Cartas de Monseñor Williamson
LA VERDAD PREVALECE… CINCO VECES
Noviembre de 2002

 


Apreciados Amigos y Benefactores:
Santo Tomás de Aquino dice que para Dios es más fácil crear una nueva galaxia que cambiar la libre voluntad de un ser humano. Especialmente desde el Segundo Concilio Vaticano, los hombres de iglesia emplearon su libre albedrío prácticamente para destruir la Iglesia Católica. Seguramente lo que Dios hace ahora es permitir que las almas de buena voluntad aprendan por las malas que Su Iglesia no puede ser destruida. Permítasenos dar algunos indicios de la forma en que la nueva religión Conciliar está lenta pero ciertamente dejando de funcionar, mientras que la religión verdadera poco a poco recupera vigor.

En primer término, el Congreso llevado a cabo en París hace un mes, fundamentalmente a cargo de sacerdotes y laicos de la Fraternidad, para estudiar la religión surgida del Segundo Concilio Vaticano, fue sin lugar a dudas, un éxito. Asistieron alrededor de 60 sacerdotes y unas dos docenas de laicos y la gran mayoría aportó trabajos de revisión más o menos importantes sobre ciertos aspectos del Vaticano II.

Es imposible reunir en un simple resumen la diversidad de aportes sobre tan vasto tema como es, en efecto, el hundimiento de la Iglesia de Dios por sus propios hombres. Lo interesante fue la notable unidad de pensamiento respecto del Vaticano II en medio de tanta variedad de colaboradores. El nuevo Superior del distrito francés de la Fraternidad temía antes del Congreso que todos sus sacerdotes franceses empezaran a discutir unos con otros –¿de dónde pudo sacar semejante idea?- pero sucedió exactamente lo contrario. Todo mundo estuvo de acuerdo en que el Vaticano II estaba introduciendo una nueva religión humanística, inaceptable para los católicos.

Bueno, en cierta forma, no resultó una sorpresa que sacerdotes de esa Sociedad que fue levantada por Dios al despertar del Vaticano II para defender la verdadera Fe, los encontrara a todos de acuerdo sobre la acendrada nocividad de este Concilio. Sin embargo, el interés de los sacerdotes y su unidad respecto de desmantelar el Concilio fueron tranquilizadores. En especial, los fieles franceses de la Fraternidad así como creo, un buen número de ustedes mismos, se alegraron de saber que sus sacerdotes atacaban al Vaticano II y llegaban a conclusiones no precisamente blandas al respecto.

Un segundo indicador de la debilidad de los eclesiásticos conciliares es su propio interés actual por hablar con la Fraternidad de San Pío X. Hace ya décadas que han pretendido que éramos “divisores”, “desobedientes”, “cismáticos” y, desde 1988, “excomulgados”, de modo que uno pensaría que nuestro “pavo” hace rato que fue “cocinado”, como dice la expresión popular. No obstante, debe ser que los de Roma todavía ven que el pavo patalea porque aquí acontece otra instancia de su retorno al ataque, pero que puede ser “razonablemente desmentido”; o sea: lo hacen por canales tales que dado el caso les permitan desmentir que alguna vez hayan hecho semejante cosa. La estrategia es ésta:

“Se avecina una crisis en la Iglesia. Las cosas ya no pueden seguir como están. Queremos evitar otro largo congelamiento o guerra durante otros 40 años. Queremos una solución en muy corto plazo. También la Fraternidad cometió sus errores, pero está en mejor posición que nunca (!). Sin embargo, tiene que cambiar un poco, desde la Tradición hacia la transición. El realismo requiere diálogo, el diálogo necesita el encuentro de las dos partes y la Providencia ayudará solo si ellos lo hacen.
“El Papa Juan Pablo II quiere una solución y puede lograr un trato con la FSSPX como no podrá hacer su sucesor. Tal vez el Cardenal Castrillón sea el próximo Papa, pero si llega a serlo ya no podrá hacer la misma oferta, de un trato que ni el propio Monseñor Lefevbre rehusaría.
“El Cardenal Castrillón quiere hacer lo que está bien. Tiene poder y acceso al Papa Juan Pablo. Puede conseguir para la Fraternidad todo lo que la Fraternidad quiera, pero no puede cambiar la Iglesia Nueva de la noche a la mañana. Que la Fraternidad visite al nuevo obispo tradicionalista de Campos aprobado por Roma, Monseñor Rifán, y vea cómo la Tradición puede lograr lo que quiera de Roma. La oferta a la Fraternidad es ahora de aprobación incondicional en el plazo de semanas”.

Roma ahora puede negar absolutamente – y ver que resulte plausible- que haya hecho semejante contacto con nadie de la Fraternidad. Sin embargo, a mí me parece también plausible que semejante táctica bien armada es perfectamente lo que podría haber salido de Roma. En tal caso, yo, de mi parte, le respondería al eminente Cardenal que lo que la Fraternidad pide de Roma es precisamente lo que sus canales se preocuparon de decir que no concedería- poner término al cucú de la Iglesia Nueva que ocupa el nido de la Iglesia Católica.

Pese a todo, un tercer indicador sugiere que hay quizás, solo quizás, más de este tipo de estrategia del Cardenal Hoyos que lo que el ojo percibe. Se ha informado a través de un sacerdote dominicano en Roma que hacia fines de julio último y principios de agosto, la Virgen se apareció una docena de veces al Papa Juan Pablo II para advertirle que la crisis de la Iglesia se va a agravar alarmantemente. El Papá quedó dolido. Nada dijo Ella de acontecimientos mundiales. Todas las figuras prominentes de la Curia y del Vaticano están al tanto de estas apariciones, pero nadie dice una palabra. Parecería que las apariciones son un asunto serio, como para no desentenderse así como así.

Nuevamente, pocas cosas son más pasibles de desmentir que las apariciones de la Bendita Madre de Dios pero, otra vez, un agravamiento alarmante de la crisis de la Iglesia es, en la presente situación, más que probable. Entonces, si el supuesto deseo del Cardenal Castrillón de reabrir el diálogo con la Fraternidad está absolutamente motivado por semejantes advertencias de la Virgen, ya no estamos tratando simplemente con la política de Roma sino que oímos un sofocado llamado de ayuda.

Ante lo cual la respuesta que permanece es que la Fraternidad no puede aportar una solución aliándose al problema. Si alguien piensa –acertadamente- que la Fraternidad tiene la solución en sus manos, es precisamente porque ya hace décadas que, sin dejar de pertenecer a la Iglesia, se mantuvo apartada de la Iglesia Nueva. A medida que la Iglesia Nueva da tumbos y se ahoga en el torrente del mundo moderno, el más grande servicio que la Fraternidad puede rendir a las numerosas víctimas que son arrastradas a la perdición es correr a su lado a lo largo de la costa de la Tradición pero, de ninguna manera, saltar del banco hacia las aguas peligrosas. Con todo el debido respeto, Su Eminencia, Ud. necesita desplazarse, y no solo un poco, de la transición a la Tradición.

Un cuarto indicador de la debilidad del Conciliarismo, o del peligro del Vaticano II, es el libro recientemente publicado “Animus Delendi II” de Atila Sinke Guimarâes. Es el quinto tomo de su serie de once tomos “Elí, Elí, Lama Sabachtani” que documenta la traición de la Fe Católica por los pensadores, escritores y líderes del Vaticano II. El primero y el cuarto tomos, “Las sombrías aguas del Vaticano II” y “Animus Delendi I” son los únicos tomos de la serie publicados hasta ahora. Si después del tomo I el Sr. Guimarâes saltó a los tomos IV y V es porque quería denunciar públicamente cuanto antes que lo que verdaderamente animaba a los espíritus amos del Concilio era el deseo de destruir (“animus delendi” en Latín).

Los tomos I y IV fueron presentados sucintamente en esta Carta del Seminario en julio del año pasado. Querría volver al Tomo V en una carta futura, porque en tanto que la caridad “no se regocija con la iniquidad”, sí lo hace “con la verdad” (Cor I XIII, 6) y el Sr. Guimarâes han prestado un gran servicio a la verdad al sumar cita tras cita para demostrar qué lejos de la verdad empujaron al Vaticano II las mentes que buscaban ser modernas.

El quinto indicador es más positivo, lo que nos da a los católicos una respuesta a la apostasía implícita en las ambigüedades del Vaticano II. Es el libro “Marcel Lefevbre” escrito en un francés impecable y magnífico por Monseñor Tissier de Mallerais, uno de los cuatro obispos consagrados por Monseñor Lefevbre en 1988.

Monseñor Tissier fue un colaborador íntimo de Monseñor desde los comienzos de la Fraternidad a fines de la década de 1960 y hasta la muerte de Monseñor en 1991. Bien puede pensarse que Monseñor Tissier estuvo demasiado cerca de Monseñor como para haber podido escribir un relato objetivo de su vida. Sin embargo, este monumental libro, fruto de 10 años de ardua labor, parece llamado a quedar como la biografía más completa de Monseñor por un largo tiempo. Ciertamente presenta al Monseñor que yo conocí, con esas cualidades supremas de mansedumbre, desprendimiento y objetividad que le permitieron oponerse al rampante subjetivismo de los eclesiásticos modernizados. Volveré sobre este magnífico libro apenas se publique su traducción al inglés.
Queridos lectores, la Verdad de Dios triunfará. Solo roguemos para que muchas voluntades, tantas como sea posible, se dejen reconquistar por la Verdad, antes de perderse para siempre.
Con los mejores deseos y bendiciones en Cristo

Monseñor Richard Williamson



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