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Queridos
amigos y benefactores:
Así que un nuevo año académico
ha llegado a glorioso término con la ordenación
de cuatro nuevos sacerdotes, tres estadounidenses
y uno canadiense, este 22 de junio en Winona.
El día previo, una violenta tormenta y
viento habían comenzado a rasgar la tienda
levantada para la ocasión y hubo que reemplazar
una gran parte, como leerán en "Verbum"
de agosto, pero todo se arregló a tiempo
para la ceremonia que tuvo lugar con un tiempo
hermoso.
Asistieron unas dos mil almas de todos los Estados
Unidos y de más lejos. ¡Cuántos
rostros familiares! La gente vuelve año
tras año en busca de las gracias especiales
que acompañan el nacimiento de nuevos sacerdotes
y la celebración de sus primeras Misas.
Los colegas del Seminario comentaron cómo
los congregados este año parecían
especialmente recogidos y felices.
Estaba lleno de niños, como esperaba, y
el correspondiente número de padres jóvenes.
¡Qué delicia es siempre ver madres
jóvenes, verdaderamente cumplidoras al
hacer la voluntad de Dios en el hogar, recompensadas
con una delicada femineidad que el feminismo mundano
tanto destruye! En apoyo de estas madres jóvenes
y de sus hijos y hogares, permítanme citar
extensamente un artículo de un colega de
Francia que dirige una casa de retiros, por cuyas
manos pasan entonces cada año muchos padres
y madres jóvenes.
El Padre Delagneau comienza lamentándose
de los muchos hogares que ve rotos o que están
a punto de romperse, con esposos desestabilizados
y expuestos a un gran peligro espiritual, e hijos
perturbados para toda la vida. Esta ruptura no
parece ser un problema para los mundanos, pero
debe llevar a los católicos a tomarse un
momento para reflexionar: estas rupturas no suceden
de la noche a la mañana, por lo tanto,
¿qué es lo que yo hago ahora en
mi propio hogar que pueda estar llevándolo
en esa dirección?
Siguiendo a San Pablo su artículo está
dividido en dos partes: “Esposos amen a
vuestra esposa” (como Cristo amó
a la Iglesia entregándose él mismo
por ella. Ef V, 25), y "Esposas someteos
a vuestro marido" (como al Señor,
porque el esposo es la cabeza de la mujer, como
Cristo es la Cabeza de la Iglesia, su Cuerpo.
Ef V, 22). La complementación entre el
hombre y la mujer; emprenderla es clave para comprender
el matrimonio, y consustanciarse con ella es la
clave para vivir un matrimonio feliz, es una maravilla
de la naturaleza creada por Dios como parte del
diseño de los dos sexos. Sin embargo, obsérvese
la referencia a Cristo y a su Iglesia en las dos
citas precedentes, tomadas de la Epístola
para la Misa de Esponsales de la Iglesia Católica.
Esta referencia significa que solo la gracia o
la Fe sobrenatural en Cristo y en su Esposa, la
Iglesia, puede dar la medida cabal y, si hubiera
menester, la protección, de esta maravilla
natural.
El Padre Delagneau hace notar que mientras que
en los viejos tiempos era la esposa la que podía
soportar muchísimo, y de hecho lo hacía,
para salvar el hogar, hoy suele ser ella la que
inicia el proceso de separación porque
la vida de hogar parece haberse vuelto imposible
de vivir. Aún así, la separación
es una anti-solución, de manera que el
Padre Delagneau comienza dirigiéndose a
los esposos:
"Primeramente, recuerden que por su naturaleza
la esposa es más sensible, más emocional
y por eso, ciertas preocupaciones o problemas
del hogar pesan sobre ella más gravosamente.
Y si ella permanece en casa, tiene poca posibilidad
de conversar o de mantener actividades fuera del
hogar que aparten su mente de estos inconvenientes
que adquieren una importancia que su esposo difícilmente
pueda entender, lo que gasta sus nervios.
"De la misma manera, el lado sensible de
la mujer explica cómo todo gravita en ella
una vez que ha perdido la confianza en su esposo.
Se pone tensa y distante y está a la defensiva,
lo que aumenta su cansancio nervioso.
"Recuperar la confianza es un proceso largo
y el esposo necesitará demostrar gran delicadeza
para probar que realmente intenta cambiar. Pero
ése es el precio que él debe pagar,
porque sin confianza el matrimonio no va a ninguna
parte. Sin confianza, las decisiones nunca se
toman juntos y las relaciones se tornan pesadas
y superficiales mientras que se hacen más
frecuentes los estallidos y las palabras descorteses.
"Dense cuenta que por su naturaleza, la mujer
puede cargar un largo tiempo con cosas y soportar
dificultades sin demostrarlo, pero si un día
se quiebra puede ser muy difícil de reparar.
Entonces ella se entrega a la depresión
nerviosa o se queda como fijada en algún
problema.
"Finalmente, reparen simplemente en lo desgastante
que puede ser el trabajo del hogar. Muchos esposos
creen que mantener la casa y criar hijos no es
una tarea pesada. Pero aunque parezca que mantener
la casa no es tanto, sí requiere tiempo,
esfuerzo y organización. Criar hijos exige
además toda la atención de una madre,
control de sí misma y disposición
para dejar todo de lado. Tales obligaciones también
originan una auténtica fatiga nerviosa.
La madre no tiene la misma autoridad que el padre
para arreglar problemas. Afortunadamente tiene
más amabilidad, paciencia y comprensión,
de manera que es más abnegada.
"Criar hijos, especialmente si ellos son
muy seguidos, al mismo tiempo que cuidar la casa,
representa una carga adicional para la salud de
la madre que debe tomarse en cuenta.
"Si el esposo tiene esto en mente y mucho
más, además, amará a su esposa
con un amor distinto, y ejercerá su autoridad
como cabeza de la casa con más delicadeza
y amabilidad. He aquí algunas sugerencias:
"Primeramente, hará un verdadero esfuerzo
para no permitir que su trabajo le arrebate su
vida de forma que nunca está en casa para
tomar parte activa en la vida familiar (los deberes
de los hijos, juegos, conversación, dar
una mano en la casa o ayudar con los platos para
hacer la vida de la esposa más llevadera).
"Después se buscará tiempo
para hablar con ella, escuchar los principales
episodios del día de ella y animarla y
felicitarla y darle algunas sugerencias. Olvidando
su propio cansancio él también le
contará su día y las cosas que pasaron,
recordando que ella a menudo no mantiene ninguna
conversación adulta en todo el día
y necesita algo que le abra la mente.
"Estará atento a la fatiga nerviosa
de su esposa, y será realista. De esta
forma podrá aconsejarla como organizar
mejor las cosas y que se aboque a lo básico.
Con su autoridad varonil ayudará a la educación
de sus hijos, de manera que ella no quede empantanada
con su salvajismo. También vigilará
el descanso y la salud de ella e incluso cambiará
sus horarios para que ella pueda tomarse los necesarios
días libres.
"La esposa es sensible y delicada, de manera
que sabe como agradar. Pero espera recibir algo
así también. Un pequeño gesto,
una pequeña amabilidad, una pequeña
muestra de afecto la hará olvidar muchos
sufrimientos y mucho de su cansancio y le dará
renovadas energías para su trabajo. Lo
que a él puede costarle un pequeño
esfuerzo puede significar mucho para ella, así
que que es bueno que él se proponga hallaresas
pequeñas cosas que tanto significan para
ella.
"La confianza de parte de ella que la hace
contenta y de acuerdo con la forma de pensar de
su esposo se origina en dos cosas; primero, su
respeto por las buenas cualidades de él
y por el éxito de lo que emprende y segundo,
de la disposición de él a secundar
los deseos y el criterioso consejo de ella, de
manera que cuando él toma decisiones, lo
hace en vista del bienestar de la familia como
un todo.
"Esta confianza se adquiere al principio
del matrimonio, pero continúa ganándose
después. Por supuesto que el esposo es
la cabeza de la familia, pero debe aprender a
ejercer su autoridad con firmeza, pero con amabilidad.
Deben evitarse siempre los choques. Ceder no implica
que pierda su autoridad; por el contrario, puede
demostrar que sabe cómo adaptarse a las
circunstancias. La autoridad puede verse minada
por el hecho de nunca resolverse o por ceder siempre.
"En efecto, como dice tan bien San Pablo,
es el amor por la esposa lo que develará
el feliz término medio entre ser firme
y ser amable.
"Bajo determinadas circunstancias, debe saber
arrodillarse y orar a Dios, nuestro Padre, en
busca de luz.
"Para terminar, déjenme señalar
que los problemas familiares no surgen solo en
los hogares ajenos. Que el marido mantenga la
vigilancia para preservar la unión en armonía
en su propio hogar"
Hasta aquí, las recomendaciones del Padre
Delagneau para los maridos. No queda mucho espacio
para citar de su presentación lo relativo
a la necesidad y el modo en que las mujeres se
sometan a sus maridos. Aquí hay algunos
extractos:
"Al convertirse en esposa, la mujer ingresa
a una sociedad jerárquica, la familia,
en la cual la voluntad de Dios es que el hombre
sea la cabeza. De la misma manera en que Cristo
como hombre se sometió a su Padre, así
la mujer como esposa se somete a su marido. Ni
Cristo perdió dignidad por someterse a
su Padre ni la mujer por sujetarse al marido.
Por el contrario, la obediencia ennoblece al alma
porque hace el mayor sacrificio de uno mismo por
Dios, el sacrificio de la propia voluntad...
"Mujeres no escuchen la vil propaganda de
la anticultura que nos rodea, que es deliberadamente
anticristiana y que pisotea la ley de Dios. Escuchen
al Papa Pío XII en su mensaje del año
1941 a las mujeres: 'Numerosas voces llegarán
a ustedes de que la sumisión es de alguna
forma injusta. Sugerirán que sean más
orgullosamente independientes, que en todos los
aspectos ustedes son iguales a sus maridos y que
en muchas formas son superiores. Cuidado con esas
palabras de la serpiente, tentaciones, mentiras.
No sigan los pasos de Eva, sino que guarden el
único camino que puede llevar a la felicidad
incluso aquí abajo. . .'
"En la práctica, la esposa colabora
en todas las decisiones familiares por su consejo
criterioso, y cuando ella está de acuerdo
con la opinión de su marido en vistas al
bien de la familia, de la voluntad de Dios para
todos y cada uno. Aprende a utilizar el poder
que sus miradas y palabras tienen sobre su marido,
de manera que ingrese a su alma para persuadirlo
hacia el bien de la familia. Y él aprende
a tomar decisiones amablemente influenciado por
su esposa, sin perder autoridad, y tampoco sin
ser débil ni ceder a su encanto cuando
ella no está buscando el bien común.
Existe todo un arte en la forma en que la mujer
influye sobre su esposo. ¡Qué desgracia
es para algunas esposas no tener la menor idea
de este arte! Se oponen abiertamente a la voluntad
de su esposo y el único resultado posible
es ir de cabeza al choque. En ese punto compiten
dos voluntades egoístas, y solo la fuerza
bruta o la amenaza puede ganar. Que lejos estamos
entonces de la estrecha colaboración en
la caridad."
Yo agrego mi propia conclusión al buen
criterio del Padre Delagneau: que un esposo y
su esposa que quieren que su matrimonio funcione
nunca se desesperen a pesar de todo lo que el
mundo les echa encima. Es posible lograr un hogar
feliz. Es una fuerza incomparable para los hijos,
edificadora, como lo fue el 22 de junio para nuestros
semejantes y seguro es una dicha para los ángeles
y para Dios que lo contemplan. ¡Que Dios
los bendiga a todos Uds., maridos y esposas, jóvenes
o viejos, que lo siguen intentando!
Sinceramente suyo en Cristo,
+
Richard Williamson
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