EXTRACTOS SIGNIFICATIVOS DE LA CONFERENCIA DADA POR S.E.R. MONS. RICHARD WILLIAMSON
en Buenos Aires, el 19 de diciembre de 2002.

S.E.R. Monseñor Richard Williamson

S.E.R. Mons. Richard Williamson

En octubre [2002] hubo en París un congreso [organizado por Si Si No No] con motivo del 40° aniversario del inicio del Concilio, en octubre de 1962. Para preparar este congreso, estudié y leí de nuevo los documentos para tratar de llevar a una vista de conjunto, del todo, de las ideas-claves que están detrás de todos esos documentos. Lo primero que pensé es en la deificación; la divinización del hombre. "El hombre es dios" -rechazo de la sobrenaturaleza- y éste es el principio supremo del Concilio. Acto seguido viene este otro: "todo hombre es bueno" -rechazo del pecado original-. Pero los revolucionarios tenían que engañar a los católicos, a los obispos católicos que todavía había en el Concilio. Monseñor Lefebvre siempre decía: de 2000 obispos, 200 eran católicos, 200 eran liberales y 1600 seguían al Papa.

Los liberales que habían preparado su revolución tenían que engañar a los católicos y a los que estaban en el centro -digamos- y para hacer esto, tenían que esconder sus ideas-claves. Por eso, todo documento del Vaticano 11 es ambiguo. El carácter esencial de este Concilio es la ambigüedad. Nuestro Señor dice "sí, sí; no, no", el Concilio dice "sí, no" o "no, sí" al mismo tiempo. Todo mezclado constantemente de manera muy hábil. Hay que ser hábil para encontrar palabras que dicen cosas opuestas al mismo tiempo. Modernidad y catolicidad son inconciliables, porque el catolicismo es Dios en primer lugar, con Diez Mandamientos y toda la Iglesia Católica.

El mundo moderno es el rechazo de Dios y la democracia. Entonces, son inconciliables y para conciliarlos hay que tener el alma ambigua. El Concilio tiene las dos significaciones; cada documento puede ser interpretado de manera católica y, al mismo tiempo, en sentido moderno.
Me puse a leer hace un año (los documentos del Concilio) y no logré captar una visión de conjunto hasta que me acordé de estas palabras de Monseñor Lefebvre: la correspondencia entre "libertad, igualdad y fraternidad", tres palabras de la Revolución Francesa, y "libertad religiosa, colegialidad y ecumenismo", tres conceptos claves del Concilio.

Donoso Cortés, gran pensador español del siglo XIX, dijo que casi todas las herejías modernas se fundan en el rechazo de lo sobrenatural y del pecado original. He aquí la llave del mundo moderno y la del Vaticano II. El Vaticano II es la Iglesia que se junta, que sigue al mundo moderno, en lugar de resistirle como hizo durante cuatro siglos. Los masones estuvieron detrás de la Revolución Francesa con el principio masónico "solve et coagula" (disuelve para volver a unir) hacer pedazos la cristiandad y ponerlos de nuevo juntos, pero no ya en la unidad cristiana sino en la unidad masónica.

Veamos un ejemplo clásico que permite comprender lo bueno y lo malo del nacionalismo. El nacionalismo no está del todo mal, pero tampoco está del todo bien. Hubo un "internacionalismo" católico, la unión de todas las naciones en la Iglesia, era la cristiandad del medioevo. Llegan los tiempos modernos y los masones logran excitar el sentimiento nacional y se ponen detrás de las guerras entre las naciones. La Iª Guerra Mundial, por ejemplo: Inglaterra, Francia y Rusia, contra Alemania y Austria. Ingleses, franceses y rusos son el castigo de Alemania y Austria, y alemanes y austriacos son el castigo de Gran Bretaña, Francia y Rusia. Dios permite todo esto, pero los masones buscaban despedazar la unidad cristiana, causar guerras entre las naciones, y cuando las naciones se cansaran de las guerras, proponer la Liga de las Naciones. No tuvo éxito. Entonces, la IIª Guerra Mundial y después, las Naciones Unidas. Estamos siempre avanzando con las Naciones Unidas: la reunión de los pedazos de la cristiandad en una nueva unidad masónica. Entonces, el nacionalismo es bueno y malo. Bueno en cuanto queda algo de la cristiandad, el sentimiento de la Patria y para la Patria; pero algo malo, que es "mi patria contra la tuya." La gran debilidad de los nacionalistas es que quieren resolver el problema de haber dejado sin Dios a la nación. Quieren resolver sin Dios el problema de estar sin Dios. Pero Dios no permitirá nunca que el rechazo de Él se soluciones con más rechazo de Él. Hay que volver a Dios, hay que volver al internacionalismo católico.

Disueltas las naciones, disuelta la cristiandad, las pone en una nueva unidad. Dissolve: libertad, igualdad; coagula: fraternidad. Libertad y liberación de lo antiguo, igualdad para destruir la autoridad, liberación del espíritu de la verdad objetiva. Así se puede analizar el Concilio. El mundo moderno es "amor, amor, amor". Pero es interesante, este amor sentimental corresponde exactamente a un conocimiento sentimental. Este amor falso, porque es sentimental, corresponde a un conocimiento falso de la realidad y conduce a decir a todos "hermanos, hermanos”. Hay un conocimiento vaga de los demás hombres y un amor vago.

Hoy en día se piensa que la voluntad es determinante. No. Sí y no, es la voluntad que aplica o rechaza aplicar el intelecto a este o aquel objeto, pero en primer lugar está el conocimiento del intelecto. Por eso los masones tenían que disolver la verdad católica y está muy hábilmente hecho en particular en Dei Ver bum. La clave de este documento es el subjetivismo moderno, del mundo moderno, de la filosofía moderna; es decir, la deificación del sujeto. "Yo hombre, yo soy dios y Tú, Dios, tienes que alejarte de lo que desde ahora es mi creación". Entonces, el sujeto es ahora rey. La verdad se encuentra en el hombre y no fuera de él. He aquí el principio del subjetivismo desde Inmanuel Kant. San Pío X decía que el kantismo es la herejía moderna y el kantismo es la revolución copernicana en la filosofía. Antes la tierra giraba alrededor del sol, desde ahora, el sol gira alrededor de la tierra. Kant dice: el sujeto no gira más alrededor del objeto, sino el objeto alrededor del sujeto; éste está en el centro, es el dueño del objeto. Es una locura, pero es el hombre moderno: "Yo soy dios, yo soy desde ahora el creador, yo soy dueño y señor de los objetos y de la verdad objetiva". No queda en las cabezas una verdad objetiva. Es lo más grave de todo. Mucha gente alrededor de nosotros está, sino clínicamente loca, está por lo menos ideológicamente loca. Locos. Pero no se dan cuenta, porque es normal el rechazo de la verdad objetiva; ha llegado a ser normal. Por eso, lo que es sano no es normal y lo que es normal no es sano. No nos entienden si hablamos de una verdad objetiva dada afuera de nosotros y que se impone a nuestro pensamiento. ¿Por qué? Porque se adora la libertad. Y la última liberación, la cima de la liberación es la liberación de la verdad. Liberar al espíritu de la verdad que está fuera de él. Y así yo soy rey y creador de todo y puedo pensar lo que quiero. Entonces puedo desear lo que quiero; estoy completamente libre cuando me he liberado de la verdad objetiva. La verdad se encuentra dentro del hombre.

Pero la verdad evoluciona. Yo, hombre, cambio constantemente, estoy en evolución. Entonces la verdad está en evolución. Más aún: "todas las verdades son válidas", es decir, yo no puedo condenar una verdad como mentira porque puede ser que mañana piense lo mismo. Luego no hay más verdad y mentira o, verdad y lo que no es verdad. Lo único que existe es lo que siento en este momento. Quizás mañana habremos cambiado nuestros sentimientos, quizás los dos tendremos sentimientos completamente diferentes. De todas formas, no hay más una verdad fija. Kant enseña que "das Ding an sich" (la cosa en sí misma, la esencia) es inalcanzable. M espíritu no puede llegar a la verdad objetiva. Así piensan los modernos.

Todo esto conduce al "inmanentismo", palabra latina que significa que la verdad permanece en mí (inmanet = permanece en). Nadie puede vivir así. Pero hay que observar que los que piensan así no viven así. Es decir, que cuando el filósofo moderno llega al desayuno, tiene un líquido negro caliente delante de él. Ni un solo momento pone en duda que sea café, porque si lo hiciera no podría beber, y si no bebe tendría sed. No quiere tener sed porque su sentimiento es no tener sed. Entonces ---se dice- yo voy a permitir al café ser café. Yo beberé y ¡honor al café! ¡gracias a mí el café es café! La filosofía moderna es muy selectiva. Cuando se trata de rechazar a Dios, todos mis sentimientos están de acuerdo, pero para rechazar al café, mis sentimientos se someterán al café.

El documento "Gaudium et Spes" sienta el principio de la evolución. En cierto sentido es verdad, pero es imposible que todo evolucione. Basta reflexionar unos momentos para ver que para que algo evolucione tiene que haber algo que no evolucione. Es el error de Heráclito y es también el error de "Gaudium et Spes" y del Vaticano II.

Otro problema del mundo moderno es la "desintelección", palabra que quiere decir desintegración del intelecto. Es algo gravísimo. Los hombres de Iglesia de hoy se conducen de la siguiente manera: por un lado creen en la Iglesia Católica, por lo menos sentimentalmente, creen todavía en "Credo in unum Deum Patrem Omnipotentem"; pero al mismo tiempo creen en el mundo moderno y el Concilio es exactamente esto: poner juntos, conciliar estos dos inconciliables. Con la voluntad se obliga al intelecto a aceptar lo inconciliable. Esto es la destrucción del intelecto, es la destrucción del principio de no contradicción que subyace a todo pensamiento. Es imposible pensar o captar un pensamiento sin el principio de no contradicción. Pero ellos fingen que rechazan el principio de no contradicción. Los filósofos pueden decir tonterías en las que no creen de verdad. Actúan según otro principio, pero con la boca pueden rechazar cualquier verdad porque el aire es muy paciente y sufre todas las mentiras. Si el aire reaccionara cuando nosotros mentimos... Los filósofos y los hombres de Iglesia pueden realmente no pensar todo lo que dicen pero, de todas formas, se convencen de que piensan dos cosas opuestas al mismo tiempo y por eso quebrantan su intelecto. Es como si yo tratara de hacer marchar mi coche con gasolina y agua. El agua es más barata, entonces una mezcla de agua y gasolina es una buena idea, pero el coche no marcha. Poner modernismo y catolicismo, una mezcla de catolicismo y modernismo en la Iglesia no puede marchar. La Iglesia se para, como el coche, se para enseguida. Y basta un poco de agua para parar el coche, basta un poco de liberalismo y modernismo para parar el catolicismo.

La desintegración del intelecto, el suicidio del intelecto por la voluntad: yo quiero que la Iglesia se modernice, yo lo quiero, yo afirmo que es posible, yo lo quiero así, yo lo mando así, y antes de la razón está mi voluntad para afirmarlo. ¿Qué puede quedar en el intelecto quebrantado? Pequeñas tonterías y entonces, en toda la Iglesia moderna, un amor a las pequeñas tonterías. Es lógico.

La desintelección es muy grave; es un castigo, estamos viviendo hoy la muerte del intelecto. Cuando se habla de una verdad objetiva es como si nosotros habláramos en otro idioma. La gente no comprende más el idioma de la verdad objetiva. Esto no es más un problema sobrenatural, es un problema de la naturaleza. Lo sobrenatural ha sido destruido hace un cierto tiempo; ahora las pasiones están atacando la naturaleza y es gravísimo. ¿Adónde va a llegar?

El inmanentismo nos conduce a considerar el papel de la "Palabra" en el documento conciliar Dei Verbum (= la palabra de Dios). El documento es peligroso porque nada en ambigüedades. "La Palabra" es algo católico: "In principio" erat Verbum et verbum erat apud deum" ["Al principio era la Palabra, y la Palabra era en Dios".] Nuestro Señor, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, es la Palabra: el Verbo. Pero en Dei Verbum se trata de la palabra interior del hombre. Cada expresión puede significar "dos cosas. ¿De qué palabra se trata? ¿De la palabra de Dios objetiva o la palabra del hombre dentro de sí? Ambas cosas. ¿Cómo es posible escribir así? "La Palabra" da lugar a la tradición viva, en lugar de la tradición fijada y objetiva y que no cambia durante veinte siglos y que no puede cambiar. Ahora se nos habla de la tradición viva, es decir, una tradición que evoluciona. La tradición ahora puede cambiar porque está dentro del hombre; el hombre cambia, la tradición cambia. Es la tradición viva en oposición a la tradición nuestra que es, por supuesto, "muerta". Estas ideas vuelven a encontrarse en el documento de 1988 "Ecclesia De¡": que nosotros no comprendemos el verdadero sentido de la Tradición porque la nuestra es una tradición "muerta". Evidentemente, hay que preferir una tradición viva que acepte el Concilio, que acepte el mundo moderno, que acepte la nueva Misa, pero que rechaza a Monseñor Lefevbre y a los "dinosaurios de ayer". Así, la Palabra, algo católico, tiene un nuevo sentido. El modernismo se aprovecha de las palabras católicas para darles un sentido completamente diferente. Todas las verdades son válidas, el intelecto está quebrado, todas las religiones son válidas. Como la tradición es viva y puede cambiar, y todas las religiones son válidas, hemos liberado el espíritu y hemos preparado el camino del ecumenismo. Se puede pensar que el ecumenismo es el inicio de la destrucción de la Iglesia: sirve para destruir. Pero antes, había que destruir la inteligencia católica y su conexión con una verdad fuera de ella.

Pasemos ahora a considerar la disolución de la autoridad, de la autoridad católica. Así como la verdad se encuentra en el hombre y no fuera de él, desde ahora el derecho se encuentra en el hombre y no por encima de él. Así, puede cambiar de un día para otro. Si no hay una verdad fuera del hombre, tampoco hay una ley, no hay un Dios, no hay un Dios "legislador que nos da leyes porque éstas serían verdaderas. No hay verdad ni hay ley.

Así como la verdad evoluciona, así el derecho debe adaptarse a las circunstancias actuales. Hay que adaptar las leyes del matrimonio. Es cierto que en Gaudium et Spes hay algo sobre la contracepción artificial, pero es ambiguo. En Inglaterra, entre las dos guerras hubo un dominico irlandés, el Padre Vincent McNabb, que afirmó que la ciudad moderna es ocasión próxima de pecado por la presión contra las leyes divinas y sobre el derecho natural del matrimonio. Presión para que uno cambie su pensamiento sobre el derecho natural. Muchísimos esperaban del Concilio tales cosas. Si Dios castigó a la Iglesia después del Concilio con todo lo que ha seguido al Concilio, es porque los católicos querían engañarse sobre este asunto, porque querían un cambio del derecho natural. Querían que el Concilio hiciera lo que hizo, que cambiase el derecho natural.

Hemos dicho que según el pensamiento moderno, el derecho se encuentra en el hombre y no por encima de él. Se pregona una autonomía del hombre: del griego autos= a sí mismo, y nomos= ley: el hombre es independiente de Dios; desde ahora es autónomo. Se abren las puertas de la anarquía. La autonomía del hombre conduce a la destrucción de toda autoridad. Si el hombre es autónomo, no puede haber autoridad. Cada hombre es rey y no solo rey, cada hombre es, desde ahora, dios. Es él mismo la autoridad suprema. Es la divinización del hombre.

Después que se ha destruido la verdad y la autoridad, ¿qué hacen los revolucionarios con la anarquía que crean? Crean una nueva autoridad que hay que imponer tiránicamente. Entonces cada liberación de este tipo conduce necesariamente y lógicamente a la tiraría. Entonces, la imposición de la ciega "obediencia" conciliar. No parece lógico que las autoridades liberales de la Iglesia traten siempre dé quebrantar la Tradición, pero es lógico, porque hay que imponer una nueva autoridad, hay que llenar el vacío de autoridad, pero no con una verdadera autoridad sino con una ciega obediencia bajo la apariencia de la democracia. Tal es la democracia moderna: todo hombre es rey y no hay autoridad de Dios por encima de él. Esto explica la colegialidad, principio según el cual el Papa no es más el único rey de la Iglesia, sino el Papa con los obispos. En el próximo nivel, el obispo tiene que gobernar su diócesis con los sacerdotes, y el sacerdote tiene que gobernar su parroquia con los laicos. El problema es que cuando el Papa hace parte de este sistema, no se puede resistir porque toda la jerarquía católica sirve para imponer la ciega obediencia conciliar. Y aun el Cardenal Castrillón no puede esconder que exige a la Fraternidad que se someta al Concilio. Y esto es inaceptable. Y el Concilio es el mal; es la conciliación de los inconciliables. Es la aceptación, al menos, de la mitad del mundo moderno. Es poner agua con gasolina en el coche: mitad y mitad, tres cuartos y un cuarto, siete octavos y un octavo, no va; el catolicismo tiene que ser puro. Un poco de agua con la gasolina y el coche no va.

Ahora bien: el tema de la colegialidad está en Lumen Gentium. Hubo una gran discusión sobre: este asunto. Los liberales habían preparado un texto que, después del Concilio, podían interpretar en el sentido de destruir el papado. Y así estaba en un documento, en un maletín de uno de los revolucionarios. No sé cómo, pero un buen sacerdote lo encontró, lo ha visto y lo llevó al Papa, al Papa Pablo VI: "Santo Padre: ¡hay Padres del Concilio que quierendestruir el papado!" ¿Qué hizo Pablo VI? ¡Se puso a llorar! ¿Qué habría tenido que hacer? ¡Quemar este documento!

¿Cómo lo solucionó? Propuso que se agregara una nota previa, una explicación que, en principio, está adelante del texto, pero que en todos los documentos del Vaticano viene siempre después del texto. De este modo, siempre se puede leer el mismo texto que estaba en el maletín del revolucionario, leerlo como si fuera palabra del Concilio. Y si se quiere, después, la nota previa. ¡Qué acción de los liberales! Pero veamos aquí la acción del Espíritu Santo. Se pregunta dónde estuvo el Espíritu Santo en el Concilio. La respuesta es: estaba en este buen Padre que encontró la dinamita de los revolucionarios y que la trajo al Papa y la nota previa que salva lo esencial. Es la acción del Espíritu Santo. Es decir, Dios ha permitido este concilio malísimo, pero no ha permitido la última destrucción de la Iglesia. Aun hoy no está permitiendo la última destrucción de la Iglesia. Cuando Juan Pablo II aplica la plenitud de su autoridad, es para condenar a las sacerdotisas y eso es justo. Se trata, por una parte, de imponer la ciega obediencia conciliar, pero el Espíritu Santo impide que estos liberales destruyan completamente la Iglesia.

Veamos, por fin, el tercer postulado revolucionario: la fraternidad... Se dice que todas las culturas son válidas. Si todas las verdades y derechos son válidos, todas las culturas son válidas. Todas las culturas deben ser escuchadas. Si todas las verdades son válidas, también son iguales. Si son iguales, la tuya vale como la mía y tengo que escuchar; es lógico. Entonces, todas las culturas deben que ser escuchadas, hay que adaptarse a todas las culturas, porque aquella cultura tiene algo que yo no tengo, no sé... la adoración de la vaca, por ejemplo. Es algo que nosotros no tenemos. Quizá hay algo válido en la adoración de la vaca... No sé... el principio femenino... la vaca, o no sé, lo ubérrimo, la riqueza de la leche, en Argentina, el dulce de leche. Adorar a la vaca a causa del dulce de leche... ¡Claro, es algo que nosotros no tenemos en nuestra religión de dinosaurios! ¡Tan dura y tan difícil! Entonces vamos a escuchar a los adoradores de vacas y vamos a adaptarnos a todas esas culturas. En India, actualmente, los sacerdotes están adaptando lo que queda de la religión católica al hinduismo. Hay una hinduización del catolicismo. Estos principios dan finalmente el pluralismo. Ya no existe una única verdad, no hay una única Iglesia, todos deben ser escuchados, es el principio del diálogo; hay que adaptarse a todas las culturas, es el principio de la inculturación. Hay que inculturas la Iglesia en todos los países y todos los climas. Es necesario reconocer a todas las religiones, respetarlas, porque dice el Concilio que contienen "semillas de verdad", semillas del Verbo Divino; es decir, hay algo de salvación en estas falsas religiones. Esto es la muerte de las misiones católicas, es el desaliento de los misioneros católicos. Hay que dialogar con todas las religiones, unirse a todas las religiones. "Ecumenismo" antes quería decir que había que convertir a todos los hombres de otras religiones. Hoy quiere decir unirse pero no convertir al otro. Es poner la unidad por encima de la verdad. Libertad religiosa, colegialidad y ecumenismo equivalen a libertad, igualdad y fraternidad, los lemas de la revolución.

En conclusión, ¿a dónde vamos? Sólo Dios sabe. Nosotros conocernos la verdad objetiva, el derecho y nuestros deberes objetivos y no podemos mentir, podemos pecar -somos pecadores- pero no podemos mentir y debemos seguir en la verdad, cueste lo que cueste y tener grandísima confianza en Dios. En los salmos de David, del Antiguo Testamento, hay muchísimos salmos en que este Rey expresa su confianza en Dios. Sus enemigos son poderosos, son fuertes. Él está como pisoteado, pero grita, grita con el corazón a Dios y nunca pierde la confianza de que Dios le va a ayudar. Nosotros también. Por supuesto que Dios va a ayudar. Tengamos una completa confianza en Él.


† Richard Williamson


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