Cartas de Monseñor Williamson
CAMPOS - ¿QUÉ SALIÓ MAL?
Junio 1, 2002

 


Queridos amigos y Benefactores:
En febrero, esta carta presentó la caída, que culminó en enero, del Obispo y los sacerdotes tradicionalistas de Campos en las garras de la Roma neomodernista. La caída fue una desilusión para la Sociedad de San Pío X, cuya posición largamente mantenida a favor de la Verdad compartieron durante 20 años. Pienso que para explicar esta caída se justifica ahondar para Uds. en la presentación de un análisis que me envió hace poco un sacerdote de Brasil, amigo de la SSPX, y que durante largo tiempo fuera amigo de los sacerdotes de Campos. Esto es lo que me ha escrito:
“Ya tengo listo para despachar en el correo el análisis de uno de nuestros sacerdotes sobre Campos, o más bien sobre las últimas declaraciones provenientes de Campos, que se contraponen con lo que solían enseñar. Sin embargo, esta comparación no va al meollo del problema. En mi opinión, el meollo tiene que buscarse en la preeminente altitud de miras de Monseñor Lefebvre, una visión trascendente de las cosas que no tiene Campos.
"El Arzobispo había logrado una visión muy equilibrada de todo el problema de la Iglesia, como fruto de su experiencia y espíritu de oración, de sus virtudes y dones recibidos de Dios. En sus últimos años, Monseñor de Castro Mayer se había acercado a Monseñor, pero parece que los sacerdotes de Campos no tenían la sabiduría de su propio Obispo y tal vez, tampoco su humildad. En mi opinión, los sacerdotes de Campos han retrocedido porque miran la crisis de la Iglesia desde una perspectiva distinta.
"Permítaseme explicarlo: Hasta las consagraciones de 1988 Monseñor de Castro Mayer reaccionó en forma curiosa a la crisis. Por una lado, era legalista, y tendía a adherirse a la letra de la ley. Por ejemplo, cuando dejó de ser obispo diocesano de Campos, no ordenó más obispos excepto el que ordenó después de las Consagraciones de 1988. Por otro lado, tenía una tendencia al sedevacantismo, como cuando dijo de Juan Pablo II, “Quien no pertenece al cuerpo de la Iglesia no puede ser su cabeza”.
"Monseñor Lefebvre estaba al tanto de esta doble inclinación de Monseñor de Castro Mayer, y es por esto que diría del legalismo del Obispo, “Monseñor de Castro Mayer debe entender que hoy tenemos que “ir contra la ley” en caso necesario (un comentario que debe entenderse, obviamente, en el presente contexto), y respecto de su sedevacantismo, Monseñor Lefebvre afirmó, “De no ser por mí, Monseñor de Castro Mayer sería sedevacantista, pero para no desunirnos, se abstiene del sedevacantismo”.
"Creo que Monseñor tenía razón. Existían las dos tendencias en Monseñor de Castro Mayer, la legalista y la sedevacantista, moderadas por su amistad con Monseñor Lefebvre, lo que permitió que Monseñor de Castro Mayer tomara posiciones valientes y bien fundadas. No obstante, parece que los sacerdotes de Campos nunca lograron sacudirse de encima estas dos falsas formas de situar el problema de hoy, pues me parecen que razonan como los sedevacantistas: “Si Juan Pablo II es el Papa, debemos obedecerlo. Si no lo obedecemos, debemos declarar que no es el Papa”...
"Yo considero que a los sacerdotes de Campos les falta claridad para ver las cosas. Su visión de esta crisis es demasiado simple. ¿Por qué se volvieron atrás? O bien nunca pensaron que la crisis era como la juzgaba Monseñor o, bajo la influencia de alguno de los suyos, se desviaron y dejaron la buena senda en la que los había dejado Monseñor de Castro Mayer antes de morir... Lo más seguro y cierto es que ellos siempre mantuvieron una cierta distancia con la Sociedad”.
Aquí termina el análisis de la caída de la Tradición en Campos por un sacerdote brasileño, amigo de la Sociedad. Es un análisis que abunda en enseñanzas y en recordatorios sobre el modo en que produce sus daños esta crisis de 40 años de la Iglesia.
Primero, relativicemos la crítica implícita hecha a Monseñor de Castro Mayer en este análisis, recordando sus inmensos logros que no son el propósito de este análisis. La Tradición Católica tiene pocos héroes hoy en día y Monseñor de Castro Mayer es indudablemente uno de ellos.
Cuando comenzó el Segundo Concilio Vaticano en 1962, tenía 56 años y era el Obispo regular de la pequeña diócesis de Campos. Durante el Concilio fue un firme opositor de la Revolución de los neomodernistas que derribó a la Iglesia, y después del Concilio, no iba a permitir que su diócesis siguiera esta nueva religión. Cuando el Papa Pablo VI impuso la Nueva Misa en 1969, Monseñor de Castro Mayer muy respetuosamente lo resistió en su propia cara y permitió que sus sacerdotes siguieran celebrando la verdadera Misa. El buen obispo fue secundado en esta fidelidad a la vieja religión por la gran mayoría de sus sacerdotes y del pueblo, así que en medio de las miles de diócesis de la Iglesia en todo el mundo que se dejaban llevar (al menos objetivamente) a la apostasía, solo su diócesis permaneció esencialmente Católica.
En 1981, a la edad de 75 años, tuvo que retirarse. Para sucederlo, la Nueva iglesia le envió un obispo de cepo y cadenas que aplastara la diócesis Tradicional. Es entonces cuando Monseñor de Castro Mayer y sus sacerdotes fieles comienzan a asociarse públicamente con la Sociedad de San Pío X en su política de reconstrucción dentro de la corriente de la Iglesia y no fuera de la Iglesia Católica. Bajo su liderazgo, sus sacerdotes construyeron para la Misa verdadera una serie de nuevas capillas cerca de las iglesias parroquiales que tenían y que habían sido capturadas para la nueva religión.
Y de esta manera, la heroica defensa de la Fe de Monseñor de Castro Mayer continuó en Campos hasta su fallecimiento, en abril de 1991, cuando sus sacerdotes fieles se congregaron alrededor de su lecho de muerte. No hay duda de que si hubiera vivido más tiempo habría mantenido el curso que estableciera entre 1981 y 1991, y puede caber escasa o ninguna duda de que estos sacerdotes hubieran seguido junto a él. Tal como fueron las cosas, les llevó 10 años retornar al poderoso campo magnético de la “obediencia a Roma”.
Era necesario recordar esta fidelidad y logros únicos de Monseñor de Castro Mayer, no sea cosa que alguien piense que el análisis del sacerdote citado previamente tuviera la intención de denostarlo. En absoluto. Pero lo que hace el análisis es recordarnos el increíble poder de la apostasía de la década de 1960, que incluso en la década siguiente tuvo a un excelente Obispo oscilando entre las dos falsas soluciones hermanas del legalismo y el sedevacantismo, hasta que, gracias a un obispo más grande todavía, logró estabilizar su equilibrio Católico a lo largo de los años ochenta.
Que una apostasía arrastre a millones de católicos, a miles de sacerdotes y cientos de obispos no extraña, pues, eso es lo que sucede con las apostasías. Pero que, como sugiere el análisis precitado, -y pienso que está en lo correcto- incluso que un hombre de Iglesia de la altura de Monseñor de Castro Mayer se tambaleara en la turbulencia del Vaticano II testimonia la fuerza volcánica de todo lo que había detrás de ese Concilio - y otra vez creo que el análisis aquí es correcto - y de los extraordinarios dones y sabiduría de Monseñor Lefebvre.
Está lejos de mí el dispensar un culto a la personalidad de Monseñor Lefebvre o de declarar que era infalible o perfecto. No obstante, he ahí los frutos que nos hablan de cuánto nos ha dado Dios en él y qué don de Dios constituyó él para nosotros: La guía de su ejemplo permitió que un sabio par suyo mantuviera fuera del agua las cabezas de los sacerdotes de Campos que lo rodeaban, pero ahora que ambos obispos han muerto, estos sacerdotes se deslizan bajo las aguas de la apostasía -¡Que descansen en paz!
Pero no pueden. Ya los sacerdotes están tomando posiciones que contradicen todo lo que ellos dijeron e hicieron durante los últimos 20 años. Pronto estarán produciendo poco más fruto que el resto de la Iglesia Conciliar y mientras tanto, han escandalizado y enajenado a todos los Católicos de la Tradición.
En tanto que la Sociedad, manteniendo los lineamientos de Monseñor Lefebvre, continúa dando frutos católicos, como pude comprobar en mis recientes viajes a las Filipinas y Alemania. En Filipinas tenemos actualmente una docena de centros de Misa, todos bien atendidos por católicos gozosos de unirse o de volverse a unir a la Fe verdadera, mientras que en nuestros centros alemanes están finalmente reapareciendo familias con gran número de hijos. A Alemania le ha llevado tiempo debido a que la “cultura” antinatalidad ha sido muy fuerte, pero la Fe finalmente triunfa. Este florecimiento de los hijos en una Europa consagrada a la muerte es como un milagro, si bien nadie que conozca el poder de la Fe puede sorprenderse.
Y la Roma tan consagrada a la muerte continúa atormentando a la Sociedad y, si pudiera, la dejaría tullida. El Cardenal Castrillón Hoyos habló recientemente de la Sociedad a la prensa italiana como si estuviera compuesta por una mayoría de obispos, sacerdotes, laicos, etc., razonables, que quieren re-unirse a Roma, en tanto que una minoría “difícil y fanática” quizás continúe en “el cisma, creyendo que posee la verdad, y olvidando que donde está Pedro está la Iglesia”. ¡Y después niega que esté tratando de dividir a la Sociedad!
Uno puede rezar por el Cardenal, así como por los sacerdotes de Campos, pero humanamente hablando, uno puede temer que sólo aumente su ceguera. ¡Señor ten misericordia - de todos nosotros!
En el Capítulo Doctrinal que tendrá lugar en el Seminario entre el 30 de julio y el 3 de agosto se estudiarán las siguientes encíclicas - De TAN: “Los Papas contra los errores Modernistas”, "Diuturnum Illud", "Rerum Novarum", "Le Sillon", "Lamentabili" y el Juramento antimodernista; de TAN: “Una luz en los Cielos”, "Satis Cognitum". Pongan su firma, señores, para comprobar que la Sociedad de San Pío X solo defiende lo que la Iglesia Católica siempre ha defendido.
El sábado 22 de junio tendrán lugar ordenaciones sacerdotales aquí en Winona. Cuanto más numerosos sean Uds., para venir y mostrar su alegría y aprecio a nuestros cuatro nuevos sacerdotes “lefevbristas”, más vocaciones Dios seguramente se inclinará despertar. ¡Vengan, y llenen nuestros prados con sus hijos, que así llenarán su seminario de seminaristas!
Sinceramente vuestro en el Sagrado Corazón de Jesús,

+ Richard Williamson


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