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Queridos amigos y benefactores:
A riesgo de ahogar el pez, como se dice en francés,
déjenme volver una vez más a los
recientes contactos entre los hombres de Iglesia
de Roma y la Sociedad de San Pío X (SSPX),
para dar otra novedad más, pero fundamentalmente,
para presentar la profunda arremetida de la sociedad
contra la Nueva Misa.
En medio de un vendaval de malinformación
y desinformación proveniente de Roma, conocemos
con certeza lo que el Cardenal Castrillón
le ha dicho al Superior de Distrito de la Sociedad
en Italia hace unos días: en el encuentro
del 22 de marzo en el Vaticano con importantes
jefes de los departamentos del gobierno de la
Iglesia (denominados Congregaciones o Dicasterios)
y el Papa Juan Pablo II presente. La liberación
de la Misa Tridentina fue nuevamente bloqueada,
de modo que las "negociaciones" quedan,
por ahora, afuera.
En un encuentro interdicasterios de este tipo,
uno de los Cardenales o de los eclesiásticos
presentes presenta un problema de su dicasterio
y cada uno de los prelados da su juicio. Finalmente,
el Papa decide lo que hará o no. El 22
de marzo, el Cardenal Castrillón presentó
el problema de la "reintegración"
de la SSPX al "seno de la iglesia" (comillas
porque, por supuesto, la SSPX jamás dejó
de pertenecer a la verdadera Iglesia Católica,
como se reconoce por sus cuatro rasgos distintivos
de ser Una, Santa, Católica y Apostólica).
El "problema", como bien conocemos todos
ya, es que en febrero, la SSPX le dejó
en claro a Roma que antes de que la SSPX siquiera
se siente a la mesa de negociaciones para comenzar
a negociar su "reintegración",
Roma debe no solo declarar la no "excomunión"
de los obispos SSPX declarada tras la consagración
de éstos en julio de 1988, sino que debe
liberar la Misa Tridentina de todas las restricciones
que hoy hacen creer a los sacerdotes Católicos
que no puede ser dicha.
Aparentemente, el 22 de marzo, la "excomunión"
no pareció presentar un gran problema para
los jefes de los Dicasterios --recurriendo a discusiones
podría despejársela en cualquier
momento. Pero la liberación del rito Tridentino
de la Misa, de modo que cualquier sacerdote fuera
libre de celebrarla cuando quisiera, pareció
absolutamente más difícil. El Cardenal
Castrillon le dijo a nuestro Superior de Italia
que una gran mayoría de los Cardenales
presentes se oponían, incluyendo al Cardenal
Ratzinger. Para demostrar este punto, éste
último blandió en la mano -en ésta
o en una ocasión similar- una copia del
nuevo libro que la SSPX acaba de sacar, con pesados
cargos contra la nueva misa de 1969 del Papa Pablo.
Este libro, titulado "El Problema de la Reforma
Litúrgica, la Misa del Vaticano II y de
Paulo VI", fue escrito por sacerdotes de
la SSPX y del cual han sido enviados 17.000 ejemplares
a sacerdotes de toda Francia, en donde está
siendo intensamente discutido. Clara y brevemente,
el libro trae un cúmulo de citas de los
propios fabricadores de la Nueva Misa para demostrar
cuán coherentes y no católicos son
los principios que están detrás
de la fabricación de la Nueva Misa. No
sorprende que el Cardenal Ratzinger recurriera
al libro para persuadir a sus compañeros
Cardenales de que la insistencia de la SSPX en
la Misa Tridentina no es un tema banal; y parece
que ellos estuvieron de acuerdo.
Sin embargo, para el momento en que la reunión
del 22 de marzo llegaba a un estancamiento, la
decisión de liberar o no la Misa Tridentina
dependía del Papa. ¿Puede el Papa?,
¿Se atreve?, ¿Tiene la fuerza para
pasar por encima de una fuerte mayoría
de sus propios Cardenales? Se nos ha dicho que
él mismo desea intensamente lograr el "retorno
a la Iglesia" de la SSPX. ¿Está
siendo movido por la gracia? ¿Teme, a medida
que se aproxima a la muerte, presentarse ante
el trono de Juez de Dios con 12 años de
condena al Arzobispo Lefebvre y a la Tradición
Católica cargando sobre su alma? ¿O
simplemente continúa promoviendo ese ecumenismo
para todos para el cual los 12 años de
"excomunión" constituyen una
excepción tan desconcertante? Tal vez nunca
lo sepamos.
Como quiera que sea, realmente parece seguro que
para traer a la SSPX "de regreso dentro de
la Iglesia" hace casi un año, le dio
una orden personal y amplios poderes al Cardenal
Castrillón. Y, por supuesto, para muchos
Romanos decentes y muchos católicos decentes
del mundo, tal "reconciliación"
entre la Tradición Católica y las
autoridades de la Iglesia es una consumación
que ha de desearse fervorosamente. Pero, como
dice el proverbio de Inglaterra: "Un hecho
es más fuerte que el Alcalde de Londres".
Lo que el nuevo libro de la SSPX hace es simplemente
recordar el hecho que muchas personas "decentes"
preferirían olvidar; esto es, que lo que
está sucediendo hoy en día dentro
de la Iglesia es una guerra entre dos religiones,
que para que termine requerirá algo más
que simple "decencia" o una pizca de
negociaciones.
El hecho de que lo que está sucediendo
dentro de la Iglesia sea una guerra entre religiones
explica también porqué la SSPX tiene
razón de haber dicho que incluso si los
Romanos declararan la "no excomunión"
y la liberación de la Misa Tridentina,
eso solamente significa que la SSPX se sentará
a INICIAR negociaciones. Ambos gestos ciertamente
demostrarán una seria buena voluntad de
parte de Roma, pero solo podrían constituir
el COMIENZO del desmantelamiento de la falsa religión
que actualmente está ocupando la Iglesia.
Ahora, aquellos que querrían que tuvieran
lugar las negociaciones Roma/ SSPX son capaces
de presentar la objeción de que en la historia
de la Iglesia muchas crisis de Fe solo se han
resuelto gradualmente, así que SSPX no
es realista si hoy exige que mañana todos
los Cardenales declaren súbitamente que
el Arzobispo Lefebvre tenía razón.
Pero SSPX solo exige que los Cardenales comiencen
a darse cuenta del problema que tienen entre manos.
Cuando la Madre Iglesia tiene un megaproblema,
¿qué hijo verdaderamente amante
le propone minisoluciones? La falsa Misa Nueva
es el principal síntoma de toda una falsa
nueva religión. Tarde o temprano ambas
tendrán que desaparecer.
Esta es la conclusión evidente del "Problema
de la Reforma Litúrgica". El libro
está dividido en tres partes: primero demuestra
que la Misa Nueva constituye una ruptura litúrgica;
segundo, que esta ruptura proviene de una nueva
teología de conceptos tales como pecado
y Redención; tercero, que esta nueva teología
está condenada por la doctrina Católica.
La primera parte, que prueba que la reforma de
1969 de la Misa representa, no el desarrollo armonioso
de la liturgia Católica, sino una ruptura
con todo el pasado de la Iglesia, se subdivide
a su vez en tres capítulos: en lugar del
ofrecimiento de la "Misa" como satisfacción
y propiciación por el pecado, la reforma
de 1969 nos da principalmente una "Eucaristía"
o acción de gracias por las cosas buenas;
Capítulo II, mientras que Cristo en el
viejo misal es el que ofrece el Sacrificio (por
medio de su sacerdote ordenado para sacrificar)
y es la Víctima sacrificatoria (mediante
la transubstanciación), en el nuevo misal
Él es fundamentalmente el Señor
que habla de la reunión; finalmente, mientras
que el viejo misal estaba estructurado como un
sacrificio, el nuevo misal está estructurado
como una comida de memorial.
A estos cambios obvios del viejo misal al nuevo,
corresponde, en la segunda parte del libro, una
presentación similar triple de la coherente
y profunda nueva teología SUBYACENTE a
estos cambios. Evidentemente, los Cardenales Ratzinger
de este mundo han elaborado su nueva religión
y, como vimos el 22 de marzo, ¡no están
dispuestos a soltarla!
Primeramente, a partir de un nuevo concepto de
pecado se sigue un nuevo concepto de Redención.
En lugar de que el pecado ofende primariamente
a Dios y requiere que se le ofrezca satisfacción
a Dios, la gente moderna pretende que el pecado
no puede ofender tanto a Dios, de modo que primariamente
nos daña a nosotros y requiere nuestra
propia restauración. De acuerdo con esto,
la Redención ya no es más primariamente
la Cruz satisfaciendo la justicia de Dios, se
vuelve el "MISTERIO PASCUAL" revelando
el inquebrantable amor de Dios por nosotros, especialmente
en la Resurrección (de aquí, por
supuesto, los crucifijos con Cristo resucitado
[sin el Cristo clavado, N. del T.]). En segundo
lugar, la Misa entonces deja de ser un sacrificio
verdadero y apropiado renovando la Crucifixión;
se convierte en la "Eucaristía"
o acción de gracias, conmemorando el Misterio
Pascual que va de la Pasión a la Resurrección.
En tercer lugar, el Santo Sacramento deja de ser
el productor "ex opere operato" de gracia
que objetivamente santifica el alma; en su lugar,
se vuelve la experiencia reveladora del misterio,
que subjetivamente alimenta la fe. En consecuencia,
el ministro del sacerdocio de Cristo que ofrece
a Cristo al Padre en la Presencia Real pasa a
ser el sacerdocio de la gente que se ofrece a
sí misma con la fe en Cristo.
La tercera parte de "El Problema de la Reforma
Litúrgica" mide a partir de la doctrina
de la Iglesia esta desviación gigantesca
y coherente de la forma de concebir el acto central
de culto de la Iglesia, y juzga que esta desviación
¡está dogmáticamente condenada!
Primeramente, que la Misa propicia a Dios y que
satisface su justicia es dogma del Concilio de
Trento (y del Vaticano I, si este último
hubiera podido concluirlo). En segundo lugar,
Trento también definió a la Misa
como el sacrificio verdadero y real, no simplemente
algún memorial, no importa cuán
objetivo, como es conmemorado en el nuevo misal
(ej.: las palabras de Consagración impresas
en forma narrativa). Finalmente al extender la
palabra "sacramento" de los siete productores
objetivos de gracia a cualquier signo o símbolo
capaz de suscitar una experiencia subjetiva de
las cosas divinas es modernismo implícito,
que ya fuera condenado por San Pío X.
Por supuesto que un resumen tan escueto no le
hace justicia a la documentada y bien armada argumentación
del libro, así que los lectores no pueden
sino ser urgidos a leerlo por sí mismos
tan pronto como la Editorial Angelus Press lo
publique en inglés (Kansas City, 1-800-966-7337).
Mientrastanto, las recientes ruedas de negociaciones
Roma/SSPX han demostrado, por lo menos hasta ahora,
que al insistir SSPX en la Misa está custodiando
primariamente el interés de la Iglesia
Universal; que SSPX está lejos de tener
una mentalidad cismática, y que Roma no
está lista todavía para soltar su
nueva religión. También podemos
estar agradecidos por la medida de protección
de la Verdad que Roma nos ha concedido, sin proponérselo,
por la "excomunión" que nos aislara
durante 12 años hasta hoy de mucha de la
contaminación de la Nueva iglesia.
Paciencia. Con y, si es necesario, sin la querida
SSPX, la Verdad prevalecerá. Solo desconocemos
de esta prevalencia sus tiempos y su mecánica.
Entrañablemente vuestro en Cristo
† Richard Williamson
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