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| Queridos
amigos y benefactores:
La alegría y el orgullo se leían en todos los rostros aquel 10 de octubre en el atrio de la iglesia del Seminario de Ecône. Sí: por fin la cuna de nuestra Fraternidad posee lo que Monseñor Lefebvre le deseaba desde el principio, el elemento central del seminario donde van formándose los futuros sacerdotes, una iglesia, una auténtica, y en piedra del país. Luego de veinte años de provisoriedad, veinte años de tentativas, trámites y molestias administrativas, se elevan —en medio de las viñas— una iglesia y un campanario, un dedo de Dios que lanza sus miradas hacia las realidades eternas y alegra los corazones con la voz repicante de sus cuatro campanas. El nuevo templo de Dios abriga cómodamente 400 fieles, y su crucero 140 seminaristas. Si del lado de los fieles no resulta difícil llenar la nave, sin embargo, en la parte de los seminaristas se encuentran varios bancos todavía vacíos, esperando a esos futuros candidatos al sacerdocio que conseguirán ustedes, queridos fieles, por sus apremiantes oraciones. ¡Este otoño contamos con veintiún nuevos seminaristas en Flavigny, diez en Zaitzkofen, siete en Winona! Cada vocación se compra a golpes de sacrificios y de oración, ¡no lo olvidemos! ¡Y redoblemos nuestro ardor para implorar ese maná del Soberano Sacerdote! Que la juventud se atreva a responder al llamado, que los corazones se dejen conmover, encender, por el celo del Señor: "Tengo piedad de esa muchedumbre" que no tiene nada más para comer... Los diecisiete jóvenes sacerdotes ordenados este año han sido enviados a los cuatro rincones de la Tierra, se han reunido con sus mayores, que no bastan para la tarea. El Seminario de Argentina nos dará cuatro sacerdotes más en diciembre, lo que llevará el número de nuestros sacerdotes a más de 370. Aunque deseando más, estamos muy felices al ver el bien que Dios hace por medio de nuestras manos sacerdotales, y los golpes que tratan de darnos lo confirman. Su misericordia, sus gracias, se difunden para fortalecer en la virtud, sostener en la pena, animar en los combates de la vida, como lo dice Job. Las familias cristianas florecen de nuevo, una nueva juventud demanda un cuidado aun más atento de nuestras escuelas, en donde invertimos mucha energía, y así lentamente un tejido de fe se regenera en la sociedad. ¡Una tal renovación de vida social cristiana, aun embrionaria, es sin duda para inquietar a los que llaman al combate contra el retorno del orden moral! Sí, los que esperan construir la ciudad sin Dios vociferan cada vez más descaradamente: los proyectos de institucionalizar una cohabitación contra natura van bien en este sentido. "... si los males y los ataques de los malos van multiplicándose, el celo de todos los hombres de bien debe igualmente aumentar". Esa advertencia de Pío XII (Encíclica Ingruentium malorum, del 19 de septiembre 1951, n° 307) nos invita a la acción, una acción multiforme, pero principalmente la que nos propone la Iglesia. "No dudaremos en repetirlo: ponemos una gran esperanza en el Rosario para la curación de los males que afligen a nuestra época. No es con la fuerza, ni con las armas, ni con el poder humano, sino con la ayuda divina obtenida por esta oración que la Iglesia, fuerte como David con su honda, podrá enfrentar, intrépida, al enemigo infernal..." (Pío XII, idem, n° 306). En la misma carta, hablando de la familia, el Soberano Pontífice agregaba: "Pero es sobre todo en el seno de las familias que deseamos que la práctica del Rosario sea difundida, religiosamente conservada y sin cesar desarrollada. Es en vano que uno se esfuerce en detener la decadencia de la civilización si no se reconduce a la familia —principio y fundamento de la sociedad— a la fe del evangelio. Queremos declararlo: el rezo del Rosario en familia es un medio de los más eficaces para realizar una empresa tan difícil (Op. cit. n° 304). Podríamos multiplicar hasta la saciedad las citas de los Papas que recomiendan —y aun ordenan— el rezo del Rosario a causa de los tiempos difíciles que atraviesan la santa Iglesia y la sociedad. Ellas confirman los llamados de Nuestra Señora misma, que insistía en La Salette, en Lourdes, en Fátima: "Recen el Rosario". El Corazón de nuestra Madre del cielo nos pide y nos brinda esta protección. ¿Vamos a permanecer sordos? Nos parece oportuno recordar estas indicaciones, tanto del cielo como de la tierra: la situación del mundo y de la Iglesia es incomparablemente peor que antes. No hay lugar para la ilusión, aun si en la mayoría de los países del globo se goza actualmente de una aparente tranquilidad. Tanto a nivel de las ideas, de los principios que gobiernan la sociedad actual, como a nivel de las costumbres que se afianzan en la vida de todos los días, la destrucción del cristianismo avanza a grandes pasos. La actitud confusa o de compromiso de numerosos guardianes de la fe y de las costumbres, la reconciliación de la Iglesia con el mundo, no hacen más que acelerar el movimiento. En este mes de octubre, mes del Rosario, que nos recuerda las preocupaciones de la Iglesia ante una situación que desde hace ya más de cien años no hace más que agravarse, los invitamos encarecidamente a la oración. Que en todas las familias se rece el Rosario, y si eso ya se hace, que se lo rece mejor aun, poniendo toda su atención y todo su corazón en la meditación de los misterios de la vida de Nuestro Señor y Nuestra Señora. Aun más: lanzamos una nueva cruzada del Rosario. Rezar el Rosario y vivir en consecuencia, en la imitación de las virtudes contempladas. Una cruzada del Rosario para la sociedad cristiana en peligro, para la familia cristiana, para la Iglesia. ¡Que la capa de plomo neo-modernista que asfixia a nuestra Madre sea arrancada, que el Santo Sacrificio vuelva a encontrar sus derechos, los sacerdotes su identidad y su ideal de santidad para el bien de todos, que la gracia nuevamente derramada abundantemente haga reflorecer el hermoso rostro de la Iglesia! Estamos íntimamente persuadidos que nuestra buena Madre del cielo, tan atenta a nuestras necesidades, a los peligros que nos amenazan, se dejará conmover y que su todopoderosa intercesión obtendrá de su divino Hijo las gracias de protección, de ánimo, de fuerza, de conservación de la fe, el ardor de una caridad que nada puede apagar hasta el triunfo completo de Nuestro Rey y Señor Jesucristo, por el Corazón Inmaculado de María. Menzingen, el 7 de octubre de 1998 En la festividad de Nuestra Señora del Rosario † Bernard Fellay Superior General Volver al índice STAT VERITAS |