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Queridos
amigos y benefactores:
Puede decirse cuanto se quiera de las máquinas
monstruo, pero no podrá negarse que estos
gigantescos aviones de hoy en día hacen
posible, según recuerdo que alguna vez
remarcara Monseñor Lefebvre, viajes apostólicos
largos y exactos. Entre fines de junio y mediados
de Julio ellos me permitieron hacer mi tercer
viaje alrededor del mundo para la Sociedad de
San Pío X.
La primera parada fue para las ordenaciones sacerdotales
finalizado el año académico en el
seminario principal de la Sociedad, en Ecône,
Suiza, donde fueron ordenados 15 nuevos sacerdotes,
la mayoría franceses, con destinos hacia
el mundo entero. Desde la primera ordenación
importante de sacerdotes efectuada por Monseñor
Lefevbre para la Sociedad en junio de 1976, ésta
constituyó la XXVII ordenación en
27 años, bajo la carpa levantada cada año
en la planicie al pie del seminario. ¡Por
tratarse de una catedral de lona constituye toda
una estabilidad y una fuente de fortaleza para
la Fe!
Siendo el acontecimiento una rutina anual, la
multitud que asistió a las ordenaciones
en Ecône fue algo menos del doble de la
que asistiera a las de Winona cinco días
atrás, pero en Ecône no menos de
159 sacerdotes ayudaron a Monseñor Tissier
a imponer las manos a los ordenandos. De los muchos
amigos sacerdotes que en los primeros tiempos
recuerdo solían venir de fuera de la Sociedad
para imponer las manos, pocos son los que todavía
viven. Para reemplazarlos, cada año hay
más y más sacerdotes de la propia
Sociedad que vienen a las ordenaciones con este
propósito y es curioso contemplar a estos
hombres envejecer o madurar rápidamente
bajo la tenaz presión del sacerdocio. Con
cada año que pasa, los Sacerdotes de la
Sociedad son cada vez menos una simple reunión
de jovencitos, tal como uno pensaba de ellos tan
solo poco tiempo atrás. Se están
convirtiendo, con la gracia de Dios, en una formidable
falange para la defensa de la Fe. ¡Recen
para que nunca traicionen!
La segunda parada fue Holanda, para dar una Misa
dominical y dos Confirmaciones en la sola y única
capilla flotante de la Sociedad, en la Haya. La
propiedad es tan cara en esta ciudad de la Corte
Internacional Europea, que hace años el
Padre De Merode (ahora destinado a Saint Louis,
para asistir a Cincinnati) adquirió una
barcaza en desuso amarrada al costado de uno de
los numerosos canales de Holanda. Puede resultar
vagamente desconcertante para el que predica observar
que las arañas se balancean suavemente
sobre las cabezas de los congregados durante la
Misa, pero después de todo, ¡Nuestro
Señor mismo usó un bote como púlpito
(Lu. V, 3)!
Holanda es muy liberal y un país difícil
para la Tradición Católica actualmente
(ver Verbum # 77). Pero el sacerdote de la Sociedad
que cuida de La Haya, el Padre Robert Schmitt
de la vecina Alemania es, pese a todo, un alegre
hombre joven. Para celebrar su décimo aniversario
como sacerdote, entre otras cosas, visitamos una
exhibición en el renombrado Rijksmuseum
de Ámsterdam, de un artista holandés
del siglo XVII, de la época de oro de Holanda,
Aelbert Cuyp. ¡Qué contraste entre
su Holanda de barcos a vela en dorados atardeceres
y las autopistas de seis carriles de la Holanda
de hoy! Desde la autopista, uno incluso reconoce
por momentos los paisajes de Cuyp y, a decir verdad,
incluso Cuyp podía idealizar con sus pinceladas
lo que veía con sus ojos. ¿Es la
cámara más veraz que el artista?
No necesariamente...
Otro monstruo aéreo me llevó hasta
la tercera parada, en Malaysia, ex Malasia británica,
donde no había estado nunca y donde quise
visitar un pueblo histórico en particular,
Malaca, que hoy tiene menos importancia, pero
que se hizo famoso entre los católicos
por haber sido la base que San Francisco Javier
utilizó para sus viajes de misión
al lejano Oriente, a mediados de 1500. En Malaysia,
la ciudad importante en la que aterrizan hoy los
monstruos aéreos es Kuala Lumpur, capital
modernizada de una de esas naciones conocidas
como los “Tigres de Asia”. Uno puede
preguntarse por cuánto tiempo las gigantescas
importaciones que hacen los Estados Unidos desde
Malaysia continuará manteniendo esta prosperidad,
pero entretanto, Kuala Lumpur ostenta un par de
torres más altas que las gemelas dinamitadas
en Nueva York.
Malaysia no es un país católico
y nunca lo fue, pero aun así la Tradición
Católica esta poniendo un pie allí.
Con el Padre Daniel Couture, del Canadá
francés, Superior del Distrito de Asia,
me mostraron la atractiva capilla de la Sociedad
hachada de un edificio comercial, con preciosas
ventanas de vidrio de colorido asiático
que pintara el coordinador. Unas 30 almas asisten
a Misa dos veces al mes, dicha por un sacerdote
de la Sociedad que viene en bus desde Singapur.
Un descanso, tres Confirmaciones y luego visita
a Malaca, dos horas al sur en coche por una magnífica
autopista.
Malaca, ubicada estratégicamente en un
estrecho resguardado enfrente por la Isla de Sumatra
(India) y el Lejano Oriente (China y Japón),
alcanzó prominencia como importante centro
marítimo y comercial mucho antes de que
fuera conquistado a comienzos del siglo XVI por
los portugueses, para servir como base principal
para que ellos mismos explotaran el lucrativo
comercio de las especias. Para establecer su gobierno
en Malaca, los portugueses (1511 a 1641) construyeron
una fortaleza de piedra alrededor de la colina
que domina el Puerto, que los holandeses consolidaron
(1641 1795) y que los británicos (1795
1957) destruyeron, a excepción de una entrada,
ahora deleite de los turistas. ¡Cómo
van y vienen los imperios! Actualmente los “Tigres
de Asia” forman parte del Imperio Americano
de viajes y Boeings (en ingles forma un juego
fonético: “comings and Boeings”,
“idas y venidas” que no puede homologarse
en castellano, N del T), pero algún día
éstos dos serán “lo que el
viento se llevó”…
Las cinco estadías de San Francisco Javier
en Malaca corresponden a la época de los
portugueses. Quienes hayan leído su vida
recordarán cómo intentó convertir
a los que encontró allí para que
su mal ejemplo dejara de despojar de la Fe a tantos
“nativos” --una palabra políticamente
incorrecta pero que dice lo que se necesita decir.
Uno se maravilla de los caminos de la Providencia:
¿por qué Dios envió a Javier
al Oriente pagano y al Lejano Oriente en el siglo
XVI y no antes? ¿Y por qué Asia
no está hoy convertida? La culpa es de
los hombres. Hoy, los museos de Malaca reflejan
desprecio por los europeos que una vez llevaron
la Fe Católica. ¡Ay, si en las calles
de Malaca uno ve alguien mal vestido y sin el
menor recato, seguro que es un occidental! Si
hoy en día yo fuera un oriental, despreciaría
a esos vagos con dinero y a su pasado colonialismo
y su supuesta Fe. ¡Cómo nos hace
falta un ejército de Javieres si hemos
de salvar almas!
Hoy quedan pocos rastros de Javier en Malaca.
Hay una estatua suya fuera de los muros de la
Iglesia de San Pablo que todavía se yergue
en la cima de la colina fortificada, donde Javier
solía permanecer durante sus visitas; allí
está la bóveda bajo tierra dentro
de la iglesia en donde descansó su cuerpo
durante algunos meses entre la Isla de Shangchuan
en las afueras de China, donde Javier murió
su misteriosa, fría y solitaria muerte
en 1552, y Goa, entonces el enclave portugués
en la India donde descansa hasta el día
de hoy. Pero a Javier nunca le habrían
importado los monumentos físicos. Su verdadero
monumento es la implantación de la Fe en
todo el Oriente y el Lejano Oriente y cientos
de miles de almas granjeadas con seguridad para
el Cielo entonces y desde entonces. ¡Y su
ejemplo deslumbrador! ¡San Francisco Javier,
ruega para que los occidentales recobren la cordura
católica!
La cuarta parada fue Australia, en realidad el
destino principal de todo nuestro viaje, con el
fin de ordenar, en casa, en medio de su numerosa
familia, al seminarista australiano de Winona
de los últimos tres años, Reverendo
Sr. Brendan, ahora Padre Brendan Arthur. Las fotos
de su ordenación y Primera Misa pueden
hallarse en el "Verbum" adjunto.
En Melbourne salió otra vez el tema de
la cámara cuando el Padre Kevin Robinson
(conocido por muchos de ustedes) nos llevó
a dos de nosotros a ver una película que
él recomendó mucho, sobre el ministerio
y la muerte del Padre Damián entre los
leprosos de Hawai en el siglo XIX. La película
estaba ciertamente bien hecha como son las películas,
especialmente si se trata de temas católicos,
pero uno se queda como con cierto disgusto. ¿Por
qué? Porque es seguro que así como
el cine tiene un poder tal que hace que lo irreal
parezca real, así también está
sujeto a que lo real parezca irreal, incluido
el Padre Damián. Seguramente sería
más veraz decir que la cámara miente
siempre y no que nunca miente. Pero ésa
es otra historia.
La última parada de este tour mundial en
Boeing fue Japón, una pequeña isla
o colección de islas pero un gigante mundial,
económicamente hablando, no por sus recursos
físicos sino por las antiquísimas
virtudes naturales de su gente. Tales virtudes
hoy están siendo erosionadas, como en todas
partes, por el moderno desarraigo del estilo de
vida natural; aun así, los japoneses son
todavía aquellos a quienes Javier vino
a amar en su breve pero decisiva visita de 1540.
Aquí, como en otros países de Asia,
la Sociedad tiene un importante pie adentro, no
en el número sino en la Verdad.
Mi anfitrión fue el Padre Thomas Onoda,
él mismo un japonés, otro sacerdote
joven de la Sociedad con un ministerio solitario
cuando visita su tierra natal cada mes, pero con
un corazón contento. En el interior de
un diminuto departamento en un décimo piso
que sirve como Capilla de la Sociedad en el centro
de Osaka, segunda ciudad japonesa después
de Tokio, se apiñan dos docenas de almas
para que nueve de ellas reciban la Confirmación
y en Tokio mismo, un número similar asistió
a la Misa dominical en un ambiente más
espacioso pero sin sillas ¡que reemplazan
con felpudos para orar y para sentarse!
¡Alabado sea el Señor por el don
de la Fe Católica y su supervivencia en
estas tierras distantes! Honor y oraciones para
los sacerdotes aislados en su ministerio llevado
tan lejos. ¡Que Nuestro Señor pueda
enviar más obreros a su mies! Su vida será
feliz si son fieles.
Profundamente vuestro en Nuestro Señor
Jesucristo,
+
Richard Williamson
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