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| Queridos
amigos y benefactores:
Antes de darles algunas breves noticias sobre el desenvolvimiento de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X quisiéramos llamar a sus almas católicas a la vigilancia. La falsa paz en la cual vive la Iglesia hoy crea un clima de anestesia generalizada. El escándalo contra la fe vuelto cada vez más habitual ha dejado de ser chocante, y al mismo tiempo los enemigos pues es necesario llamarlos por su nombre asestan golpes terribles a nuestra santa madre la Iglesia: ultrajes, injurias, llueven sobre la amada de Jesús Nuestro Señor y por la cual Él ha derramado su sangre. La violencia se ha hecho principalmente espiritual, pero ella no es menos real y destructora de las almas al corromper su fe y manchar sus costumbres; diarios, radios y televisión destilan con mucha habilidad su veneno contra la Iglesia católica, contra el papado, contra el celibato sacerdotal, etc. ... Su agresividad ya no conoce límites. Los medios de comunicación aplauden, felicitan, ponen sobre un pedestal a todos aquellos de sus hijos que la traicionan: Drewermann, Duquesne, Gaillot, Kung, Boff... «Nuestro Señor está en agonía en su Iglesia... Está en agonía porque su Iglesia está obstaculizada, escarnecida, contrarrestada, combatida desde su interior en su oficio primordial de dispensadora de la Redención. No es que esté pronta a desaparecer, puesto que las puertas del infierno no prevalecerán, sino que sus propios hijos y entre sus hijos los jefes jerárquicos la maltratan con tanta villanía y maldad que Ella no avanza más que recayendo a cada paso, agotada y languideciente» (P. Calmel: «Breve apología para la Iglesia de siempre» - pág. 74 - Difralivre 1987). ¿Estas palabras son demasiado severas para describir la dura realidad? ¿Lo que presentía el P. Calmel hace ya 25 años no se cumple literalmente bajo nuestros propios ojos? «Si algún papa viniera bajo un aspecto de falso mesías... mezclaría, hasta el punto de confundirse, dos mensajes que se oponen en su misma esencia: por una parte, el mensaje de dominación prometeica del mundo, de conformidad con las Tres Tentaciones y sin tener en cuenta prácticamente la soberanía de Dios ni el pecado del hombre; y por otra parte, el mensaje de la fe cristiana que anuncia la Redención sólo por la Cruz del Señor Jesús. Por efecto de esta imbricación contra natura, el escándalo estaría sin duda cerca de alcanzar sus límites últimos, sería llevado a un punto de seducción extraordinariamente peligroso, aunque no sería lo suficientemente poderoso, a pesar de todo, para perder a los elegidos ni abolir la Iglesia». ¿No es lo que encontramos en la carta «Tertio millenio adveniente», que describe el programa de los cinco años próximos en preparación del año santo jubilar, el año 2000? En perfecta coherencia y conformidad con «Redemptor hominis» primera encíclica de Juan Pablo II y con todo su pontificado, se diseña la tentativa de sustituir la religión del Dios hecho hombre por la religión del hombre hecho Dios, tomando a Nuestro Señor el Hombre Dios como intermediario: una religión cuya preocupación es la comunión de los pueblos, pero sin conversión a Jesús crucificado y sin sumisión a la Iglesia fundada por Él. ¿Es eso el advenimiento que rematará el Adviento en el cual estaríamos hasta el año 2000? La mezcla entre la vida, los derechos y las exigencias del orden de la naturaleza creada y del orden sobrenatural se hace evidente en la reciente encíclica «Evangelium vitæ», donde son condenados (¡a Dios gracias!) aborto y eutanasia. El resultado: una inmensa confusión en el pueblo cristiano, la pérdida de la fe que se desvanece en el indiferentismo. Indiferentismo que no significa que los hombres consideren la religión o la cuestión religiosa con indiferencia sino que es indiferente pertenecer a tal o cual religión, pues todas indistintamente más o menos perfectamente tendrían los medios de conducir, y conducirían a la salvación. Eso es totalmente opuesto a la fe católica. Por ejemplo: la encíclica «Mortalium animos» de Pío XI, eco de la fe y de la disciplina milenaria de la Iglesia, dice: «La unión de los cristianos no puede ser procurada de otra manera que favoreciendo la vuelta de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, que han tenido antaño la desgracia de abandonar; única y verdadera Iglesia de Cristo que todos ciertamente conocen, y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual Él mismo la fundó para la salvación de todos los hombres». Pío XI no dice aquí otra cosa que lo expresado por el símbolo de San Atanasio, que empieza con estas palabras: «Quienquiera que quisiere ser salvo debe, ante todo, tener la fe católica; aquél que no la guarde íntegra y pura irá sin ninguna duda a la perdición eterna». Ahora bien, lo contrario se ha hecho hoy pensamiento corriente: el documento de Balamand (junio 1993) no suscitó prácticamente ninguna protesta de fondo. Regla las relaciones entre la Iglesia católica y los ortodoxos «excluyendo en el futuro todo proselitismo y toda voluntad de expansión de los católicos a expensas de la Iglesia ortodoxa» (nº 35), y eso en nombre «del rechazo de la premisa según la cual sólo una de nuestras Iglesias sería la única dueña de los medios de gracia, de manera tal que la conversión a esta Iglesia, dejando la otra, sea necesaria a la salvación» (Declaración de la Consulta ortodoxa-católico romana de los Estados Unidos - Documentation Catholique nº 2112, pág. 285). ¡Esta idea, extremadamente grave, no se refiere a los ortodoxos solamente, sino por lo menos a todas las confesiones protestantes, y aun a todas las religiones monoteístas, y quizá más! Este pensamiento aniquila totalmente a la Iglesia católica, destruye la fe, «fe sin la cual es imposible complacer a Dios (Heb. XI, 6) y ser salvo (Vat. I - Dei filius). Es cierto, «el falso mesianismo no prevalecerá ni contra la Iglesia ni contra el papado. Hasta el fin, la Iglesia fundada sobre Pedro guardará en su corazón y difundirá entre los hombres el único mesianismo verdadero: el de Jesucristo, mesianismo de la gracia, de la conversión y de las bienaventuranzas; mesianismo que reside en plenitud en el reino que no es de este mundo y que, desde allí, hace sentir su influencia sobre los reinos de este mundo, si al menos reciben la ley evangélica y se esfuerzan en cumplir su obra temporal en nombre del Rey del cielo» (P. Calmel, op. cit. pág. 72). Puesto que se nos anuncia la penitencia por los pecados de los hijos de la Iglesia, que Ella tendría que asumir, esforcémonos, mediante manifestaciones públicas conferencias, misas por mostrar toda la belleza de la Iglesia y de su historia, por defender su honor y el de sus santos. «¡Mi Madre, la Iglesia, sería un tirano! Voy a defenderla. Replico: al contrario de la Iglesia, que ha sido fundada sobre el apostolado y el martirio, las falsas religiones han sido introducidas por la violencia del poder enemigo y por la opresión de la conciencia católica de los pueblos... ¿Donde está la cuna de la Iglesia? En la sangre, ¡pero en la sangre de los mártires! ... ¿Donde está la cuna de la herejía? En la sangre, no en la sangre de sus confesores, sino en la sangre de sus opositores» (Rob.Mäder - Ich bleibe Katholisch - pág. 36 - Goldach 1975). Se encuentran algunas constantes en la historia, tales como los castigos de los pueblos que han ofendido «demasiado» a Dios. Preparémonos, fortes in fide. Los días son malos. «Mientras tengamos tiempo, hagamos el bien a todos, sobre todo a los que comparten nuestra fe» (Gál. VI, 18). Estamos muy agradecidos por su ayuda generosa, con la cual contamos siempre para realizar nuestros proyectos. 1. Después de veinte años de trámites administrativos y de espera, hemos recibido por fin la autorización para construir la iglesia del seminario de Ecône. Ella permitirá dar a Nuestro Señor el lugar de honor que merece, y a los seminaristas servirlo en un lugar más digno. De esta manera el seminario logrará su terminación, pues la capilla es el centro del seminario, el centro de la vida sacerdotal. Este proyecto tan importante no podrá, sin embargo, ver la luz sin vuestra gran generosidad. En vista del papel que ha jugado el seminario de Ecône (cuna de la Fraternidad) y que la iglesia resguardará la tumba de Monseñor Marcel Lefebvre, nuestro venerado fundador, nos atrevemos a pedir a todos los fieles del mundo entero colaboración para su edificación. ¿Nos atreveremos a considerar este acontecimiento como un presagio feliz de la «reconstrucción de la cristiandad»? Casi al mismo tiempo nuestro seminario de La Reja, que por el momento puede recibir una cincuentena de seminaristas, va a comenzar la construcción de su capilla. 2. Esperamos en los años próximos una media de veinticinco ordenaciones sacerdotales por año para el conjunto de nuestros seminarios; además, en estos últimos años hemos podido ver acercarse a nosotros jóvenes sacerdotes recientemente egresados de su seminario diocesano. Fenómeno nuevo, ¡señal que la gracia de Dios trabaja siempre! Esperemos que el movimiento se acreciente y gane finalmente a algunos obispos. 3. El apostolado en el este se desarrolla. Los contactos se multiplican y nuestros sacerdotes _ que entre tanto empiezan a hablar ruso y polaco _ tienen mucho trabajo para visitar regularmente los grupos que se forman, especialmente en Polonia y Bielorrusia, sin olvidar los países bálticos, Rusia y Ucrania. Debemos ampliar los locales de Jaidhof a fin de poder recibir, por el tiempo de su preparación, a los jóvenes de estos países que se interesan en el sacerdocio. 4. En Asia y América latina el apostolado se fortalece, los grupos se solidifican. Desde Méjico nuestros sacerdotes visitan regularmente Guatemala, San Salvador, Costa Rica. Desde Argentina, el Perú, Paraguay, Uruguay. Desde Colombia, la República Dominicana. ¡Tantos países, tantas almas; tan pocos sacerdotes, tan pocos medios! Y sin embargo, un poco por todas partes, se levantan de la tierra los muros de una futura capilla y _ ¿quién sabe? _ de un futuro priorato. 5. Nuestro esfuerzo principal, sin embargo, es todavía en todas partes la fundación y el sostén de nuestras escuelas. Todos estos proyectos, todas estas preocupaciones, las confiamos a vuestras oraciones y a vuestra generosidad. Que los méritos de vuestra caridad obtengan del Sagrado Corazón tanto el desarrollo de la Tradición católica como la conversión de aquéllos que se alejan de la Iglesia. Que en este tiempo de la Pasión, Nuestra Señora nos ayude a penetrar más el gran misterio de los sufrimientos de su Hijo, que continúan en el Cuerpo Místico tan dolorosamente herido bajo nuestros ojos. Stabat mater. Que Dios los bendiga. † Monseñor Bernard Fellay, Superior General Menzingen, domingo de Pasión. 2 de abril de 1995 Volver al índice STAT VERITAS |