Carta a los amigos y benefactores N°50

Queridos amigos y benefactores:

Hace ya casi 20 años Mons. Lefebvre— de cuyo fallecimiento conmemoramos hoy el 5º aniversario —escribió al cardenal Seper. Le exponía allí las razones de su actitud, «que es la de millares de católicos y numerosos sacerdotes entre los más fieles a la Iglesia católica y al Papado» (Carta del 13 de abril de 1978). Esas palabras son de una actualidad tal que no dudamos en citarlas largamente:

«El problema de fondo de nuestra perseverancia en la Tradición, a pesar de las órdenes dadas por Roma para abandonarla, es un problema de grave y profundo cambio en la relación de la Iglesia con el mundo.

Nuestro Señor, y la Iglesia a continuación, se han ubicado en relación al mundo de una manera muy precisa: hay que convertir y bautizar al mundo para someterlo al dulce reinado de Nuestro Señor Jesucristo. Es la sola y única vía de salvación: "Id y enseñad a todas las naciones...". Es claro. Hay que enviar apóstoles a todas las naciones a fin de que se hagan católicas y acepten el reino de Nuestro Señor.

Pero hay en ese mundo fuerzas enemigas de Nuestro Señor, de su reino. Satanás y todos los auxiliares de Satanás, conscientes o inconscientes, rechazan ese reino, esta vía de salvación, y combaten por la destrucción de la Iglesia. Así la Iglesia está comprometida con su divino fundador en un gigantesco combate: todos los medios han sido y son empleados por Satanás para triunfar.

Una de las últimas estratagemas, extremadamente eficaz, es anular el espíritu combativo de la Iglesia, persuadiéndolo de que no hay más enemigos, que hay que deponer las armas y entrar en un diálogo de paz y entendimiento.
Esta tregua falaz permitirá al enemigo penetrar fácilmente en todo lugar y corromper a las fuerzas adversarias.

Esta tregua es el ecumenismo liberal, instrumento diabólico de la auto-destrucción de la Iglesia. Este ecumenismo liberal exigirá la neutralización de las armas, que son la liturgia con el sacrificio de la Misa, los sacramentos, el breviario, las fiestas litúrgicas; la neutralización y el cese de los seminarios: no más combatientes puesto que no hay más combate. El ecumenismo en la enseñanza es la búsqueda teológica, es decir, los dogmas puestos en duda.

Es también el pluralismo aplicado a los Estados católicos, y entonces su supresión para hacerse Estados ecuménicos.

Es también el cese del combate en los monasterios y otras sociedades religiosas — que eran las vanguardias — y por eso mismo su sentencia de muerte.

A esta empresa diabólica inaugurada en el Concilio, especialmente por los documentos sobre "Las religiones no cristianas", "La Iglesia en el mundo", "La libertad religiosa", y continuada sin cesar desde el Concilio, oponemos un rechazo formal. No queremos hacernos ecumenistas liberales y así traicionar la causa del Reino de Nuestro Señor Jesucristo y la causa de la Iglesia: queremos permanecer católicos.

¿Quien es el instigador de ese falso ecumenismo en la Iglesia, cuál es el respon- sable o los responsables? Preferimos no saberlo. Dios lo sabe.

Pero se nos puede golpear con todos los interdictos y todas las censuras que se quiera: estamos decididos, con la gracia de Dios y la asistencia de la Virgen María, a permanecer en la fe católica y rechazamos colaborar en la destrucción de la Iglesia.

Pedimos una cosa muy simple y muy legítima: que se reconozca, a la que ha sido la Iglesia de siempre y la de nuestra infancia, el derecho de continuar. Es un derecho fundado sobre la Escritura, la Tradición, el magisterio de la Iglesia y toda la historia de la Iglesia».

Es impresionante ver, 20 años más tarde, la exactitud y precisión de estas líneas. Podemos hacerlas nuestras, agregando a la fuerza de nuestra adhesión la experiencia y la comprobación del desastre post-conciliar, así como las confesiones de los condenados de los años 50, que han triunfado 15 años más tarde.

La carta citada explica bien nuestra situación respecto de una Roma gobernada por la gigantesca utopía del ecumenismo, del pluralismo, de la inculturación, en una palabra, de la "apertura".

Y sin embargo la sabiduría plurisecular de nuestra Madre la Iglesia les dice con San Pío X: "Vosotros ensancháis las puertas para introducir a los que están afuera, y al mismo tiempo hacéis salir a los que están en el interior". ("Conducta de San Pío X en la lucha contra el modernismo" — Correo de Roma - París 1996, pág 34).

Detrás de la apertura, ¿no está ese extraño olvido de la existencia del enemigo de nuestras almas — tal como lo escribía Monseñor Lefebvre en las líneas más arriba citadas — como una voluntad de ignorar las actuales acciones subversivas y destructoras de los eternos enemigos de la Iglesia y de la sociedad, de ignorar también el estado de la naturaleza humana caída, herida profundamente por el pecado original y los pecados personales, y por eso inclinada en adelante hacia el mal? Como si el bien y la verdad, en estas circunstancias, fueran a triunfar por sí mismos como por encanto.

Los ejemplos abundan y corroboran nuestra aprensión. Por ejemplo: a las tentativas de infiltración de la Iglesia por los agentes comunistas (v.gr. los sacerdotes de la paz), suceden ahora, por propia confesión, las de los agentes de la Nueva Era (1).

Respecto del ecumenismo: ¿cuántas almas han vuelto al redil desde que la Iglesia se lanzó por ese camino? Cuando la noción misma de vuelta al redil es rechazada... (declaración de Balamand, en junio de 1993), las conferencias, las sonrisas no hacen más que confirmar a los extraviados en sus errores, en lugar de traerlos a la verdad. El ejemplo del Patriarca de Constantinopla concelebrando con el Papa, el 29 de junio de 1995, una "liturgia de la palabra", rezando el Credo sin Filioque, es impactante. Algunos meses más tarde, en Zurich, el mismo Patriarca se puso violento contra el papado, contra el primado de San Pedro.

En estos tiempos los sacrificios son una necesidad: conjuremos al Sagrado Corazón, imploremos al Corazón Inmaculado de María para que vengan en nuestra ayuda, que protejan a la Santa Iglesia católica romana contra tantos asaltos de adentro y de afuera.
Tendremos este año la alegría de ordenar 29 sacerdotes, los que serán repartidos un poco por todas partes en el mundo, sobre los cinco continentes. Pero ¿qué son 360 sacerdotes para una labor tan inmensa? #9;

Es cierto: en el misterio de la gracia la cantidad no tiene gran importancia, pero tantas y tantas almas hambrientas llamándonos cada año desde nuevos países cada vez más numerosos no nos dejan indiferentes, y es con el corazón oprimido que debemos hacerles esperar pacientemente en su agonía, en su asfixia espiritual.

Los contactos se multiplican en América Central, en Asia, en todos los países del Este sin que podamos dar otro alivio que alguna que otra visita, corta y pasajera.

Es verdad que nuevos prioratos han sido establecidos en Sri Lanka, en Guatemala. Este año la isla de Santo Domingo verá por fin realizadas las aspiraciones de más de 600 fieles, que han construido con sus manos la espaciosa iglesia y el priorato lindante, y que esperan desde hace varios años la presencia del sacerdote.

Mientras que la iglesia del seminario de Ecône surge de la tierra —sus paredes se levantan en la medida de vuestra generosidad, la cual les agradecemos de todo corazón —nuestros seminarios no se llenan tanto como lo desearíamos. Una pequeña cincuentena de jóvenes han venido a aumentar nuestra pequeña cohorte. Más que nunca confiamos a vuestras oraciones la Cruzada por las Vocaciones: se puede merecer esta gracia.

La gran mayoría de los nuevos sacerdotes irá, como los años precedentes, a reforzar a los países donde estamos establecidos desde hace más tiempo, en particular Francia y los Estados Unidos: el distrito de Francia contará con más de 100 sacerdotes, mientras que ese número se acercará a la cincuentena en los Estados Unidos.

Que el tiempo de la Pasión, que nos muestra un Cristo vencedor a través de sus sufrimientos y por su muerte en la Cruz, sea para nosotros una invitación urgente, tanto a la oración vigilante, a la acción generosa, como a la esperanza inquebrantable, la esperanza de aquéllos que saben que no serán confundidos pues esperan en el Todopoderoso.

«In te Domine speravi, non confundar in æternum»

Fiesta de la Anunciación

25 de marzo de 1996

† Bernard Fellay

Superior General


(1) Ver la excelente conferencia del Dr. Regina Hinrichs «Prisioneros de las redes de Acuario» («Gefangen im Netz des Wassermannes» - Weto, Meersburg). Conferencia en Fulda el 10.XI.95, reunión de Theologisches.


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