deberían meditar hoy todos aquellos que tienen
responsabilidades políticas o sociales: “Para comprender
cómo el comunismo ha conseguido hacerse aceptar por las masas
obreras, hay que recordar que los trabajadores estaban ya preparados
para esta propaganda por el abandono religioso y moral en el que cayeron
por la economía liberal. El sistema de los equipos de trabajo
no les dejaba tiempo para cumplir con los deberes religiosos más
importantes de los días de fiesta. No nos hemos preocupado
de construir Iglesias próximas al lugar del trabajo, ni de
facilitar la tarea al sacerdote sino, por el contrario, hemos favorecido
el laicismo y continuado su obra.... No es de extrañar que
en un mundo ya muy descristianizado se propague el error comunista”.
Esto que nuestro Santo Padre, el Papa decía especialmente a
los países de Europa, ¿no podemos aplicarlo hoy a nuestras
ciudades africanas y en particular a Dakar? ¿Nos preocupamos
de las masas obreras desde el punto de vista religioso y social? Construimos
ciudades sin preocuparnos de la construcción de iglesias aun
estando en países profundamente religiosos. Favorecemos el
laicismo, precursor del comunismo. ¡Cuántas dificultades
para dar enseñanza religiosa elemental a los niños de
las escuelas primarias públicas! ¡Cuántas dificultades
para construir colegios! Preferimos, sin embargo, preparar la vía
al comunismo comenzando su obra: arrancar de los espíritus
toda idea religiosa, como pide Tito. Cuánta responsabilidad
para aquellos que dicen llevar a sus queridos países africanos
la verdadera civilización y que les quitan el primer elemento
de civilización: la religión.
Nosotros, queridos hermanos, debemos hacer todo aquello que esté
a nuestro alcance para cortar el paso al comunismo, instruirnos sobre
sus errores doctrinales meditando las enseñanzas de la Iglesia
y especialmente la Encíclica Divini Redemptoris de Nuestro
Santo Padre el Papa Pío XI.
En los grupos de Acción Católica, en los círculos
de estudio, aprendamos a conocer esta plaga de la humanidad con el
fin de estimar mejor su perversidad. Mediante la prensa y los folletos
difundamos la refutación de estos errores, contrarios al buen
sentido y a la doctrina revelada. Enseñemos todo lo que esta
doctrina tiene de oposición a las enseñanzas del Evangelio,
aunque en algunos aspectos se le parezca.
Que todos aquellos que tienen responsabilidades sociales y que buscan
mejorar la situación de los trabajadores se concentren en hacer
reinar una justicia más grande y una mayor caridad cristiana.
No es propio de los gobiernos recordar todas las necesidades y todas
las miserias de las poblaciones, sino mas bien favorecer y promover
las iniciativas privadas, buscarlas y fomentarlas.
Que los sindicalistas, y con ellos todos aquellos que tienen el admirable
deseo de favorecer la justicia social, no apuesten por las luchas
inútiles, sino por medios dignos de gentes honestas y conscientes
de sus derechos y sus deberes, que eviten alinear su actitud a aquellas
de los comunistas que no tienen otra meta que la confusión
y la revolución. Que busquen para todos los trabajadores, no
una liberación de toda autoridad, ya que “todo poder
que viene de lo Alto”, sino la liberación de la miseria,
del hambre, del mañana incierto, con el fin de que el hombre,
en medio de la alegría de un hogar feliz, pueda elevar su alma
a Dios, liberar su espíritu de la ignorancia y del error y
su corazón de las pasiones y de los vicios, que pueda alimentar
a su familia, darle vivienda y la educación que eleva el corazón
y el alma a Aquel que es el autor de todo bien.
Haga el Señor que por nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra
caridad poseamos la verdadera felicidad y la compartamos aquí
abajo con nuestro prójimo. Jesús no prometió
el paraíso a los hombres futuros, mediante los años
de infierno para los que les preceden, sino con su gracia y su presencia
en las almas justas y rectas, les da a probar las alegrías
del paraíso en medio de los sufrimientos de esta vida, porque
como dice San Juan en el Apocalipsis: “No vi templos en la ciudad,
porque su templo, es el Señor Dios Todopoderoso”.
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