ENTREVISTA
A MONSEÑOR FELLAY POR DICI.
Entrevista
a Monseñor Bernard Fellay, Superior General de la FSSPX. Conjuntamente
con la difusión pública del documento de la FSSPX dirigido
el 6 de enero a los Cardenales, el Superior General de la congregación,
el suizo Mons. Bernard Fellay responde en una entrevista publicada
por DICI a los interrogantes que la mayoría de quienes hemos
seguido estos contactos en los dos últimos años nos
estamos formulando.
¿Por qué no se pudo concretar un acuerdo? ¿La
ruptura es definitiva?
DICI:
Excelencia, ¿cuál ha sido su intención al dirigir
este documento sobre el ecumenismo a todos los cardenales?
Mons.
Fellay: La lucha por la Tradición en la que hemos
estado empeñados, siguiendo el ejemplo de Mons. Lefebvre, por
más de 30 años, necesariamente exige la crítica
de los errores que yacen en el origen de la presente crisis. Este
trabajo de crítica teológica fue comenzado por nuestro
fundador mismo, y no ha cesado nunca hasta la actualidad. Inclusive,
podríamos decir que es más necesario hoy, cuando vemos
que esos errores producen más y más frutos venenosos.
Bajo esta consigna hemos comenzado los trabajos del 2do. Simposio
de Teología en París en octubre de 2003 y el 6to. Congreso
de SI SI, NO NO en Roma, en enero último; lo mismo que el libro
"El Problema de la Reforma Litúrgica" y tantos otros
artículos publicados en nuestras revistas y boletines.
Es
en esta misma línea que fue escrita la denuncia del ecumenismo
que hemos enviado a todos los cardenales. Como escribí en la
última "Carta a los Amigos y Bienhechores", este
ecumenismo, bajo la influencia del Card. Kasper, está experimentando
un desarrollo que lo aproxima a un movimiento de disolución.
Y debemos reconocer que estos avances ecuménicos están
respaldados por documentos que el Papa ha firmado.
DICI:
¿Fue oportuna la publicación de este documento cuando
se habla de posibles acuerdo entre Roma y Econe?
Mons.
Fellay: Es verdad que desde el año 2000, bajo el impulso
del Card. Castrillon Hoyos, Roma ha manifestado un cambio de actitud
respecto a la Tradición. Pero, seamos francos, es tan solo
un cambio de actitud en el orden práctico, manifestado a través
de entrevistas e intercambios de correo; debemos destacar que no constituye
un cambio en absoluto en lo concerniente al sostenimiento de los errores
posconciliares. Y de hecho, las discusiones con Roma han permanecido
congeladas desde que pura y simplemente se nos negó la solicitud
de libertad para la Misa Tradicional, una libertad que debemos considerar
prerrequisito indispensable para cualquier discusión.
Lo
que pueda traer orden dentro de la Iglesia no es una suerte de "bricolage
canónico". Y con este documento deseamos recordar la necesidad
de un debate sobre la raíz del problema. Por eso, lejos de
ser inoportuno, nuestro mensaje a los cardenales apunta a recordarles
oportunamente que este debate es doctrinal.
DICI:
¿No considera, sin embargo, que es urgente, a pesar de esto,
llegar a un acuerdo con este papa, porque Ud. no sabe lo que el sucesor
le deparará?
Mons.
Fellay: Es cierto que para el Santo Padre se aproxima el
día del juicio, y deberá allí dar cuenta de su
pontificado. Es una obra de caridad intentar ayudarlo a evaluar estos
sus 25 años de pontificado ante los ojos de Dios. Porque los
hechos están allí de un modo evidente: Juan Pablo II,
al fin de su pontificado, ve por sí mismo el estado de apostasia
silenciosa en el que Europa está sumida hoy. Y apoyándonos
en la doctrina tradicional, intentamos denodadamente mostrar que esta
situación ha sido causada por 25 años de ecumenismo.
Por
supuesto, estamos convencidos de que el retorno de la Iglesia a su
Tradición ocurrirá sólo bajo la autoridad del
Vicario de Cristo. Pero ¿cuándo? No lo sabemos. Lo único
que sabemos es que la Iglesia ha recibido promesas de vida eterna.
DICI:
No obstante, ¿no es acaso un signo de endurecimiento por parte
de la FSSPX? ¿Incluso de deseo de cesar toda discusión
con Roma?
Mons.
Fellay: Por el contrario. Deseamos esta discusión,
pero, nuevamente insisto, en el plano doctrinal. Es imposible realizar
un debate serio si ignoramos la raíz del problema. Aunque sea
solo para aclarar el sentido de las palabras que usamos, y así
estar seguros de que, más allá de las palabras, acordamos
sobre las mismas realidades.
No
deseamos este "consenso difirenciado", en el entramado de
una "unidad en la pluralidad", en nombre del cual el Card.
Kasper está discutiendo con los protestantes. Esta expresión
ambigua, esta verdadera contradicción en los términos
muestra de un modo evidente que al ecumenismo conciliar no le importan
las exigencias doctrinales, e incluso, hasta desconoce las exigencias
de una mera lógica.
¿Qué
opinaría Ud. de un acuerdo basado en el reconocimiento de un
"consenso diferenciado" o de "diferencias consensuadas"?
DICI:
El tono del documento puede sonar muy severo.
Mons.
Fellay: Es ciertamente austero, porque los probemas teológicos
producidos por el ecumenismo exigen una exposición rigurosa,
no meras aproximaciones. Pero la carta que acompaña este documento
indica con toda claridad el sentido de nuestro esfuerzo: es una apelación
respetuosa al Papa y a los cardenales para que devuelvan a la Iglesia
su Tradición, que ha sido cuestionada e incluso atacada desde
el Vaticano II.
DICI:
¿Realmente cree Ud. que la solución a la crisis actual
es puramente de nivel doctrinal? ¿Descarta a priori un acercamiento
más diplomático o pragmático?
Mons.
Fellay: En mi modo de ver el problema, ser pragmático,
o en todo caso realista, consiste en darle bases sólidas a
la discusión. Y lo queramos o no, esas bases son doctrinales.
El pragmatismo no es sinónimo de "la política del
avestruz". Esta ceguera voluntaria sobre la raíz del problema
solo puede conducir a un diálogo de sordos, o inclusive a ser
estafados.
Las
mismas dramáticas realidades se imponen sobre cada uno, tanto
sobre el Papa como sobre nosotros. Estamos en un estado de apostasía
silenciosa. Solo podemos salir de allí recurriendo a la Tradición
de la Iglesia. La respuesta a la apostasía silenciosa debe
hacerse oír con una voz fuerte y clara. Ante la extensión
del mal, no podemos contentarnos con medidas a medias, ineficaces,
que finalmente terminan siendo cómplices del mal que meramente,
atemperan sin querer nunca erradicar.