Cartas de Monseñor Williamson
¡Bien hecho, padres jóvenes!
Julio 1, 2002 desde Holanda

 


Queridos amigos y benefactores:
Así que un nuevo año académico ha llegado a glorioso término con la ordenación de cuatro nuevos sacerdotes, tres estadounidenses y uno canadiense, este 22 de junio en Winona. El día previo, una violenta tormenta y viento habían comenzado a rasgar la tienda levantada para la ocasión y hubo que reemplazar una gran parte, como leerán en "Verbum" de agosto, pero todo se arregló a tiempo para la ceremonia que tuvo lugar con un tiempo hermoso.
Asistieron unas dos mil almas de todos los Estados Unidos y de más lejos. ¡Cuántos rostros familiares! La gente vuelve año tras año en busca de las gracias especiales que acompañan el nacimiento de nuevos sacerdotes y la celebración de sus primeras Misas. Los colegas del Seminario comentaron cómo los congregados este año parecían especialmente recogidos y felices.
Estaba lleno de niños, como esperaba, y el correspondiente número de padres jóvenes. ¡Qué delicia es siempre ver madres jóvenes, verdaderamente cumplidoras al hacer la voluntad de Dios en el hogar, recompensadas con una delicada femineidad que el feminismo mundano tanto destruye! En apoyo de estas madres jóvenes y de sus hijos y hogares, permítanme citar extensamente un artículo de un colega de Francia que dirige una casa de retiros, por cuyas manos pasan entonces cada año muchos padres y madres jóvenes.
El Padre Delagneau comienza lamentándose de los muchos hogares que ve rotos o que están a punto de romperse, con esposos desestabilizados y expuestos a un gran peligro espiritual, e hijos perturbados para toda la vida. Esta ruptura no parece ser un problema para los mundanos, pero debe llevar a los católicos a tomarse un momento para reflexionar: estas rupturas no suceden de la noche a la mañana, por lo tanto, ¿qué es lo que yo hago ahora en mi propio hogar que pueda estar llevándolo en esa dirección?
Siguiendo a San Pablo su artículo está dividido en dos partes: “Esposos amen a vuestra esposa” (como Cristo amó a la Iglesia entregándose él mismo por ella. Ef V, 25), y "Esposas someteos a vuestro marido" (como al Señor, porque el esposo es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza de la Iglesia, su Cuerpo. Ef V, 22). La complementación entre el hombre y la mujer; emprenderla es clave para comprender el matrimonio, y consustanciarse con ella es la clave para vivir un matrimonio feliz, es una maravilla de la naturaleza creada por Dios como parte del diseño de los dos sexos. Sin embargo, obsérvese la referencia a Cristo y a su Iglesia en las dos citas precedentes, tomadas de la Epístola para la Misa de Esponsales de la Iglesia Católica. Esta referencia significa que solo la gracia o la Fe sobrenatural en Cristo y en su Esposa, la Iglesia, puede dar la medida cabal y, si hubiera menester, la protección, de esta maravilla natural.
El Padre Delagneau hace notar que mientras que en los viejos tiempos era la esposa la que podía soportar muchísimo, y de hecho lo hacía, para salvar el hogar, hoy suele ser ella la que inicia el proceso de separación porque la vida de hogar parece haberse vuelto imposible de vivir. Aún así, la separación es una anti-solución, de manera que el Padre Delagneau comienza dirigiéndose a los esposos:
"Primeramente, recuerden que por su naturaleza la esposa es más sensible, más emocional y por eso, ciertas preocupaciones o problemas del hogar pesan sobre ella más gravosamente. Y si ella permanece en casa, tiene poca posibilidad de conversar o de mantener actividades fuera del hogar que aparten su mente de estos inconvenientes que adquieren una importancia que su esposo difícilmente pueda entender, lo que gasta sus nervios.
"De la misma manera, el lado sensible de la mujer explica cómo todo gravita en ella una vez que ha perdido la confianza en su esposo. Se pone tensa y distante y está a la defensiva, lo que aumenta su cansancio nervioso.
"Recuperar la confianza es un proceso largo y el esposo necesitará demostrar gran delicadeza para probar que realmente intenta cambiar. Pero ése es el precio que él debe pagar, porque sin confianza el matrimonio no va a ninguna parte. Sin confianza, las decisiones nunca se toman juntos y las relaciones se tornan pesadas y superficiales mientras que se hacen más frecuentes los estallidos y las palabras descorteses.
"Dense cuenta que por su naturaleza, la mujer puede cargar un largo tiempo con cosas y soportar dificultades sin demostrarlo, pero si un día se quiebra puede ser muy difícil de reparar. Entonces ella se entrega a la depresión nerviosa o se queda como fijada en algún problema.
"Finalmente, reparen simplemente en lo desgastante que puede ser el trabajo del hogar. Muchos esposos creen que mantener la casa y criar hijos no es una tarea pesada. Pero aunque parezca que mantener la casa no es tanto, sí requiere tiempo, esfuerzo y organización. Criar hijos exige además toda la atención de una madre, control de sí misma y disposición para dejar todo de lado. Tales obligaciones también originan una auténtica fatiga nerviosa. La madre no tiene la misma autoridad que el padre para arreglar problemas. Afortunadamente tiene más amabilidad, paciencia y comprensión, de manera que es más abnegada.
"Criar hijos, especialmente si ellos son muy seguidos, al mismo tiempo que cuidar la casa, representa una carga adicional para la salud de la madre que debe tomarse en cuenta.
"Si el esposo tiene esto en mente y mucho más, además, amará a su esposa con un amor distinto, y ejercerá su autoridad como cabeza de la casa con más delicadeza y amabilidad. He aquí algunas sugerencias:
"Primeramente, hará un verdadero esfuerzo para no permitir que su trabajo le arrebate su vida de forma que nunca está en casa para tomar parte activa en la vida familiar (los deberes de los hijos, juegos, conversación, dar una mano en la casa o ayudar con los platos para hacer la vida de la esposa más llevadera).
"Después se buscará tiempo para hablar con ella, escuchar los principales episodios del día de ella y animarla y felicitarla y darle algunas sugerencias. Olvidando su propio cansancio él también le contará su día y las cosas que pasaron, recordando que ella a menudo no mantiene ninguna conversación adulta en todo el día y necesita algo que le abra la mente.
"Estará atento a la fatiga nerviosa de su esposa, y será realista. De esta forma podrá aconsejarla como organizar mejor las cosas y que se aboque a lo básico. Con su autoridad varonil ayudará a la educación de sus hijos, de manera que ella no quede empantanada con su salvajismo. También vigilará el descanso y la salud de ella e incluso cambiará sus horarios para que ella pueda tomarse los necesarios días libres.
"La esposa es sensible y delicada, de manera que sabe como agradar. Pero espera recibir algo así también. Un pequeño gesto, una pequeña amabilidad, una pequeña muestra de afecto la hará olvidar muchos sufrimientos y mucho de su cansancio y le dará renovadas energías para su trabajo. Lo que a él puede costarle un pequeño esfuerzo puede significar mucho para ella, así que que es bueno que él se proponga hallaresas pequeñas cosas que tanto significan para ella.
"La confianza de parte de ella que la hace contenta y de acuerdo con la forma de pensar de su esposo se origina en dos cosas; primero, su respeto por las buenas cualidades de él y por el éxito de lo que emprende y segundo, de la disposición de él a secundar los deseos y el criterioso consejo de ella, de manera que cuando él toma decisiones, lo hace en vista del bienestar de la familia como un todo.
"Esta confianza se adquiere al principio del matrimonio, pero continúa ganándose después. Por supuesto que el esposo es la cabeza de la familia, pero debe aprender a ejercer su autoridad con firmeza, pero con amabilidad. Deben evitarse siempre los choques. Ceder no implica que pierda su autoridad; por el contrario, puede demostrar que sabe cómo adaptarse a las circunstancias. La autoridad puede verse minada por el hecho de nunca resolverse o por ceder siempre.
"En efecto, como dice tan bien San Pablo, es el amor por la esposa lo que develará el feliz término medio entre ser firme y ser amable.
"Bajo determinadas circunstancias, debe saber arrodillarse y orar a Dios, nuestro Padre, en busca de luz.
"Para terminar, déjenme señalar que los problemas familiares no surgen solo en los hogares ajenos. Que el marido mantenga la vigilancia para preservar la unión en armonía en su propio hogar"
Hasta aquí, las recomendaciones del Padre Delagneau para los maridos. No queda mucho espacio para citar de su presentación lo relativo a la necesidad y el modo en que las mujeres se sometan a sus maridos. Aquí hay algunos extractos:
"Al convertirse en esposa, la mujer ingresa a una sociedad jerárquica, la familia, en la cual la voluntad de Dios es que el hombre sea la cabeza. De la misma manera en que Cristo como hombre se sometió a su Padre, así la mujer como esposa se somete a su marido. Ni Cristo perdió dignidad por someterse a su Padre ni la mujer por sujetarse al marido. Por el contrario, la obediencia ennoblece al alma porque hace el mayor sacrificio de uno mismo por Dios, el sacrificio de la propia voluntad...
"Mujeres no escuchen la vil propaganda de la anticultura que nos rodea, que es deliberadamente anticristiana y que pisotea la ley de Dios. Escuchen al Papa Pío XII en su mensaje del año 1941 a las mujeres: 'Numerosas voces llegarán a ustedes de que la sumisión es de alguna forma injusta. Sugerirán que sean más orgullosamente independientes, que en todos los aspectos ustedes son iguales a sus maridos y que en muchas formas son superiores. Cuidado con esas palabras de la serpiente, tentaciones, mentiras. No sigan los pasos de Eva, sino que guarden el único camino que puede llevar a la felicidad incluso aquí abajo. . .'
"En la práctica, la esposa colabora en todas las decisiones familiares por su consejo criterioso, y cuando ella está de acuerdo con la opinión de su marido en vistas al bien de la familia, de la voluntad de Dios para todos y cada uno. Aprende a utilizar el poder que sus miradas y palabras tienen sobre su marido, de manera que ingrese a su alma para persuadirlo hacia el bien de la familia. Y él aprende a tomar decisiones amablemente influenciado por su esposa, sin perder autoridad, y tampoco sin ser débil ni ceder a su encanto cuando ella no está buscando el bien común. Existe todo un arte en la forma en que la mujer influye sobre su esposo. ¡Qué desgracia es para algunas esposas no tener la menor idea de este arte! Se oponen abiertamente a la voluntad de su esposo y el único resultado posible es ir de cabeza al choque. En ese punto compiten dos voluntades egoístas, y solo la fuerza bruta o la amenaza puede ganar. Que lejos estamos entonces de la estrecha colaboración en la caridad."
Yo agrego mi propia conclusión al buen criterio del Padre Delagneau: que un esposo y su esposa que quieren que su matrimonio funcione nunca se desesperen a pesar de todo lo que el mundo les echa encima. Es posible lograr un hogar feliz. Es una fuerza incomparable para los hijos, edificadora, como lo fue el 22 de junio para nuestros semejantes y seguro es una dicha para los ángeles y para Dios que lo contemplan. ¡Que Dios los bendiga a todos Uds., maridos y esposas, jóvenes o viejos, que lo siguen intentando!
Sinceramente suyo en Cristo,

+ Richard Williamson

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