Entrevista de la Revista Latin Mass a Mons. Bernard Fellay

The Latin Mass: Excelencia, Ud. y sus compañeros en el episcopado en la Fraternidad San Pío X han pedido al Vaticano que reconozca oficialmente que todo sacerdote del Rito Romano tiene la prerrogativa de celebrar la Misa Latina tradicional. Un observador poco avisado podría sorprenderse, preguntándose porqué las autoridades de la Iglesia dudarían en conceder tal pedido. Después de todo, ¿qué tiene la Iglesia que perder liberando la antigua Misa?

Mons. Bernard Fellay: Si recordamos que el antiguo rito nunca ha sido abrogado, certeza confirmada en 1986 por una comisión de nueve cardenales; y también la certeza que nos ha sido repetida por el Card. Castrillon Hoyos ("Fundamentalmente el Papa está de acuerdo en que el antiguo rito nunca ha sido abrogado"), también lo dicho repetidamente por el Card. Medina, quien aseguró a sus lectores que nunca ha encontrado prohibición alguna que pese sobre esta Misa, debemos concluir en que lo más importante que la Iglesia podría perder al dar libertad a la Misa sería la injusticia de 35 años de tiranía silenciosa sobre todo el Rito Latino. El modo odioso de presionar a los fieles y especialmente a los sacerdotes que desean hacer uso de su estricto derecho de celebrar la Misa conforme al Rito antiguo también desaparecería en parte. La tranquilidad de una paz falsa, esta pretendida paz de la unidad en el rito (la Nueva Misa) que supuestamente reina hoy, en parte podría perderse. Pero, de mi parte no tengo absolutamente ninguna duda de que esta libertad para la Misa será un desafío muy bienvenido a la "creatividad" que los progresistas tan frecuentemente se ven necesitados utilizar para mantener cada domingo la asistencia a Misa de sus fieles. La Iglesia no tiene nada que perder sino mucho que ganar reintroduciendo la Misa Tridentina a gran escala; cualquiera que realmente ame a la Iglesia y a las almas no debería dudar un solo minuto en concederla. Encontramos, inclusive en el Vaticano, voces que entienden que la Iglesia no saldrá de su crisis presente sino volviendo a la Misa Tridentina. ¡Tantos sacerdotes encontrarían en ella su identidad sacerdotal cuando finalmente sean puestos en contacto con la Misa!

The Latin Mass: ¿Es verdad que, como algunos alegan, un retorno amplio a la Misa Tradicional podría poner en peligro la unidad pastoral?

Mons. Bernard Fellay: Antes de hablar de la unidad pastoral deberíamos hablar de la unidad en sí misma. La Misa Tridentina ¡tenía tantos componentes que eran reaseguros de unidad!; todos estos elementos han sido desechados en la Nueva Misa, dejando así abierta la posibilidad a las grandes mezcolanzas. ¡Los recursos para tomarse libertades en la nueva Misa son tan numerosos!: mire, por ejemplo, la inculturación, las innovaciones dejadas al arbitrio de las conferencias episcopales, etc., por no mencionar el enorme golpe causado a la unidad con la introducción de las lenguas vernáculas. Sin duda la liberación de la Misa Tridentina cambiará las cosas y causará problemas a la nueva Misa que será completamente desplazada por su antecesora. Pero, hablando francamente ¿dónde está el peligro para la unidad?

The Latin Mass: ¿Cuál es su percepción de la actual actitud del Vaticano hacia la Tradición?

Mons. Bernard Fellay: En lo que respecta a los esfuerzos del Card. Castrillón Hoyos, no tengo dudas de que Su Eminencia ha puesto todo su corazón en la empresa de proveer algún alivio y espacio de respiro a los fieles que desean mantener y retornar a la liturgia tradicional. Ciertamente debemos agradecerle su compromiso personal en este cometido. Es altamente probable que el Card. Castrillón Hoyos haya recibido algunos golpes del otro lado, especialmente en el Vaticano. Nunca he considerado el problema de la Fraternidad ante Roma como un problema personal. Sin embargo constatamos un deseo constante de darle una preeminencia a las reformas del Vaticano y a la nueva Misa en particular, a veces en declaraciones orientadas a destacar que la celebración de la Misa Tradicional es solo una concesión del Santo Padre, que Roma no puede forzar a los obispos en materia litúrgica, que debe haber paz entre los ritos (ritos litúrgicos).
Todo esto lleva a la conclusión de que la Tradición permanece siendo una excepción en la Iglesia y que la ley general y universal que deberá permanecer es la de la nueva Misa y las reformas posconciliares. El estado actual de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP) es una de las mejores formas de ilustrar los frutos de la Comisión Ecclesia Dei bajo la administración del Card. Castrillón Hoyos. La FSSP fue decapitada por la expulsión del P. Bisig, quien trató de mantener su fraternidad exclusivamente en la línea de la antigua Misa. La FSSP es ahora conducida por una minoría dispuesta a comprometerse en cualquier componenda litúrgica y pierde credibilidad día a día. Y esto porque no ha fijado una posición clara respecto a la actual crisis de la Iglesia, y parece no tener la posibilidad de hacerlo. Hay una probabilidad enorme de que sus miembros se dividan entre sí.

The Latin Mass: ¿Cuál cree Ud. es la percepción actual del Vaticano respecto a la FSSPX?

Mons. Bernard Fellay: "Desobediente, arrogante, estrecha de mente, si no acaso extremista": muy probablemente la jerarquía del Vaticano considere que este tipo de conducta, que se nos atribuye, es la causa de nuestros problemas con Roma. Ciertamente somos considerados una fuente de perturbación, a pesar del hecho de que ciertos aspectos buenos y buenos frutos de nuestro trabajo nos han sido reconocidos por esas mismas autoridades.
En verdad es muy difícil saber lo que Roma piensa realmente de nosotros, porque Roma misma está dividida. Ud. mismo puede encontrar afirmaciones oficiales contradictorias sobre nosotros.
Esta situación confusa es otra razón para evitar correr precipitadamente hacia cualquier tipo de acuerdo diplomático ambiguo, en el cual alguna o todas las partes tengan incertidumbres en lo que respecta a dónde están parados.

The Latin Mass: ¿La Fraternidad se considera en cisma?

Mons. Bernard Fellay: Le puedo confirmar que a pesar de que algunas declaraciones oficiales del Vaticano puedan, por su redacción, conducir a la conclusión de que somos cismáticos, en nuestras conversaciones con el Card. Castrillón Hoyos él ha dicho que no somos ni cismáticos ni heréticos, y que todo el asunto es una cuestión de regularización de la situación canónica. Hay varios argumentos de gran importancia para sostener esto. En la práctica, Roma nunca nos ha tratado como a verdaderos cismáticos. Por ejemplo, cuando un católico que ha dejado la Iglesia y ha recibido la ordenación sacerdotal fuera de la Iglesia retorna a ella, las autoridades de la Iglesia no permiten que este sacerdote ejerza en la Iglesia Católica, en virtud de las órdenes recibidas fuera de la Iglesia. Pero cuando alguno de nuestros sacerdotes nos deja y recurre a Roma, Roma los recibe y les permite ejercer su sacerdocio plenamente.
Cuando Campos fue regularizado, no se habló una sola palabra de cisma en ninguno de los documentos oficiales, y por años Campos estuvo en la misma situación que nosotros estamos todavía. Nunca recibimos ninguna invitación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos; nunca se nos propuso diálogo ecuménico. Recientemente un prelado católico nos visitó. Y se sorprendió tanto cuando oyó que nuestra congregación reza por el Papa durante la bendición con el Santísimo, que nos dijo: "de hecho parece que Uds. rezan por el Papa más que los Romanos".

The Latin Mass: Después de cuatro años de diálogo no han alcanzado todavía un acuerdo con la Santa Sede. Sabemos que la posición de la FSSPX es que antes de que se llegue hablar de ningún "acuerdo", es necesaro que la Misa tradicional sea "liberada": específicamente, que a cada sacerdote que lo desea le sea acordada la libertad de rezar la Misa de San Pío V. Al momento la idea no parece viable. Por lo tanto, ¿cerrará la FSSPX la puerta a cualquier conversación con la Santa Sede en el futuro o sugerirá alguna otra propuesta?

Mons. Bernard Fellay: Ante todo quisiera decir que la libertad para la Misa no es una hipótesis imposible. Lo imposible sería pedirles a todos los sacerdotes de la Iglesia Católica que celebren la Misa Tridentina mañana. Pero dejarlo abierto, simplemente reconocer que el rito nunca se ha perdido, no es imposible; es un simple requerimiento de justicia. Podríamos pedir más, pero no lo hacemos. Ciertamente esperamos que tal libertad genere un crecimiento del movimiento de retorno hacia la Misa Tridentina y hacia la Tradición.
Más tarde, incluso requeriremos a Roma que sostenga el antiguo rito contra el nuevo. Quizás deberíamos hacerlo ahora, pero entonces seríamos acusados de pedir algo imposible. Ahora bien, si Roma dice que no puede, ¿seguiremos dialogando o suspenderemos toda relación? ¿Debemos buscar otras soluciones?
Lo que debe ser comprendido aquí es que toda la situación que afrontamos no es solo una cuestión de Misa; hay mucho más en juego. Y todas las otras propuestas que podríamos acercar tenderían siempre a ayudar a salir de esta crisis devastadora. No estamos introduciendo una falsa dialéctica; la realidad de la Iglesia hoy es una lucha de vida o muerte. Algún día deberemos decirle a Roma "Deben elegir entre guardar la Tradición o morir". Yo pienso que la historia demostrará esto por sí misma... en verdad, ya lo ha hecho.
Prefiero decir que nosotros no somos el problema; más bien somos la señal de que hay un problema. Por un segundo olvídense de la FSSPX; supongamos que no existe. Dígame si las cosas van mejor en la Iglesia... Estamos en medio de una batalla enorme, y esta batalla define si ha de conservarse o no la Fe Católica y todo lo que ella implica. Por lo tanto, el propósito de nuestras discusiones, de nuestros esfuerzos siempre será tratar de hallar un camino para fortalecer las fuerzas del bien y debilitar las del mal que paralizan la vida sobrenatural de la Iglesia. Al decir esto no pretendemos tomar el lugar de otro; pero así como deseamos permanecer en nuestro lugar, tampoco nos está prohibido recordar al jefe sus deberes. Dicho esto, no creo que veamos ningún progreso significativo hacia una reconciliación en tanto no veamos una voluntad clara y bien determinada de parte de la cabeza de la Iglesia de poner fin a esta crisis. Finalmente, lo que pedimos son simples expresiones claras de esta voluntad.

The Latin Mass: ¿Ve Ud. una voluntad clara de suprimir los abusos litúrgicos en el documento reciente del Vaticano sobre la Sagrada Eucaristía?

Mons. Bernard Fellay: Aplicar la mitad del remedio necesario a una persona enferma nunca la curará completamente. Medidas a medias no son suficientes. Una vez más, estamos en medio de una batalla de vida o muerte. Ese documento es un documento temeroso... temeroso de ofender la sensibilidad de los progresistas y no está acompañado por una voluntad firme de ver que las medidas que se han promulgado, se respeten. El resultado es una nueva pérdida de autoridad de la Curia Romana. A nadie le importa. Es la penosa realidad. ¿Y a quién van a castigar? Los norteamericanos dicen que la Instrucción es sólo para los europeos. En Europa, los franceses dicen: todo está muy bien aquí; los belgas: nada nuevo; los suizos: estas leyes son universales y a nosotros nos intereresan solo las particulares, de modo que vamos a seguir igual. ¡Por favor!, no digo que el Vaticano no hace nada. Simplemente trato de ver los frutos reales, y no los veo.

The Latin Mass: ¿Cómo responde a los que dicen que todo lo que Ud. hace es criticar y que no reconoce nada bueno en Roma?

Mons. Bernard. Fellay: Muchas de nuestras declaraciones pueden conducir a esa conclusión, que nosotros nunca estamos contentos con nada, que no reconocemos nada bueno en Roma. Pero no es verdad. Entendemos que la situación en la cual Roma se encuentra es muy sensible, delicada y difícil. El peligro de una división dentro de la Iglesia es enorme y terriblemente real, y no estamos hablando aquí de nosotros sino de las fuerzas progresistas. De hecho, es más que un peligro. Es ya una realidad. Quince años atrás, el Card. Gagnon hablaba ya de un cisma material en Norteamérica y la voluntad de Roma de evitar que este cisma se convirtiera en formal. Los resquebrajamientos están en todas partes y lo que permanece de la unidad de la Iglesia se apoya cada vez más en elementos superficiales. Aquello que debería ser la fuerza de la unidad ha sido completamente liquidado.
Mire la unidad de la Fe, la unidad del Magisterio. Vaya de una iglesia a otra, de una diócesis a otra, de un país a otro y escuche los sermones, las homilías, mire el catecismo que se enseña y dígame ¿donde está la unidad? Nos preguntamos cómo podría resolverse esta situación sin la sangre de los mártires. Y si la Iglesia se recobra sin ella, será uno de los milagros más grandes de la historia. Estoy seguro de que muchos entre los miembros de la autoridad romana tienen plena conciencia de esta situación y tratan de hacer lo que está a su alcance. Esperaríamos, sin embargo, que los principios de acción y los medios usados estuviesen más arraigados en lo sobrenatural; precisamente, la reintroducción de la Misa Tridentina implica esa dimensión sobrenatural. Hay, por cierto, muchas otras acciones prácticas que realizar.

The Latin Mass: Si le fuese posible aconsejar a la jerarquía del Vaticano, ¿qué consejo le daría respecto a las medidas más urgentes que necesitan ser tomadas para conjurar esta crisis de la Iglesia?

Mons. Bernard Fellay: En primer lugar, la Iglesia Católica es esencialmente sobrenatural y no humana -si bien lo humano tiene una gran importancia- y así, esta visión sobrenatural de la cosas necesita ser restaurada. Es una cuestión de aplicar la fe a las situaciones concretas; es contar con la ayuda de Dios para resolver tan enormes problemas. A tal nivel, la consagración requerida por Nuestra Señora sería de gran importancia. El cuidado de la Sagrada Liturgia, en especial la Misa habría que ponerlo también en este nivel. El Sacrificio de la Misa es el corazón de la religión, la fuente de toda la vida sobrenatural de la Iglesia y las almas. La conservación y la transmisión de la Fe Católica son de importancia capital. Este punto es de la mayor urgencia en el orden práctico. Implica también la renovación y el cuidado por la formación de los futuros sacerdotes; de allí que se deba prestar mucha atención a los seminarios, a las universidades y también a la instrucción catequética y homilética. Obviamente, en el nivel práctico, la elección de las personas adecuadas -en estos niveles- para implementar tales reformas también tiene una importancia capital.

The Latin Mass: ¿Está realmente convencido de que existen figuras en el Vaticano, a pesar de la furiosa hostilidad de los progresistas, que están haciendo esfuerzos genuinos para conjurar la grave crisis de la Iglesia?

Mons. Bernard Fellay: Sí, yo lo creo de todo corazón y realmente pienso que hay un cierto grupo de gente que está peleando y ciertamente sufriendo en la medida que tratan de salvar algo de esta debacle. Mi impresión, sin embargo, es que hay demasiado temor a los progresistas y falta coraje para defender la Tradición. Para redondear la idea, nuestra convicción de que la crisis es primera y principalmente causada por el Concilio y sus reformas posconciliares, creo, no es compartida en el Vaticano. Lo que para nosotros es un hecho evidente, sigue siendo considerado como una idea destemplada e insultante. Le doy un ejemplo: no me cabe duda de que quienes tratan con nosotros en el Vaticano en aras de llegar a un acuerdo son personas que de buena voluntad. Nos piden que declaremos que la nueva Misa es válida, que el Concilio es un concilio verdadero de la Iglesia Católica, etc. Estas declaraciones no son erróneas en sí mismas; pero son terriblemente engañosas. Imagine una sopa que tiene una gota de veneno. Nos negamos a comerla. Roma insiste y nos dice: hagamos las paces, pero Uds. deben al menos reconocer que esto es una sopa. Nosotros sabemos que es una sopa, pero no nos interesa porque está envenenada.
Y si reconociésemos que es una sopa, se podría sacar la conclusión mañana de que -no obstante el veneno- debemos comerla; y eso es precisamente lo que no queremos hacer. No queremos ningún compromiso engañoso. No nos importa lo que los progresistas piensen de nosotros. Queremos servir a Dios y ser fieles a la fe de nuestro bautismo. Queremos obedecer a la Iglesia pero, por supuesto, con una obediencia verdadera que nos lleve al cielo y no al infierno.

The Latin Mass: Excelencia, dado que Ud. viaja mucho por todo el mundo tiene una perspectiva privilegiada de la situación de la Iglesia. ¿Encuentra algún movimiento hacia la Tradición, y si es así, en qué países?

Mons. Bernard Fellay: Estos últimos años he sido testigo de un movimiento creciente hacia la Tradición. Incluso nos sorprende su alcance, que involucra especialmente jóvenes sacerdotes y seminaristas. En los últimos años muchos sacerdotes de muchos países se han acercado a nosotros e incluso nos han expresado su deseo de aprender a celebrar la antigua Misa, con o sin el permiso de sus Ordinarios. Más recientemente hemos visto a varios obispos inclinarse prudentemente hacia la misma actitud en favor de la Tradición de la Iglesia Católica. Veo este movimiento de regreso en todo el mundo. Por cierto que en algunos países tiene una fuerza mayor que otros, pero no es fácil establecer una constante en esto. Puedo mencionarle a los Estados Unidos en especial, aunque Italia podría darnos una gran sorpresa en el futuro cercano, lo mismo que los países africanos, donde la expectativa por la Tradición es grande.

The Latin Mass: ¿Cuáles son sus expectativas en lo concerniente al Sínodo de Obispos del próximo año dedicado al tema de la Eucaristía?

Mons. Bernard Fellay: En tanto se recurra a los medios correctos, en tanto los corazones de los fieles y del clero se dirijan nuevamente a aquello que es el corazón de la Iglesia y debería ser el corazón de la vida de cada católico, el Sínodo podría ser el comienzo de una verdadera renovación en la Iglesia Católica. Pero nuevamente, no creo que esto sea posible sin una tremenda y dramática lucha espiritual. Las fuerzas de la muerte están actuando. No dudo en decir que estamos en medio de una batalla apocalíptica. Recemos pues, y recemos mucho.

The Latin Mass: ¿Qué pensamientos le inspira el film de Mel Gibson "La Pasión de Cristo" y su potential para conmover a las almas?

Mons. Bernard Fellay: Nunca hemos visto una contradicción más evidente en la Iglesia Católica, en especial entre los obispos, que en lo que respecta a sus comentarios a favor o en contra del film de Mel Gibson. Esta profunda oposición revela mucho sobre tópicos de la mayor importancia. La cuestión del film en sí misma es indiferente, y en tanto católicos debemos juzgarlo primero contemplando sus frutos. No hay duda de que en la actual situación del mundo y de la Iglesia este film ha de ser colocado entre los más poderosos medios de apostolado. Pero, en tanto film, sus efectos permanecerán solo temporariamente. Será trabajo del sacerdote sacar el provecho de la situación creada por el film y conducir a las almas a situaciones más profundas y estables por medio del catecismo, los sacramentos y todos los medios usuales de la Iglesia lo que preservará el estado de gracia en esas almas. La película es un gran medio sobrenatural de conversión, una enorme gracia de Dios por la intensidad con que recuerda a este pobre mundo la existencia de Dios, el pecado, el castigo del pecado que es la muerte y el infierno; la existencia de un Redentor, de un sacrificio del Redentor para nuestra salvación; de la cooperación de las creaturas y en especial de la Ssma. Virgen María en este trabajo de la Redención. La violencia en ciertas escenas del film puede ser impactante. Pero, ¿acaso no se necesita ese tipo de impacto para permitir que estas verdades penetren en el alma del hombre moderno? Mis más profundas felicitaciones a Mel Gibson por su obra maestra y por su coraje.

The Latin Mass: ¿Cuál es la situación en sus seminarios, en particular en lo concerniente a las ordenaciones de nuevos sacerdotes?

Mons. Bernard Fellay: Esta cuestión pordría ocupar toda una entrevista o una conferencia por sí misma. Entre nuestros seis seminarios, Australia ocupará el primer lugar por sus frutos en cuanto al número de sacerdotes el año entrante, lo cual es un signo de alegría para los países de misión en los que trabaja la Fraternidad. Este y el próximo año serán muy pobres en el número de nuevos sacerdotes; apenas sumaremos 20. Pero la situación es temporaria y el número de postulantes que llegan es estable; cada año se acercan entre 50 y 60 vocaciones. Ciertamente necesitamos muchas más, y apenas si podemos cubrir las necesidades de todos los fieles que nos reclaman ayuda en todo el mundo. Si tuviésemos hoy mismo 150 sacerdotes más podríamos asignarles "techo y trabajo" inmediatamente.
Agradecemos al P. James McLucas, director de Latin Mass la autorización para reproducir esta entrevista. Traducción al castellano de Panorama Católico.

Dirección de The latin Mass: http://www.latinmass.org/


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