CARTA DE MONS WILLIAMSON A SUS AMIGOS Y BENEFACTORES

1 de Marzo de 2001

 


Queridos amigos y benefactores:

Para el mes del décimo aniversario de la muerte del gran Arzobispo Lefebvre, tenemos el placer de ofrecerles a ustedes, no sólo un retrato de él (de Virginia) sino también buenas nuevas de la Sociedad de San Pío X, que él fundó; ésta permanece firme frente a los esfuerzos de Roma de integrarla en la Iglesia conciliar. Uno no puede nunca poner su confianza en el hombre, como lo recordaba con severidad en la carta del mes pasado, siguiendo a Jeremías (XVII, 5-8).Pero puede y debe poner su confianza en Dios, ante quien el Arzobispo estará intercediendo por nosotros.

Aquí está la serie de los acontecimientos. A comienzos de diciembre del último año, el cardenal Castrillón Hoyos, con un mandato del Papa, de poner fin a los trece años de "cisma" (según lo ve Roma!), invitó al obispo Bernard Fellay, superior de la SSPX, a Roma para ver al Papa. El 29 y 30 de Diciembre el Cardenal tuvo dos largas conversaciones con el obispo Fellay, incluyendo un breve encuentro con el Papa en el que fueron intercambiados saludos para el Año nuevo y poco más. El 13 de Febrero, los dirigentes de la SSPX se reunieron en Suiza para considerar las propuestas, aparentemente generosas, del Cardenal y decidieron que Roma debía liberar, primero, la Misa Tridentina y declarar nula la "excomunión" de 1988, de los cuatro obispos, antes de sentarse a negociar el fin del "cisma" .

Unos pocos día después el Obispo Fellay comunicó esta decisión al Cardenal. Pocas semanas después el Cardenal contestó verbalmente (no por escrito !) a un sacerdote de la SSPX en Roma que la Misa Tridentina no estaba prohibida, pero que no se podía esperar que Roma dijera esto en público (!); en segundo lugar que el "levantamiento" de la "excomunión" formaría parte del acuerdo global para la reintegración de la SSPX en la corriente principal de la Iglesia.

El 19 de Febrero, dos sacerdotes de la SSPX, enviados por el Obispo Fellay, gentilmente pero con firmeza, hicieron comprender al Cardenal lo que implicaba lo dicho por la SSPX un mes antes: Que o bien Roma liberaba la Misa Tridentina para todos los sacerdotes o la SSPX ni siquiera comenzaría a negociar. El Cardenal tiene fama de negociador poderoso que consigue lo que quiere; y de diferentes modos, desde el último verano, ha mostrado con claridad que el Papa y él quieren conseguir que la SSPX "vuelva a la Iglesia" (como Roma lo ve ). Esto es por qué, él no quiso aceptar que la Sociedad tomara tal posición sobre la Misa de la vieja religión, odiada por todos los conciliaristas; pero después de tres horas y media de conversación tuvo que aceptar que ésta es la pre-condición de la Sociedad para cualesquiera negociaciones ulteriores.

Uno necesita desear que el Cardenal no esté malintencionado. El portavoz del obispo Fellay, en la reunión del 19 de febrero, comentaba que en otras circunstancias normales, la lealtad del Cardenal al Papa y su deseo de servirle, serían conmovedores. El cardenal Castrillón Hoyos desea seguramente llevar a la SSPX "de vuelta a la Iglesia" y aún desea sinceramente el bien para la Sociedad. Pero tan poco capta él (o el Papa, en todo caso) lo que está en juego, que nuestro representante tenía la dificultad de no saber "en qué lenguaje hablar con él". Era horrible, dijo, ("effroyable" en francés), darse cuenta cuán ignorantes pueden ser los más encumbrados hombres de la Iglesia de hoy en los temas esenciales de la verdadera Fe!

Nosotros recordamos las palabras, cuidadosamente medidas, del Arzobispo Lefebvre poco antes de la "excomunión" de junio de 1988 : " No pienso que podamos decir que Roma no ha perdido la Fe". Además de lo que él dijo más de una vez después de la "excomunión", a saber, que Roma habiendo dado con esto la prueba final de su falta de voluntad o incapacidad para guardar la Fe, entonces, desde ese momento en adelante cualquier discusión con Roma, no podía ser más ni canónica ni jurídica, tendría que ser dogmática. En otras palabras, el problema entre la SSPX y Roma no era más una simple cuestión legal, era una cuestión de doctrina básica y debía ser manejada como tal. La reunión del 19 de Febrero, en la que el Cardenal insistió en meras tesis legales, muestra cuánta razón tenía el Arzobispo. Al salir de la reunión de tres horas y media, nuestro representante dijo que estaba más convencido que nunca de que la posición firme de la Sociedad era la correcta. Pero, qué pocos católicos pueden ver esto todavía ! La teología básica del conciliarismo, esa sutil falsificación infernal del Catolicismo, que emerge del Concilio Vaticano II, es el real problema entre esta Roma y la Sociedad.

Sin embargo, el Cardenal Castrillón no es un hombre a quien se lo detenga fácilmente. El 19 de Febrero dijo a nuestros sacerdotes que cuatro nuevos miembros serían añadidos a la Comisión Ecclesia Dei ( establecida para tratar con los refugiados de 1988 del "Lefebvrismo" ) para preparar la nueva Comisión que reemplazará a Ecclesia Dei tan pronto como (!) haya un acuerdo con la SSPX. El 24 de Febrero estos cuatro nombres fueron públicamente anunciados por Roma, y son cabezas de los cuatro departamentos a los que corresponderá intervenir en el acuerdo entre Roma y la SSPX: cardenal Ratzinger (doctrina), cardenal Medina (liturgia), arzobispo Herranz (derecho canónico) y cardenal Billé (primado de los obispos franceses).

Ahora, éstos son cuatro eclesiásticos de peso pesado, que han sido añadidos a la otra Comisión de peso liviano; cabe tener en cuenta el hecho de que estas importantes Congregaciones o Dicasterios de la Curia romana rara vez incluyen más de un cardenal. Pero si agregamos al cardenal Castrillón, aquí serán cuatro ! [cuatro cardenales y un obispo] . Hay dos interpretaciones opuestas de esta decisión no habitual.

O bien, como dijo un periodista inglés, que pretende tener contactos de alto nivel con la Curia romana, estas cuatro celebridades han sido añadidas a "Ecclesia Dei" para poner un freno al cardenal Castrillón, que se está moviendo hacia un acuerdo entre Roma y la SSPX de modo demasiado rápido para el gusto de la Roma conciliar, la que teme que la SSPX actúe como un caballo troyano, si le es permitido su reingreso dentro de los muros de la Iglesia oficial. O, por el contrario, como dijo el cardenal Castrillón a nuestros dos sacerdotes el 19 de Febrero, estos hombres poderosos han sido llevados a estas posiciones para trabajar en el inminente acuerdo de Roma con la SSPX. En este caso, la decisión corresponde al expreso deseo del Cardenal de concluir el acuerdo para Pascua !

Tal apuro puede también corresponder al público anuncio de Roma, del 26 de Febrero, de un Consistorio extraordinario de cardenales que se celebraría desde el 21 al 24 de Mayo de este año "para analizar, entre otras cosas, el ministerio de Pedro y la colegialidad episcopal". Un periódico de Roma interpreta este anuncio como significando que los cardenales estudiarán "el papel y la primacía de Roma tanto como el ministerio de los obispos unidos entre ellos mismos y en comunión con el Pontífice".

En inglés llano, los conciliaristas en Roma están planeando, de acuerdo con el Vaticano II, terminar con el Papa y reemplazarlo por un comité de cardenales y/o de obispos. Pero los conciliaristas son bien conscientes de que para los católicos, aún dentro del Nuevo Orden, esto resultaría el colmo. Si añadido a todo lo demás que "el espíritu del Vaticano II" les ha quitado, los Católicos pierden también a su Santo Padre, podrían buscar algún refugio católico en el cual guarecerse de la tormenta. A este punto, si no hubiera un refugio tal, muchos podrían perder la ilusión y sentirse obligados a aceptar incluso la destrucción del Papado. Pero, si existiera todavía un refugio como la SSPX, que se proclama a sí misma fiel defensora del Papado católico pasado de moda, entonces tales católicos afligidos tendrían un lugar adonde ir, y el número y la fuerza de la SSPX podría crecer de modo alarmante.

¿Es la extensión sin precedentes de la comisión temporal Ecclesia Dei una prueba de que Roma quiere atraer a la SSPX, o una prueba de que la quiere alejar ? De cualquier manera, la historia aún no ha terminado.

Si el Cardenal tiene su pie sobre el acelerador, entonces él tendrá que acercarse con nuevas persuasiones para sacar a la SSPX de su fortaleza tradicional; y nosotros debemos continuar confiando en Dios y rogando al Arzobispo que la Sociedad no retroceda ni vacile. Por otra parte, si los colegas del Cardenal tienen su pie sobre el freno, entonces Roma debe volver a su antigua política de hace trece años, de mantener a la SSPX en silencio, un silencio notablemente roto por las recientes iniciativas del cardenal Castrillón. En este caso, nosotros, clero y laicado de la Sociedad debemos poseer nuestras almas en la paciencia, y continuar practicando con humildad y firmeza la Fe católica de todos los tiempos. Pero si la calma vuelve, será, por seguro y cierto, una cuestión de tiempo antes que otro cardenal Castrillón vuelva a ocuparse de la Sociedad ! El error romano no puede dejar sola a la Verdad.

Inevitablemente nuestros pensamientos vuelven al gran Arzobispo Lefebvre. Hace diez años que murió ! Pero, como siempre lo supimos, él es el maestro de Roma. Qué hombre de Dios! Qué hombre ! No ha sido todavía vindicado por ningún medio, pero por su magnífica fidelidad a la Verdad, cuando todos los demás la abandonaban, en una locura colectiva que infectaba incluso a cardenales y papas, él sostuvo firmemente la Verdad católica para todas las generaciones futuras, así pues, mañana o el día siguiente, todos los católicos sin excepción estarán profundamente agradecidos a él.

Y nosotros lo hemos conocido antes que la mayoría. Queridos lectores, ustedes y yo somos creaturas felices ! Permítasenos solamente ser fieles ! Hagamos nuestras penitencias cuaresmales por la fidelidad !

Muy sinceramente vuestro en Cristo,

+Mons. Richard Williamson

 

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