Seminario Santo Tomás de Aquino
Profunda embestida contra la Misa Nueva

Carta del 2 de abril de 2001, a los amigos y benefactores de la Fraternidad.

 


Queridos amigos y benefactores:

A riesgo de ahogar el pez, como se dice en francés, déjenme volver una vez más a los recientes contactos entre los hombres de Iglesia de Roma y la Sociedad de San Pío X (SSPX), para dar otra novedad más, pero fundamentalmente, para presentar la profunda arremetida de la sociedad contra la Nueva Misa.

En medio de un vendaval de malinformación y desinformación proveniente de Roma, conocemos con certeza lo que el Cardenal Castrillón le ha dicho al Superior de Distrito de la Sociedad en Italia hace unos días: en el encuentro del 22 de marzo en el Vaticano con importantes jefes de los departamentos del gobierno de la Iglesia (denominados Congregaciones o Dicasterios) y el Papa Juan Pablo II presente. La liberación de la Misa Tridentina fue nuevamente bloqueada, de modo que las "negociaciones" quedan, por ahora, afuera.

En un encuentro interdicasterios de este tipo, uno de los Cardenales o de los eclesiásticos presentes presenta un problema de su dicasterio y cada uno de los prelados da su juicio. Finalmente, el Papa decide lo que hará o no. El 22 de marzo, el Cardenal Castrillón presentó el problema de la "reintegración" de la SSPX al "seno de la iglesia" (comillas porque, por supuesto, la SSPX jamás dejó de pertenecer a la verdadera Iglesia Católica, como se reconoce por sus cuatro rasgos distintivos de ser Una, Santa, Católica y Apostólica). El "problema", como bien conocemos todos ya, es que en febrero, la SSPX le dejó en claro a Roma que antes de que la SSPX siquiera se siente a la mesa de negociaciones para comenzar a negociar su "reintegración", Roma debe no solo declarar la no "excomunión" de los obispos SSPX declarada tras la consagración de éstos en julio de 1988, sino que debe liberar la Misa Tridentina de todas las restricciones que hoy hacen creer a los sacerdotes Católicos que no puede ser dicha.
Aparentemente, el 22 de marzo, la "excomunión" no pareció presentar un gran problema para los jefes de los Dicasterios --recurriendo a discusiones podría despejársela en cualquier momento. Pero la liberación del rito Tridentino de la Misa, de modo que cualquier sacerdote fuera libre de celebrarla cuando quisiera, pareció absolutamente más difícil. El Cardenal Castrillon le dijo a nuestro Superior de Italia que una gran mayoría de los Cardenales presentes se oponían, incluyendo al Cardenal Ratzinger. Para demostrar este punto, éste último blandió en la mano -en ésta o en una ocasión similar- una copia del nuevo libro que la SSPX acaba de sacar, con pesados cargos contra la nueva misa de 1969 del Papa Pablo.

Este libro, titulado "El Problema de la Reforma Litúrgica, la Misa del Vaticano II y de Paulo VI", fue escrito por sacerdotes de la SSPX y del cual han sido enviados 17.000 ejemplares a sacerdotes de toda Francia, en donde está siendo intensamente discutido. Clara y brevemente, el libro trae un cúmulo de citas de los propios fabricadores de la Nueva Misa para demostrar cuán coherentes y no católicos son los principios que están detrás de la fabricación de la Nueva Misa. No sorprende que el Cardenal Ratzinger recurriera al libro para persuadir a sus compañeros Cardenales de que la insistencia de la SSPX en la Misa Tridentina no es un tema banal; y parece que ellos estuvieron de acuerdo.

Sin embargo, para el momento en que la reunión del 22 de marzo llegaba a un estancamiento, la decisión de liberar o no la Misa Tridentina dependía del Papa. ¿Puede el Papa?, ¿Se atreve?, ¿Tiene la fuerza para pasar por encima de una fuerte mayoría de sus propios Cardenales? Se nos ha dicho que él mismo desea intensamente lograr el "retorno a la Iglesia" de la SSPX. ¿Está siendo movido por la gracia? ¿Teme, a medida que se aproxima a la muerte, presentarse ante el trono de Juez de Dios con 12 años de condena al Arzobispo Lefebvre y a la Tradición Católica cargando sobre su alma? ¿O simplemente continúa promoviendo ese ecumenismo para todos para el cual los 12 años de "excomunión" constituyen una excepción tan desconcertante? Tal vez nunca lo sepamos.

Como quiera que sea, realmente parece seguro que para traer a la SSPX "de regreso dentro de la Iglesia" hace casi un año, le dio una orden personal y amplios poderes al Cardenal Castrillón. Y, por supuesto, para muchos Romanos decentes y muchos católicos decentes del mundo, tal "reconciliación" entre la Tradición Católica y las autoridades de la Iglesia es una consumación que ha de desearse fervorosamente. Pero, como dice el proverbio de Inglaterra: "Un hecho es más fuerte que el Alcalde de Londres". Lo que el nuevo libro de la SSPX hace es simplemente recordar el hecho que muchas personas "decentes" preferirían olvidar; esto es, que lo que está sucediendo hoy en día dentro de la Iglesia es una guerra entre dos religiones, que para que termine requerirá algo más que simple "decencia" o una pizca de negociaciones.
El hecho de que lo que está sucediendo dentro de la Iglesia sea una guerra entre religiones explica también porqué la SSPX tiene razón de haber dicho que incluso si los Romanos declararan la "no excomunión" y la liberación de la Misa Tridentina, eso solamente significa que la SSPX se sentará a INICIAR negociaciones. Ambos gestos ciertamente demostrarán una seria buena voluntad de parte de Roma, pero solo podrían constituir el COMIENZO del desmantelamiento de la falsa religión que actualmente está ocupando la Iglesia.

Ahora, aquellos que querrían que tuvieran lugar las negociaciones Roma/ SSPX son capaces de presentar la objeción de que en la historia de la Iglesia muchas crisis de Fe solo se han resuelto gradualmente, así que SSPX no es realista si hoy exige que mañana todos los Cardenales declaren súbitamente que el Arzobispo Lefebvre tenía razón. Pero SSPX solo exige que los Cardenales comiencen a darse cuenta del problema que tienen entre manos. Cuando la Madre Iglesia tiene un megaproblema, ¿qué hijo verdaderamente amante le propone minisoluciones? La falsa Misa Nueva es el principal síntoma de toda una falsa nueva religión. Tarde o temprano ambas tendrán que desaparecer.

Esta es la conclusión evidente del "Problema de la Reforma Litúrgica". El libro está dividido en tres partes: primero demuestra que la Misa Nueva constituye una ruptura litúrgica; segundo, que esta ruptura proviene de una nueva teología de conceptos tales como pecado y Redención; tercero, que esta nueva teología está condenada por la doctrina Católica.

La primera parte, que prueba que la reforma de 1969 de la Misa representa, no el desarrollo armonioso de la liturgia Católica, sino una ruptura con todo el pasado de la Iglesia, se subdivide a su vez en tres capítulos: en lugar del ofrecimiento de la "Misa" como satisfacción y propiciación por el pecado, la reforma de 1969 nos da principalmente una "Eucaristía" o acción de gracias por las cosas buenas; Capítulo II, mientras que Cristo en el viejo misal es el que ofrece el Sacrificio (por medio de su sacerdote ordenado para sacrificar) y es la Víctima sacrificatoria (mediante la transubstanciación), en el nuevo misal Él es fundamentalmente el Señor que habla de la reunión; finalmente, mientras que el viejo misal estaba estructurado como un sacrificio, el nuevo misal está estructurado como una comida de memorial.

A estos cambios obvios del viejo misal al nuevo, corresponde, en la segunda parte del libro, una presentación similar triple de la coherente y profunda nueva teología SUBYACENTE a estos cambios. Evidentemente, los Cardenales Ratzinger de este mundo han elaborado su nueva religión y, como vimos el 22 de marzo, ¡no están dispuestos a soltarla!

Primeramente, a partir de un nuevo concepto de pecado se sigue un nuevo concepto de Redención. En lugar de que el pecado ofende primariamente a Dios y requiere que se le ofrezca satisfacción a Dios, la gente moderna pretende que el pecado no puede ofender tanto a Dios, de modo que primariamente nos daña a nosotros y requiere nuestra propia restauración. De acuerdo con esto, la Redención ya no es más primariamente la Cruz satisfaciendo la justicia de Dios, se vuelve el "MISTERIO PASCUAL" revelando el inquebrantable amor de Dios por nosotros, especialmente en la Resurrección (de aquí, por supuesto, los crucifijos con Cristo resucitado [sin el Cristo clavado, N. del T.]). En segundo lugar, la Misa entonces deja de ser un sacrificio verdadero y apropiado renovando la Crucifixión; se convierte en la "Eucaristía" o acción de gracias, conmemorando el Misterio Pascual que va de la Pasión a la Resurrección.

En tercer lugar, el Santo Sacramento deja de ser el productor "ex opere operato" de gracia que objetivamente santifica el alma; en su lugar, se vuelve la experiencia reveladora del misterio, que subjetivamente alimenta la fe. En consecuencia, el ministro del sacerdocio de Cristo que ofrece a Cristo al Padre en la Presencia Real pasa a ser el sacerdocio de la gente que se ofrece a sí misma con la fe en Cristo.

La tercera parte de "El Problema de la Reforma Litúrgica" mide a partir de la doctrina de la Iglesia esta desviación gigantesca y coherente de la forma de concebir el acto central de culto de la Iglesia, y juzga que esta desviación ¡está dogmáticamente condenada! Primeramente, que la Misa propicia a Dios y que satisface su justicia es dogma del Concilio de Trento (y del Vaticano I, si este último hubiera podido concluirlo). En segundo lugar, Trento también definió a la Misa como el sacrificio verdadero y real, no simplemente algún memorial, no importa cuán objetivo, como es conmemorado en el nuevo misal (ej.: las palabras de Consagración impresas en forma narrativa). Finalmente al extender la palabra "sacramento" de los siete productores objetivos de gracia a cualquier signo o símbolo capaz de suscitar una experiencia subjetiva de las cosas divinas es modernismo implícito, que ya fuera condenado por San Pío X.

Por supuesto que un resumen tan escueto no le hace justicia a la documentada y bien armada argumentación del libro, así que los lectores no pueden sino ser urgidos a leerlo por sí mismos tan pronto como la Editorial Angelus Press lo publique en inglés (Kansas City, 1-800-966-7337).
Mientrastanto, las recientes ruedas de negociaciones Roma/SSPX han demostrado, por lo menos hasta ahora, que al insistir SSPX en la Misa está custodiando primariamente el interés de la Iglesia Universal; que SSPX está lejos de tener una mentalidad cismática, y que Roma no está lista todavía para soltar su nueva religión. También podemos estar agradecidos por la medida de protección de la Verdad que Roma nos ha concedido, sin proponérselo, por la "excomunión" que nos aislara durante 12 años hasta hoy de mucha de la contaminación de la Nueva iglesia.

Paciencia. Con y, si es necesario, sin la querida SSPX, la Verdad prevalecerá. Solo desconocemos de esta prevalencia sus tiempos y su mecánica.

Entrañablemente vuestro en Cristo

† Richard Williamson

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