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| Queridos amigos y benefactores, Mucho nos agrada poder comunicaros de tanto en tanto nuestras alegrías cada día que pasa. Sepamos agradecer a Dios Todopoderoso, estemos henchidos de reconocimiento por los favores que nos obtiene la intercesión del Corazón Inmaculado de María. La vida de la Fraternidad, nos atrevemos a decir, es, realmente, un milagro permanente. Es a través de ese milagro que se expresa la voluntad de Dios en nuestra historia cotidiana, la intervención de Nuestra Señora, de los santos ángeles, de todo ese mundo que nos rodea y que quiere nuestro bien: nuestros amigos del Cielo que no vemos y en los cuales pensamos, desgraciadamente, tan poco y que están sin embargo tan próximos, tan listos para ayudarnos y con tanta eficacia. Son muy reales, forman parte de nuestra historia y su ayuda, a veces tangible, nos fuerza a aceptar esa maravillosa realidad de la comunión de los santos. Cuando nos acaece de comparar nuestras propias fuerzas y el resultado de nuestros esfuerzos, estamos realmente obligados a confesar que el resultado no depende nosotros. Tantos nuevos edificios, tantas capillas por doquier, en Filipinas, en India, en América del Sur, del Norte, en Europa, en Europa del Este, son también el signo de una impresionante vitalidad de la gracia. La experiencia nos ha enseñado que incluso la oposición del clero con la que tropezamos de manera tan fuerte en las regiones donde estamos instalados desde hace relativamente poco tiempo, es útil para la buena causa. "Todo coopera para el bien de aquellos que Dios ama." Pero también querríamos compartir con
vosotros algunas preocupaciones y algunas penas. Esa censura, la más grave que existe en el derecho oriental, fue lanzada sin proceso previo. Después de que el Padre Wasil apelase a Roma, el cardenal comenzó a ajustarse a las disposiciones canónicas. Para él todo consistía en completar el vacío jurídico con el que se justificaba la sentencia ya hecha y aplicada. Nihil nove sub sole. Evidentemente, las autoridades eclesiásticas tratan también de recuperar las iglesias, incluso las que fueron construidas por el Padre Wasil. Es, por cierto, un golpe muy duro y vuestras plegarias los sostendrán en ese combate que es para ellos inédito. Hasta aquí, tuvieron que defender su fe contra un enemigo terrible, el comunismo ateo; ahora, son sus propios pastores quienes los atacan. Por ahora, los sacerdotes resisten bien y los fieles están de su lado. Pero, cada vez que algo así ocurre, hay almas que se desestabilizan; algunas, hastiadas, abandonan todo... es una historia conocida. ¿Y del lado de Roma? Comencemos por Fátima. El año pasado
fue anunciada la construcción de un edificio con destino pluri-religioso. El obispo y el rector fueron luego revestidos con un chal de plegaria hindú... linda cosa. ¡Qué provocación contra el cristianismo! ¡Hablemos entonces de un acuerdo! Tanto como la autoridades romanas permitan hacer semejantes abominaciones, o peor, las apoyen, se alejan de todo acuerdo posible con la tradición. Nunca nos plegaremos ante tales afrentas hechas a nuestra Madre celestial, a la Madre de Dios. A veces nos preguntamos si no es sólo la fe lo que se ha perdido, sino también el sentido común. Deus non irridetur. No hay que burlarse de Dios. Actos tales piden reparación y nosotros pensamos seriamente en invitaros, el año próximo, a hacer en Fátima un acto solemne de protesta. En lo que respecta, directamente, a Roma: Roma insiste para que aceptemos la propuesta de una "jurisdicción personal". El problema no está en la fórmula jurídica que nos parece, en principio, aceptable, aunque no conozcamos los elementos concretos y las implicaciones de semejante "fórmula jurídica". El problema se encuentra, hoy como siempre, en el plano de la doctrina, del espíritu cristiano que se halla o no -esa es toda la cuestión- en textos ambiguos y en reformas desastrosas para el bien sobrenatural de los fieles. Por cierto, que hay cada vez más simpatía
hacia nosotros en algunos obispos y también en Roma. Nos parece
que estamos avanzando, que la Tradición hace progresos en el
mundo católico. Pero ello no es todavía suficiente.
Hace poco pedimos oficialmente que fuese retirado el decreto de excomunión,
como un primer paso concreto de la parte de Roma. Eso cambiaría
el clima y podríamos ver con más claridad como las cosas
se desarrollan. Una cosa es segura: no queremos encontrarnos en la
situación en que se pusieron la Fraternidad San Pedro y la
mayoría de los grupos Ecclesia Dei. Se encuentran maniatados,
lo único que se les permite es la celebración de la
Misa tridentina. La mayor parte del tiempo se hallan en medio de situaciones
realmente odiosas. El cardenal Castrillón Hoyos tiene perfectamente
razón en reclamar para los tradicionalistas un estatuto que
no sea el de un ciudadano de segunda. Son muchos, pues, los pedidos de oración, queridos benefactores. Sabed que es profundo nuestro reconocimiento por todos vuestros sacrificios, tan preciosos, tan agradables a Dios, y que nos ayudan poderosamente en nuestro apostolado. Que Dios os lo devuelva con creces, que el Sagrado Corazón de Jesús os bendiga y que su Madre Santísima os proteja, tanto a vosotros como a vuestras familias. Este 18 de junio de 2004 En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús
Superior General Traduction
grâcieusement effectuée par Miguel F-A |