Cartas de Monseñor Williamson
La SSPX en tierras lejanas
Agosto 1 de 2002

 


Queridos amigos y benefactores:
Puede decirse cuanto se quiera de las máquinas monstruo, pero no podrá negarse que estos gigantescos aviones de hoy en día hacen posible, según recuerdo que alguna vez remarcara Monseñor Lefebvre, viajes apostólicos largos y exactos. Entre fines de junio y mediados de Julio ellos me permitieron hacer mi tercer viaje alrededor del mundo para la Sociedad de San Pío X.
La primera parada fue para las ordenaciones sacerdotales finalizado el año académico en el seminario principal de la Sociedad, en Ecône, Suiza, donde fueron ordenados 15 nuevos sacerdotes, la mayoría franceses, con destinos hacia el mundo entero. Desde la primera ordenación importante de sacerdotes efectuada por Monseñor Lefevbre para la Sociedad en junio de 1976, ésta constituyó la XXVII ordenación en 27 años, bajo la carpa levantada cada año en la planicie al pie del seminario. ¡Por tratarse de una catedral de lona constituye toda una estabilidad y una fuente de fortaleza para la Fe!
Siendo el acontecimiento una rutina anual, la multitud que asistió a las ordenaciones en Ecône fue algo menos del doble de la que asistiera a las de Winona cinco días atrás, pero en Ecône no menos de 159 sacerdotes ayudaron a Monseñor Tissier a imponer las manos a los ordenandos. De los muchos amigos sacerdotes que en los primeros tiempos recuerdo solían venir de fuera de la Sociedad para imponer las manos, pocos son los que todavía viven. Para reemplazarlos, cada año hay más y más sacerdotes de la propia Sociedad que vienen a las ordenaciones con este propósito y es curioso contemplar a estos hombres envejecer o madurar rápidamente bajo la tenaz presión del sacerdocio. Con cada año que pasa, los Sacerdotes de la Sociedad son cada vez menos una simple reunión de jovencitos, tal como uno pensaba de ellos tan solo poco tiempo atrás. Se están convirtiendo, con la gracia de Dios, en una formidable falange para la defensa de la Fe. ¡Recen para que nunca traicionen!
La segunda parada fue Holanda, para dar una Misa dominical y dos Confirmaciones en la sola y única capilla flotante de la Sociedad, en la Haya. La propiedad es tan cara en esta ciudad de la Corte Internacional Europea, que hace años el Padre De Merode (ahora destinado a Saint Louis, para asistir a Cincinnati) adquirió una barcaza en desuso amarrada al costado de uno de los numerosos canales de Holanda. Puede resultar vagamente desconcertante para el que predica observar que las arañas se balancean suavemente sobre las cabezas de los congregados durante la Misa, pero después de todo, ¡Nuestro Señor mismo usó un bote como púlpito (Lu. V, 3)!
Holanda es muy liberal y un país difícil para la Tradición Católica actualmente (ver Verbum # 77). Pero el sacerdote de la Sociedad que cuida de La Haya, el Padre Robert Schmitt de la vecina Alemania es, pese a todo, un alegre hombre joven. Para celebrar su décimo aniversario como sacerdote, entre otras cosas, visitamos una exhibición en el renombrado Rijksmuseum de Ámsterdam, de un artista holandés del siglo XVII, de la época de oro de Holanda, Aelbert Cuyp. ¡Qué contraste entre su Holanda de barcos a vela en dorados atardeceres y las autopistas de seis carriles de la Holanda de hoy! Desde la autopista, uno incluso reconoce por momentos los paisajes de Cuyp y, a decir verdad, incluso Cuyp podía idealizar con sus pinceladas lo que veía con sus ojos. ¿Es la cámara más veraz que el artista? No necesariamente...
Otro monstruo aéreo me llevó hasta la tercera parada, en Malaysia, ex Malasia británica, donde no había estado nunca y donde quise visitar un pueblo histórico en particular, Malaca, que hoy tiene menos importancia, pero que se hizo famoso entre los católicos por haber sido la base que San Francisco Javier utilizó para sus viajes de misión al lejano Oriente, a mediados de 1500. En Malaysia, la ciudad importante en la que aterrizan hoy los monstruos aéreos es Kuala Lumpur, capital modernizada de una de esas naciones conocidas como los “Tigres de Asia”. Uno puede preguntarse por cuánto tiempo las gigantescas importaciones que hacen los Estados Unidos desde Malaysia continuará manteniendo esta prosperidad, pero entretanto, Kuala Lumpur ostenta un par de torres más altas que las gemelas dinamitadas en Nueva York.
Malaysia no es un país católico y nunca lo fue, pero aun así la Tradición Católica esta poniendo un pie allí. Con el Padre Daniel Couture, del Canadá francés, Superior del Distrito de Asia, me mostraron la atractiva capilla de la Sociedad hachada de un edificio comercial, con preciosas ventanas de vidrio de colorido asiático que pintara el coordinador. Unas 30 almas asisten a Misa dos veces al mes, dicha por un sacerdote de la Sociedad que viene en bus desde Singapur. Un descanso, tres Confirmaciones y luego visita a Malaca, dos horas al sur en coche por una magnífica autopista.
Malaca, ubicada estratégicamente en un estrecho resguardado enfrente por la Isla de Sumatra (India) y el Lejano Oriente (China y Japón), alcanzó prominencia como importante centro marítimo y comercial mucho antes de que fuera conquistado a comienzos del siglo XVI por los portugueses, para servir como base principal para que ellos mismos explotaran el lucrativo comercio de las especias. Para establecer su gobierno en Malaca, los portugueses (1511 a 1641) construyeron una fortaleza de piedra alrededor de la colina que domina el Puerto, que los holandeses consolidaron (1641 1795) y que los británicos (1795 1957) destruyeron, a excepción de una entrada, ahora deleite de los turistas. ¡Cómo van y vienen los imperios! Actualmente los “Tigres de Asia” forman parte del Imperio Americano de viajes y Boeings (en ingles forma un juego fonético: “comings and Boeings”, “idas y venidas” que no puede homologarse en castellano, N del T), pero algún día éstos dos serán “lo que el viento se llevó”…
Las cinco estadías de San Francisco Javier en Malaca corresponden a la época de los portugueses. Quienes hayan leído su vida recordarán cómo intentó convertir a los que encontró allí para que su mal ejemplo dejara de despojar de la Fe a tantos “nativos” --una palabra políticamente incorrecta pero que dice lo que se necesita decir. Uno se maravilla de los caminos de la Providencia: ¿por qué Dios envió a Javier al Oriente pagano y al Lejano Oriente en el siglo XVI y no antes? ¿Y por qué Asia no está hoy convertida? La culpa es de los hombres. Hoy, los museos de Malaca reflejan desprecio por los europeos que una vez llevaron la Fe Católica. ¡Ay, si en las calles de Malaca uno ve alguien mal vestido y sin el menor recato, seguro que es un occidental! Si hoy en día yo fuera un oriental, despreciaría a esos vagos con dinero y a su pasado colonialismo y su supuesta Fe. ¡Cómo nos hace falta un ejército de Javieres si hemos de salvar almas!
Hoy quedan pocos rastros de Javier en Malaca. Hay una estatua suya fuera de los muros de la Iglesia de San Pablo que todavía se yergue en la cima de la colina fortificada, donde Javier solía permanecer durante sus visitas; allí está la bóveda bajo tierra dentro de la iglesia en donde descansó su cuerpo durante algunos meses entre la Isla de Shangchuan en las afueras de China, donde Javier murió su misteriosa, fría y solitaria muerte en 1552, y Goa, entonces el enclave portugués en la India donde descansa hasta el día de hoy. Pero a Javier nunca le habrían importado los monumentos físicos. Su verdadero monumento es la implantación de la Fe en todo el Oriente y el Lejano Oriente y cientos de miles de almas granjeadas con seguridad para el Cielo entonces y desde entonces. ¡Y su ejemplo deslumbrador! ¡San Francisco Javier, ruega para que los occidentales recobren la cordura católica!
La cuarta parada fue Australia, en realidad el destino principal de todo nuestro viaje, con el fin de ordenar, en casa, en medio de su numerosa familia, al seminarista australiano de Winona de los últimos tres años, Reverendo Sr. Brendan, ahora Padre Brendan Arthur. Las fotos de su ordenación y Primera Misa pueden hallarse en el "Verbum" adjunto.
En Melbourne salió otra vez el tema de la cámara cuando el Padre Kevin Robinson (conocido por muchos de ustedes) nos llevó a dos de nosotros a ver una película que él recomendó mucho, sobre el ministerio y la muerte del Padre Damián entre los leprosos de Hawai en el siglo XIX. La película estaba ciertamente bien hecha como son las películas, especialmente si se trata de temas católicos, pero uno se queda como con cierto disgusto. ¿Por qué? Porque es seguro que así como el cine tiene un poder tal que hace que lo irreal parezca real, así también está sujeto a que lo real parezca irreal, incluido el Padre Damián. Seguramente sería más veraz decir que la cámara miente siempre y no que nunca miente. Pero ésa es otra historia.
La última parada de este tour mundial en Boeing fue Japón, una pequeña isla o colección de islas pero un gigante mundial, económicamente hablando, no por sus recursos físicos sino por las antiquísimas virtudes naturales de su gente. Tales virtudes hoy están siendo erosionadas, como en todas partes, por el moderno desarraigo del estilo de vida natural; aun así, los japoneses son todavía aquellos a quienes Javier vino a amar en su breve pero decisiva visita de 1540. Aquí, como en otros países de Asia, la Sociedad tiene un importante pie adentro, no en el número sino en la Verdad.
Mi anfitrión fue el Padre Thomas Onoda, él mismo un japonés, otro sacerdote joven de la Sociedad con un ministerio solitario cuando visita su tierra natal cada mes, pero con un corazón contento. En el interior de un diminuto departamento en un décimo piso que sirve como Capilla de la Sociedad en el centro de Osaka, segunda ciudad japonesa después de Tokio, se apiñan dos docenas de almas para que nueve de ellas reciban la Confirmación y en Tokio mismo, un número similar asistió a la Misa dominical en un ambiente más espacioso pero sin sillas ¡que reemplazan con felpudos para orar y para sentarse!
¡Alabado sea el Señor por el don de la Fe Católica y su supervivencia en estas tierras distantes! Honor y oraciones para los sacerdotes aislados en su ministerio llevado tan lejos. ¡Que Nuestro Señor pueda enviar más obreros a su mies! Su vida será feliz si son fieles.
Profundamente vuestro en Nuestro Señor Jesucristo,

+ Richard Williamson



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