
S.E.R.
Mons. Richard Williamson
En octubre
[2002] hubo en París un congreso [organizado por Si Si No No]
con motivo del 40° aniversario del inicio del Concilio, en octubre
de 1962. Para preparar este congreso, estudié y leí
de nuevo los documentos para tratar de llevar a una vista de conjunto,
del todo, de las ideas-claves que están detrás de todos
esos documentos. Lo primero que pensé es en la deificación;
la divinización del hombre. "El hombre es dios" -rechazo
de la sobrenaturaleza- y éste es el principio supremo del Concilio.
Acto seguido viene este otro: "todo hombre es bueno"
-rechazo del pecado original-. Pero los revolucionarios tenían
que engañar a los católicos, a los obispos católicos
que todavía había en el Concilio. Monseñor Lefebvre
siempre decía: de 2000 obispos, 200 eran católicos,
200 eran liberales y 1600 seguían al Papa.
Los liberales que habían preparado su revolución tenían
que engañar a los católicos y a los que estaban en el
centro -digamos- y para hacer esto, tenían que esconder sus
ideas-claves. Por eso, todo documento del Vaticano 11 es ambiguo.
El carácter esencial de este Concilio es la ambigüedad.
Nuestro Señor dice "sí, sí; no, no",
el Concilio dice "sí, no" o "no, sí"
al mismo tiempo. Todo mezclado constantemente de manera muy hábil.
Hay que ser hábil para encontrar palabras que dicen cosas opuestas
al mismo tiempo. Modernidad y catolicidad son inconciliables, porque
el catolicismo es Dios en primer lugar, con Diez Mandamientos y toda
la Iglesia Católica.
El mundo moderno es el rechazo de Dios y la democracia. Entonces,
son inconciliables y para conciliarlos hay que tener el alma ambigua.
El Concilio tiene las dos significaciones; cada documento puede ser
interpretado de manera católica y, al mismo tiempo, en sentido
moderno.
Me puse a leer hace un año (los documentos del Concilio)
y no logré captar una visión de conjunto hasta que me
acordé de estas palabras de Monseñor Lefebvre: la correspondencia
entre "libertad, igualdad y fraternidad", tres palabras
de la Revolución Francesa, y "libertad religiosa,
colegialidad y ecumenismo", tres conceptos claves del Concilio.
Donoso Cortés, gran pensador español del siglo XIX,
dijo que casi todas las herejías modernas se fundan en el rechazo
de lo sobrenatural y del pecado original. He aquí la llave
del mundo moderno y la del Vaticano II. El Vaticano II es la Iglesia
que se junta, que sigue al mundo moderno, en lugar de resistirle como
hizo durante cuatro siglos. Los masones estuvieron detrás de
la Revolución Francesa con el principio masónico "solve
et coagula" (disuelve para volver a unir) hacer
pedazos la cristiandad y ponerlos de nuevo juntos, pero no ya en la
unidad cristiana sino en la unidad masónica.
Veamos un ejemplo clásico que permite comprender lo bueno y
lo malo del nacionalismo. El nacionalismo no está del todo
mal, pero tampoco está del todo bien. Hubo un "internacionalismo"
católico, la unión de todas las naciones en la Iglesia,
era la cristiandad del medioevo. Llegan los tiempos modernos y los
masones logran excitar el sentimiento nacional y se ponen detrás
de las guerras entre las naciones. La Iª Guerra Mundial, por
ejemplo: Inglaterra, Francia y Rusia, contra Alemania y Austria. Ingleses,
franceses y rusos son el castigo de Alemania y Austria, y alemanes
y austriacos son el castigo de Gran Bretaña, Francia y Rusia.
Dios permite todo esto, pero los masones buscaban despedazar la unidad
cristiana, causar guerras entre las naciones, y cuando las naciones
se cansaran de las guerras, proponer la Liga de las Naciones. No tuvo
éxito. Entonces, la IIª Guerra Mundial y después,
las Naciones Unidas. Estamos siempre avanzando con las Naciones Unidas:
la reunión de los pedazos de la cristiandad en una nueva unidad
masónica. Entonces, el nacionalismo es bueno y malo. Bueno
en cuanto queda algo de la cristiandad, el sentimiento de la Patria
y para la Patria; pero algo malo, que es "mi patria contra
la tuya." La gran debilidad de los nacionalistas es que
quieren resolver el problema de haber dejado sin Dios a la nación.
Quieren resolver sin Dios el problema de estar sin Dios. Pero Dios
no permitirá nunca que el rechazo de Él se soluciones
con más rechazo de Él. Hay que volver a Dios, hay que
volver al internacionalismo católico.
Disueltas las naciones, disuelta la cristiandad, las pone en una nueva
unidad. Dissolve: libertad, igualdad; coagula: fraternidad.
Libertad y liberación de lo antiguo, igualdad para destruir
la autoridad, liberación del espíritu de la verdad objetiva.
Así se puede analizar el Concilio. El mundo moderno es "amor,
amor, amor". Pero es interesante, este amor sentimental
corresponde exactamente a un conocimiento sentimental. Este amor falso,
porque es sentimental, corresponde a un conocimiento falso de la realidad
y conduce a decir a todos "hermanos, hermanos”.
Hay un conocimiento vaga de los demás hombres y un amor vago.
Hoy en día se piensa que la voluntad es determinante. No. Sí
y no, es la voluntad que aplica o rechaza aplicar el intelecto a este
o aquel objeto, pero en primer lugar está el conocimiento del
intelecto. Por eso los masones tenían que disolver la verdad
católica y está muy hábilmente hecho en particular
en Dei Ver bum. La clave de este documento es el subjetivismo moderno,
del mundo moderno, de la filosofía moderna; es decir, la deificación
del sujeto. "Yo hombre, yo soy dios y Tú, Dios, tienes
que alejarte de lo que desde ahora es mi creación".
Entonces, el sujeto es ahora rey. La verdad se encuentra en el hombre
y no fuera de él. He aquí el principio del subjetivismo
desde Inmanuel Kant. San Pío X decía que el kantismo
es la herejía moderna y el kantismo es la revolución
copernicana en la filosofía. Antes la tierra giraba alrededor
del sol, desde ahora, el sol gira alrededor de la tierra. Kant dice:
el sujeto no gira más alrededor del objeto, sino el objeto
alrededor del sujeto; éste está en el centro, es el
dueño del objeto. Es una locura, pero es el hombre moderno:
"Yo soy dios, yo soy desde ahora el creador, yo soy dueño
y señor de los objetos y de la verdad objetiva".
No queda en las cabezas una verdad objetiva. Es lo más grave
de todo. Mucha gente alrededor de nosotros está, sino clínicamente
loca, está por lo menos ideológicamente loca. Locos.
Pero no se dan cuenta, porque es normal el rechazo de la verdad objetiva;
ha llegado a ser normal. Por eso, lo que es sano no es normal y lo
que es normal no es sano. No nos entienden si hablamos de una verdad
objetiva dada afuera de nosotros y que se impone a nuestro pensamiento.
¿Por qué? Porque se adora la libertad. Y la última
liberación, la cima de la liberación es la liberación
de la verdad. Liberar al espíritu de la verdad que está
fuera de él. Y así yo soy rey y creador de todo y puedo
pensar lo que quiero. Entonces puedo desear lo que quiero; estoy completamente
libre cuando me he liberado de la verdad objetiva. La verdad se encuentra
dentro del hombre.
Pero la verdad evoluciona. Yo, hombre, cambio constantemente, estoy
en evolución. Entonces la verdad está en evolución.
Más aún: "todas las verdades son válidas",
es decir, yo no puedo condenar una verdad como mentira porque puede
ser que mañana piense lo mismo. Luego no hay más verdad
y mentira o, verdad y lo que no es verdad. Lo único que existe
es lo que siento en este momento. Quizás mañana habremos
cambiado nuestros sentimientos, quizás los dos tendremos sentimientos
completamente diferentes. De todas formas, no hay más una verdad
fija. Kant enseña que "das Ding an sich"
(la cosa en sí misma, la esencia) es inalcanzable.
M espíritu no puede llegar a la verdad objetiva. Así
piensan los modernos.
Todo esto conduce al "inmanentismo", palabra latina
que significa que la verdad permanece en mí (inmanet =
permanece en). Nadie puede vivir así. Pero hay que observar
que los que piensan así no viven así. Es decir, que
cuando el filósofo moderno llega al desayuno, tiene un líquido
negro caliente delante de él. Ni un solo momento pone en duda
que sea café, porque si lo hiciera no podría beber,
y si no bebe tendría sed. No quiere tener sed porque su sentimiento
es no tener sed. Entonces ---se dice- yo voy a permitir al café
ser café. Yo beberé y ¡honor al café! ¡gracias
a mí el café es café! La filosofía moderna
es muy selectiva. Cuando se trata de rechazar a Dios, todos mis sentimientos
están de acuerdo, pero para rechazar al café, mis sentimientos
se someterán al café.
El documento "Gaudium et Spes" sienta el principio
de la evolución. En cierto sentido es verdad, pero es imposible
que todo evolucione. Basta reflexionar unos momentos para ver que
para que algo evolucione tiene que haber algo que no evolucione. Es
el error de Heráclito y es también el error de "Gaudium
et Spes" y del Vaticano II.
Otro problema del mundo moderno es la "desintelección",
palabra que quiere decir desintegración del intelecto. Es algo
gravísimo. Los hombres de Iglesia de hoy se conducen de la
siguiente manera: por un lado creen en la Iglesia Católica,
por lo menos sentimentalmente, creen todavía en "Credo
in unum Deum Patrem Omnipotentem"; pero al mismo tiempo
creen en el mundo moderno y el Concilio es exactamente esto: poner
juntos, conciliar estos dos inconciliables. Con la voluntad se obliga
al intelecto a aceptar lo inconciliable. Esto es la destrucción
del intelecto, es la destrucción del principio de no contradicción
que subyace a todo pensamiento. Es imposible pensar o captar un pensamiento
sin el principio de no contradicción. Pero ellos fingen que
rechazan el principio de no contradicción. Los filósofos
pueden decir tonterías en las que no creen de verdad. Actúan
según otro principio, pero con la boca pueden rechazar cualquier
verdad porque el aire es muy paciente y sufre todas las mentiras.
Si el aire reaccionara cuando nosotros mentimos... Los filósofos
y los hombres de Iglesia pueden realmente no pensar todo lo que dicen
pero, de todas formas, se convencen de que piensan dos cosas opuestas
al mismo tiempo y por eso quebrantan su intelecto. Es como si yo tratara
de hacer marchar mi coche con gasolina y agua. El agua es más
barata, entonces una mezcla de agua y gasolina es una buena idea,
pero el coche no marcha. Poner modernismo y catolicismo, una mezcla
de catolicismo y modernismo en la Iglesia no puede marchar. La Iglesia
se para, como el coche, se para enseguida. Y basta un poco de agua
para parar el coche, basta un poco de liberalismo y modernismo para
parar el catolicismo.
La desintegración del intelecto, el suicidio del intelecto
por la voluntad: yo quiero que la Iglesia se modernice, yo lo quiero,
yo afirmo que es posible, yo lo quiero así, yo lo mando así,
y antes de la razón está mi voluntad para afirmarlo.
¿Qué puede quedar en el intelecto quebrantado? Pequeñas
tonterías y entonces, en toda la Iglesia moderna, un amor a
las pequeñas tonterías. Es lógico.
La desintelección es muy grave; es un castigo, estamos viviendo
hoy la muerte del intelecto. Cuando se habla de una verdad objetiva
es como si nosotros habláramos en otro idioma. La gente no
comprende más el idioma de la verdad objetiva. Esto no es más
un problema sobrenatural, es un problema de la naturaleza. Lo sobrenatural
ha sido destruido hace un cierto tiempo; ahora las pasiones están
atacando la naturaleza y es gravísimo. ¿Adónde
va a llegar?
El inmanentismo
nos conduce a considerar el papel de la "Palabra" en el
documento conciliar Dei Verbum (= la palabra de Dios). El
documento es peligroso porque nada en ambigüedades. "La
Palabra" es algo católico: "In principio" erat
Verbum et verbum erat apud deum" ["Al principio era la Palabra,
y la Palabra era en Dios".] Nuestro Señor, la segunda
Persona de la Santísima Trinidad, es la Palabra: el Verbo.
Pero en Dei Verbum se trata de la palabra interior del hombre.
Cada expresión puede significar "dos cosas. ¿De
qué palabra se trata? ¿De la palabra de Dios objetiva
o la palabra del hombre dentro de sí? Ambas cosas. ¿Cómo
es posible escribir así? "La Palabra" da
lugar a la tradición viva, en lugar de la tradición
fijada y objetiva y que no cambia durante veinte siglos y que no puede
cambiar. Ahora se nos habla de la tradición viva, es decir,
una tradición que evoluciona. La tradición ahora puede
cambiar porque está dentro del hombre; el hombre cambia, la
tradición cambia. Es la tradición viva en oposición
a la tradición nuestra que es, por supuesto, "muerta".
Estas ideas vuelven a encontrarse en el documento de 1988 "Ecclesia
De¡": que nosotros no comprendemos el verdadero sentido
de la Tradición porque la nuestra es una tradición "muerta".
Evidentemente, hay que preferir una tradición viva que acepte
el Concilio, que acepte el mundo moderno, que acepte la nueva Misa,
pero que rechaza a Monseñor Lefevbre y a los "dinosaurios
de ayer". Así, la Palabra, algo católico, tiene
un nuevo sentido. El modernismo se aprovecha de las palabras católicas
para darles un sentido completamente diferente. Todas las verdades
son válidas, el intelecto está quebrado, todas las religiones
son válidas. Como la tradición es viva y puede cambiar,
y todas las religiones son válidas, hemos liberado el espíritu
y hemos preparado el camino del ecumenismo. Se puede pensar que el
ecumenismo es el inicio de la destrucción de la Iglesia: sirve
para destruir. Pero antes, había que destruir la inteligencia
católica y su conexión con una verdad fuera de ella.
Pasemos ahora a considerar la disolución de la autoridad, de
la autoridad católica. Así como la verdad se encuentra
en el hombre y no fuera de él, desde ahora el derecho se encuentra
en el hombre y no por encima de él. Así, puede cambiar
de un día para otro. Si no hay una verdad fuera del hombre,
tampoco hay una ley, no hay un Dios, no hay un Dios "legislador
que nos da leyes porque éstas serían verdaderas. No
hay verdad ni hay ley.
Así como la verdad evoluciona, así el derecho debe adaptarse
a las circunstancias actuales. Hay que adaptar las leyes del matrimonio.
Es cierto que en Gaudium et Spes hay algo sobre la contracepción
artificial, pero es ambiguo. En Inglaterra, entre las dos guerras
hubo un dominico irlandés, el Padre Vincent McNabb, que afirmó
que la ciudad moderna es ocasión próxima de pecado por
la presión contra las leyes divinas y sobre el derecho natural
del matrimonio. Presión para que uno cambie su pensamiento
sobre el derecho natural. Muchísimos esperaban del Concilio
tales cosas. Si Dios castigó a la Iglesia después del
Concilio con todo lo que ha seguido al Concilio, es porque los católicos
querían engañarse sobre este asunto, porque querían
un cambio del derecho natural. Querían que el Concilio hiciera
lo que hizo, que cambiase el derecho natural.
Hemos dicho que según el pensamiento moderno, el derecho se
encuentra en el hombre y no por encima de él. Se pregona una
autonomía del hombre: del griego autos= a sí
mismo, y nomos= ley: el hombre es independiente de Dios;
desde ahora es autónomo. Se abren las puertas de la anarquía.
La autonomía del hombre conduce a la destrucción de
toda autoridad. Si el hombre es autónomo, no puede haber autoridad.
Cada hombre es rey y no solo rey, cada hombre es, desde ahora, dios.
Es él mismo la autoridad suprema. Es la divinización
del hombre.
Después que se ha destruido la verdad y la autoridad, ¿qué
hacen los revolucionarios con la anarquía que crean? Crean
una nueva autoridad que hay que imponer tiránicamente. Entonces
cada liberación de este tipo conduce necesariamente y lógicamente
a la tiraría. Entonces, la imposición de la ciega "obediencia"
conciliar. No parece lógico que las autoridades liberales de
la Iglesia traten siempre dé quebrantar la Tradición,
pero es lógico, porque hay que imponer una nueva autoridad,
hay que llenar el vacío de autoridad, pero no con una verdadera
autoridad sino con una ciega obediencia bajo la apariencia de la democracia.
Tal es la democracia moderna: todo hombre es rey y no hay autoridad
de Dios por encima de él. Esto explica la colegialidad, principio
según el cual el Papa no es más el único rey
de la Iglesia, sino el Papa con los obispos. En el próximo
nivel, el obispo tiene que gobernar su diócesis con los sacerdotes,
y el sacerdote tiene que gobernar su parroquia con los laicos. El
problema es que cuando el Papa hace parte de este sistema, no se puede
resistir porque toda la jerarquía católica sirve para
imponer la ciega obediencia conciliar. Y aun el Cardenal Castrillón
no puede esconder que exige a la Fraternidad que se someta al Concilio.
Y esto es inaceptable. Y el Concilio es el mal; es la conciliación
de los inconciliables. Es la aceptación, al menos, de la mitad
del mundo moderno. Es poner agua con gasolina en el coche: mitad y
mitad, tres cuartos y un cuarto, siete octavos y un octavo, no va;
el catolicismo tiene que ser puro. Un poco de agua con la gasolina
y el coche no va.
Ahora bien: el tema de la colegialidad está en Lumen Gentium.
Hubo una gran discusión sobre: este asunto. Los liberales habían
preparado un texto que, después del Concilio, podían
interpretar en el sentido de destruir el papado. Y así estaba
en un documento, en un maletín de uno de los revolucionarios.
No sé cómo, pero un buen sacerdote lo encontró,
lo ha visto y lo llevó al Papa, al Papa Pablo VI: "Santo
Padre: ¡hay Padres del Concilio que quierendestruir el papado!"
¿Qué hizo Pablo VI? ¡Se puso a llorar! ¿Qué
habría tenido que hacer? ¡Quemar este documento!
¿Cómo lo solucionó? Propuso que se agregara una
nota previa, una explicación que, en principio, está
adelante del texto, pero que en todos los documentos del Vaticano
viene siempre después del texto. De este modo, siempre se puede
leer el mismo texto que estaba en el maletín del revolucionario,
leerlo como si fuera palabra del Concilio. Y si se quiere, después,
la nota previa. ¡Qué acción de los liberales!
Pero veamos aquí la acción del Espíritu Santo.
Se pregunta dónde estuvo el Espíritu Santo en el Concilio.
La respuesta es: estaba en este buen Padre que encontró la
dinamita de los revolucionarios y que la trajo al Papa y la nota previa
que salva lo esencial. Es la acción del Espíritu Santo.
Es decir, Dios ha permitido este concilio malísimo, pero no
ha permitido la última destrucción de la Iglesia. Aun
hoy no está permitiendo la última destrucción
de la Iglesia. Cuando Juan Pablo II aplica la plenitud de su autoridad,
es para condenar a las sacerdotisas y eso es justo. Se trata, por
una parte, de imponer la ciega obediencia conciliar, pero el Espíritu
Santo impide que estos liberales destruyan completamente la Iglesia.
Veamos, por
fin, el tercer postulado revolucionario: la fraternidad... Se dice
que todas las culturas son válidas. Si todas las verdades y
derechos son válidos, todas las culturas son válidas.
Todas las culturas deben ser escuchadas. Si todas las verdades son
válidas, también son iguales. Si son iguales, la tuya
vale como la mía y tengo que escuchar; es lógico. Entonces,
todas las culturas deben que ser escuchadas, hay que adaptarse a todas
las culturas, porque aquella cultura tiene algo que yo no tengo, no
sé... la adoración de la vaca, por ejemplo. Es algo
que nosotros no tenemos. Quizá hay algo válido en la
adoración de la vaca... No sé... el principio femenino...
la vaca, o no sé, lo ubérrimo, la riqueza de la leche,
en Argentina, el dulce de leche. Adorar a la vaca a causa del dulce
de leche... ¡Claro, es algo que nosotros no tenemos en nuestra
religión de dinosaurios! ¡Tan dura y tan difícil!
Entonces vamos a escuchar a los adoradores de vacas y vamos a adaptarnos
a todas esas culturas. En India, actualmente, los sacerdotes están
adaptando lo que queda de la religión católica al hinduismo.
Hay una hinduización del catolicismo. Estos principios dan
finalmente el pluralismo. Ya no existe una única verdad, no
hay una única Iglesia, todos deben ser escuchados, es el principio
del diálogo; hay que adaptarse a todas las culturas, es el
principio de la inculturación. Hay que inculturas la Iglesia
en todos los países y todos los climas. Es necesario reconocer
a todas las religiones, respetarlas, porque dice el Concilio que contienen
"semillas de verdad", semillas del Verbo Divino;
es decir, hay algo de salvación en estas falsas religiones.
Esto es la muerte de las misiones católicas, es el desaliento
de los misioneros católicos. Hay que dialogar con todas las
religiones, unirse a todas las religiones. "Ecumenismo"
antes quería decir que había que convertir a todos los
hombres de otras religiones. Hoy quiere decir unirse pero no convertir
al otro. Es poner la unidad por encima de la verdad. Libertad religiosa,
colegialidad y ecumenismo equivalen a libertad, igualdad y fraternidad,
los lemas de la revolución.
En conclusión, ¿a dónde vamos? Sólo Dios
sabe. Nosotros conocernos la verdad objetiva, el derecho y nuestros
deberes objetivos y no podemos mentir, podemos pecar -somos pecadores-
pero no podemos mentir y debemos seguir en la verdad, cueste lo que
cueste y tener grandísima confianza en Dios. En los salmos
de David, del Antiguo Testamento, hay muchísimos salmos en
que este Rey expresa su confianza en Dios. Sus enemigos son poderosos,
son fuertes. Él está como pisoteado, pero grita, grita
con el corazón a Dios y nunca pierde la confianza de que Dios
le va a ayudar. Nosotros también. Por supuesto que Dios va
a ayudar. Tengamos una completa confianza en Él.
† Richard Williamson
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