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Queridos
amigos y Benefactores:
En febrero, esta carta presentó la caída,
que culminó en enero, del Obispo y los
sacerdotes tradicionalistas de Campos en las garras
de la Roma neomodernista. La caída fue
una desilusión para la Sociedad de San
Pío X, cuya posición largamente
mantenida a favor de la Verdad compartieron durante
20 años. Pienso que para explicar esta
caída se justifica ahondar para Uds. en
la presentación de un análisis que
me envió hace poco un sacerdote de Brasil,
amigo de la SSPX, y que durante largo tiempo fuera
amigo de los sacerdotes de Campos. Esto es lo
que me ha escrito:
“Ya tengo listo para despachar en el correo
el análisis de uno de nuestros sacerdotes
sobre Campos, o más bien sobre las últimas
declaraciones provenientes de Campos, que se contraponen
con lo que solían enseñar. Sin embargo,
esta comparación no va al meollo del problema.
En mi opinión, el meollo tiene que buscarse
en la preeminente altitud de miras de Monseñor
Lefebvre, una visión trascendente de las
cosas que no tiene Campos.
"El Arzobispo había logrado una visión
muy equilibrada de todo el problema de la Iglesia,
como fruto de su experiencia y espíritu
de oración, de sus virtudes y dones recibidos
de Dios. En sus últimos años, Monseñor
de Castro Mayer se había acercado a Monseñor,
pero parece que los sacerdotes de Campos no tenían
la sabiduría de su propio Obispo y tal
vez, tampoco su humildad. En mi opinión,
los sacerdotes de Campos han retrocedido porque
miran la crisis de la Iglesia desde una perspectiva
distinta.
"Permítaseme explicarlo: Hasta las
consagraciones de 1988 Monseñor de Castro
Mayer reaccionó en forma curiosa a la crisis.
Por una lado, era legalista, y tendía a
adherirse a la letra de la ley. Por ejemplo, cuando
dejó de ser obispo diocesano de Campos,
no ordenó más obispos excepto el
que ordenó después de las Consagraciones
de 1988. Por otro lado, tenía una tendencia
al sedevacantismo, como cuando dijo de Juan Pablo
II, “Quien no pertenece al cuerpo de la
Iglesia no puede ser su cabeza”.
"Monseñor Lefebvre estaba al tanto
de esta doble inclinación de Monseñor
de Castro Mayer, y es por esto que diría
del legalismo del Obispo, “Monseñor
de Castro Mayer debe entender que hoy tenemos
que “ir contra la ley” en caso necesario
(un comentario que debe entenderse, obviamente,
en el presente contexto), y respecto de su sedevacantismo,
Monseñor Lefebvre afirmó, “De
no ser por mí, Monseñor de Castro
Mayer sería sedevacantista, pero para no
desunirnos, se abstiene del sedevacantismo”.
"Creo que Monseñor tenía razón.
Existían las dos tendencias en Monseñor
de Castro Mayer, la legalista y la sedevacantista,
moderadas por su amistad con Monseñor Lefebvre,
lo que permitió que Monseñor de
Castro Mayer tomara posiciones valientes y bien
fundadas. No obstante, parece que los sacerdotes
de Campos nunca lograron sacudirse de encima estas
dos falsas formas de situar el problema de hoy,
pues me parecen que razonan como los sedevacantistas:
“Si Juan Pablo II es el Papa, debemos obedecerlo.
Si no lo obedecemos, debemos declarar que no es
el Papa”...
"Yo considero que a los sacerdotes de Campos
les falta claridad para ver las cosas. Su visión
de esta crisis es demasiado simple. ¿Por
qué se volvieron atrás? O bien nunca
pensaron que la crisis era como la juzgaba Monseñor
o, bajo la influencia de alguno de los suyos,
se desviaron y dejaron la buena senda en la que
los había dejado Monseñor de Castro
Mayer antes de morir... Lo más seguro y
cierto es que ellos siempre mantuvieron una cierta
distancia con la Sociedad”.
Aquí termina el análisis de la caída
de la Tradición en Campos por un sacerdote
brasileño, amigo de la Sociedad. Es un
análisis que abunda en enseñanzas
y en recordatorios sobre el modo en que produce
sus daños esta crisis de 40 años
de la Iglesia.
Primero, relativicemos la crítica implícita
hecha a Monseñor de Castro Mayer en este
análisis, recordando sus inmensos logros
que no son el propósito de este análisis.
La Tradición Católica tiene pocos
héroes hoy en día y Monseñor
de Castro Mayer es indudablemente uno de ellos.
Cuando comenzó el Segundo Concilio Vaticano
en 1962, tenía 56 años y era el
Obispo regular de la pequeña diócesis
de Campos. Durante el Concilio fue un firme opositor
de la Revolución de los neomodernistas
que derribó a la Iglesia, y después
del Concilio, no iba a permitir que su diócesis
siguiera esta nueva religión. Cuando el
Papa Pablo VI impuso la Nueva Misa en 1969, Monseñor
de Castro Mayer muy respetuosamente lo resistió
en su propia cara y permitió que sus sacerdotes
siguieran celebrando la verdadera Misa. El buen
obispo fue secundado en esta fidelidad a la vieja
religión por la gran mayoría de
sus sacerdotes y del pueblo, así que en
medio de las miles de diócesis de la Iglesia
en todo el mundo que se dejaban llevar (al menos
objetivamente) a la apostasía, solo su
diócesis permaneció esencialmente
Católica.
En 1981, a la edad de 75 años, tuvo que
retirarse. Para sucederlo, la Nueva iglesia le
envió un obispo de cepo y cadenas que aplastara
la diócesis Tradicional. Es entonces cuando
Monseñor de Castro Mayer y sus sacerdotes
fieles comienzan a asociarse públicamente
con la Sociedad de San Pío X en su política
de reconstrucción dentro de la corriente
de la Iglesia y no fuera de la Iglesia Católica.
Bajo su liderazgo, sus sacerdotes construyeron
para la Misa verdadera una serie de nuevas capillas
cerca de las iglesias parroquiales que tenían
y que habían sido capturadas para la nueva
religión.
Y de esta manera, la heroica defensa de la Fe
de Monseñor de Castro Mayer continuó
en Campos hasta su fallecimiento, en abril de
1991, cuando sus sacerdotes fieles se congregaron
alrededor de su lecho de muerte. No hay duda de
que si hubiera vivido más tiempo habría
mantenido el curso que estableciera entre 1981
y 1991, y puede caber escasa o ninguna duda de
que estos sacerdotes hubieran seguido junto a
él. Tal como fueron las cosas, les llevó
10 años retornar al poderoso campo magnético
de la “obediencia a Roma”.
Era necesario recordar esta fidelidad y logros
únicos de Monseñor de Castro Mayer,
no sea cosa que alguien piense que el análisis
del sacerdote citado previamente tuviera la intención
de denostarlo. En absoluto. Pero lo que hace el
análisis es recordarnos el increíble
poder de la apostasía de la década
de 1960, que incluso en la década siguiente
tuvo a un excelente Obispo oscilando entre las
dos falsas soluciones hermanas del legalismo y
el sedevacantismo, hasta que, gracias a un obispo
más grande todavía, logró
estabilizar su equilibrio Católico a lo
largo de los años ochenta.
Que una apostasía arrastre a millones de
católicos, a miles de sacerdotes y cientos
de obispos no extraña, pues, eso es lo
que sucede con las apostasías. Pero que,
como sugiere el análisis precitado, -y
pienso que está en lo correcto- incluso
que un hombre de Iglesia de la altura de Monseñor
de Castro Mayer se tambaleara en la turbulencia
del Vaticano II testimonia la fuerza volcánica
de todo lo que había detrás de ese
Concilio - y otra vez creo que el análisis
aquí es correcto - y de los extraordinarios
dones y sabiduría de Monseñor Lefebvre.
Está lejos de mí el dispensar un
culto a la personalidad de Monseñor Lefebvre
o de declarar que era infalible o perfecto. No
obstante, he ahí los frutos que nos hablan
de cuánto nos ha dado Dios en él
y qué don de Dios constituyó él
para nosotros: La guía de su ejemplo permitió
que un sabio par suyo mantuviera fuera del agua
las cabezas de los sacerdotes de Campos que lo
rodeaban, pero ahora que ambos obispos han muerto,
estos sacerdotes se deslizan bajo las aguas de
la apostasía -¡Que descansen en paz!
Pero no pueden. Ya los sacerdotes están
tomando posiciones que contradicen todo lo que
ellos dijeron e hicieron durante los últimos
20 años. Pronto estarán produciendo
poco más fruto que el resto de la Iglesia
Conciliar y mientras tanto, han escandalizado
y enajenado a todos los Católicos de la
Tradición.
En tanto que la Sociedad, manteniendo los lineamientos
de Monseñor Lefebvre, continúa dando
frutos católicos, como pude comprobar en
mis recientes viajes a las Filipinas y Alemania.
En Filipinas tenemos actualmente una docena de
centros de Misa, todos bien atendidos por católicos
gozosos de unirse o de volverse a unir a la Fe
verdadera, mientras que en nuestros centros alemanes
están finalmente reapareciendo familias
con gran número de hijos. A Alemania le
ha llevado tiempo debido a que la “cultura”
antinatalidad ha sido muy fuerte, pero la Fe finalmente
triunfa. Este florecimiento de los hijos en una
Europa consagrada a la muerte es como un milagro,
si bien nadie que conozca el poder de la Fe puede
sorprenderse.
Y la Roma tan consagrada a la muerte continúa
atormentando a la Sociedad y, si pudiera, la dejaría
tullida. El Cardenal Castrillón Hoyos habló
recientemente de la Sociedad a la prensa italiana
como si estuviera compuesta por una mayoría
de obispos, sacerdotes, laicos, etc., razonables,
que quieren re-unirse a Roma, en tanto que una
minoría “difícil y fanática”
quizás continúe en “el cisma,
creyendo que posee la verdad, y olvidando que
donde está Pedro está la Iglesia”.
¡Y después niega que esté
tratando de dividir a la Sociedad!
Uno puede rezar por el Cardenal, así como
por los sacerdotes de Campos, pero humanamente
hablando, uno puede temer que sólo aumente
su ceguera. ¡Señor ten misericordia
- de todos nosotros!
En el Capítulo Doctrinal que tendrá
lugar en el Seminario entre el 30 de julio y el
3 de agosto se estudiarán las siguientes
encíclicas - De TAN: “Los Papas contra
los errores Modernistas”, "Diuturnum
Illud", "Rerum
Novarum", "Le Sillon", "Lamentabili"
y el Juramento
antimodernista; de TAN: “Una luz en
los Cielos”, "Satis
Cognitum". Pongan su firma, señores,
para comprobar que la Sociedad de San Pío
X solo defiende lo que la Iglesia Católica
siempre ha defendido.
El sábado 22 de junio tendrán lugar
ordenaciones sacerdotales aquí en Winona.
Cuanto más numerosos sean Uds., para venir
y mostrar su alegría y aprecio a nuestros
cuatro nuevos sacerdotes “lefevbristas”,
más vocaciones Dios seguramente se inclinará
despertar. ¡Vengan, y llenen nuestros prados
con sus hijos, que así llenarán
su seminario de seminaristas!
Sinceramente vuestro en el Sagrado Corazón
de Jesús,
+ Richard Williamson
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