Queridos
amigos y benefactores:
Puesto que esta carta está destinada a ser una de las últimas
cartas mensuales del Seminario que posiblemente salgan de mi pluma,
permítanme que intente mostrar un pantallazo más de
la falsa religión que ha estado devastando la Iglesia Católica
durante los últimos 40 años como secuela del Vaticano
II.
Porque cuando el huracán conciliar golpeó la Iglesia
a comienzos de la década de 1960, la necesidad inmediata y
apremiante para el católico verdadero fue proteger la Misa
verdadera y el sacerdocio verdadero que va de suyo, de la grave amenaza
de extinción debido a la introducción de la Misa del
Novus Ordo (1969). Recién algunos años después,
una vez asegurada la sobrevivencia de la Misa y el Sacerdocio católicos,
los católicos de mentalidad tradicionalista pudieron mirar
más lejos, digámoslo así, y preguntarse de dónde
venía el huracán. Habían tenido que empezar esquivando
este o aquel horror del Novus Ordo; recién ahora están
empezando a unir unos con otros todos los horrores.
Porque no hay duda de que los diversos horrores de la Revolución
conciliar sí encajan unos con otros. Jamás podrían
haber alcanzado esa fuerza huracanada que prácticamente destruyó
a la Iglesia, si cada horror no hubiera reafirmado los demás,
logrando un sistema unido de errores que reemplazara al Catolicismo
¡¡en tanto que seguía pareciendo Catolicismo! La
nueva religión del Vaticano II y el Novus Ordo constituyen
una obra maestra de Satanás.
Se pueden hallar dos análisis recientes de la religión
Conciliar en conjunto; en la serie de cuatro volúmenes del
Profesor Johannes Dôrmann que versa sobre el trayecto teológico
del Papa Juan Pablo II hasta llegar al encuentro interreligioso de
Asís de 1986 y en el pequeño pero denso librito sobre
el problema de la reforma litúrgica que sacaron los Sacerdotes
de la Fraternidad San Pío X en 2001. Ambos análisis
fueron elaborados con total independencia uno de otro, pero son notablemente
similares al presentar al Vaticano II y el Novus Ordo como un único
sistema de error (Puede conseguírselos en la librería
Angelus Press de Kansas City, EE.UU.).
Acaba de aparecer otro análisis semejante, esta vez por un
estadounidense: “Examen crítico de la Teología
de Karl Rahner, S.J.", de Robert McCarthy. El sacerdote alemán
Rahner fue uno de los teólogos “periti” o expertos
importantes más destacados del Concilio, sobre el cual él
influyó profundamente. El Sr. McCarthy es un laico tejano casi
octogenario quien, de acuerdo con una reseña biográfica
de su libro, estuvo armando durante años un rompecabezas sobre
qué fue lo que marcó el ritmo del Vaticano II. Su librito
sobre Rahner es sumamente llevadero, su lógica es perfecta
y presenta un análisis que coincide completamente con el de
los otros dos análisis mencionados. ¡Tenemos tres cazadores
siguiendo el rastro de la misma bestia! ¡No falta mucho para
que la bestia quede al descubierto!
El “Examen Crítico” de McCarthy es tanto más
legible cuanto los escritos del propio Rahner son notablemente oscuros.
Los académicos podrían entonces descartar el libro de
McCarthy aduciendo que el autor no lee el alemán, por lo que
ha debido basar sus análisis fundamentalmente en las traducciones
al inglés de resúmenes del pensamiento de Rahner escritos
por dos de sus discípulos alemanes. No obstante, los católicos
que aman a su Iglesia saben que el Vaticano II la dejó en ruinas,
así que si Rahner fue uno de los culpables, o bien el inglés
es una lengua sorprendentemente paupérrima, o lo que Rahner
dijo e hizo pudo ser inteligible y pasible de ser expuesto en inglés.
El tema no es un simple asunto de académicos o un problema
de idioma - se trata, nada menos, ¡que de la Verdad! Así
que el “Examen” de McCarthy podrá ser un resumen
de resúmenes, pero si logra encajar los hechos y dar cuenta
de las ruinas, entonces es lo que necesitamos.
McCarthy dice que Rahner comenzó odiando esa vieja Iglesia
y esa vieja Fe que por la Revelación descendió de Dios
hasta el hombre. Entonces las consideró absolutamente inadecuadas
para el hombre moderno, así que se puso a redescubrir Fe e
Iglesia de manera que se adaptaran al hombre moderno. Así,
en lugar de obrar como siempre lo hace el católico, descendiendo
de Dios hasta el hombre para elevar el hombre a Dios, Rahner se puso
a trabajar ascendiendo del hombre moderno hasta Dios, de manera de
abajar a Dios hasta una versión de Dios que resultara aceptable
al hombre moderno. Como dijera un discípulo de Rahner: «El
propio Rahner ha dicho que la teología suele dar la impresión
hoy en día de dar respuestas mitológicas o al menos
no científicas... El teólogo solo puede superar esto...
partiendo del hombre y sus experiencias.»
Obsérvese que este principio de volverse hacia el hombre, tal
como subyace en el núcleo de todo el sistema de Rahner, es
también el fundamento de las novedades del Vaticano II, que
coloca al hombre en el lugar de Dios. El hombre moderno siente que
no consigue tener suficiente mérito ante Dios, de manera que
con sus sentimientos hará una “gambeta” a su fe
católica.
Por lo tanto, el hombre moderno se considera que no es un mal tipo;
de hecho siente que es bastante buen tipo, así que ya puede
dejar de creer en el Viejo dogma católico del pecado original
y tampoco necesita creer ya más que la sobrenaturaleza divina
y la gracia de Dios estén tan por encima de su propia naturaleza.
Basado en este sentir o en estas “experiencias” del hombre
moderno, Rahner descubre su doctrina de lo “sobrenatural existencial”,
queriendo significar que, en lugar de existir un pecado original en
la naturaleza humana, lo que existe es lo sobrenatural, o gracia,
que existe o que es creado ¡con la naturaleza humana!
De este modo, Rahner, partiendo de ese sentimiento maravilloso de
sí mismo del hombre moderno, llega enseguida a aquellas dos
herejías fundamentales que, como dijera Donoso Cortés,
constituyen la raíz de casi todas las herejías modernas:
la negación de la sobrenaturaleza y la negación del
pecado original. Ahora bien, como sacerdote y teólogo católico,
Rahner no podía salir impoluto tras tamaña demolición
de verdades católicas básicas. Aquí, dice McCarthy,
está la explicación de la casi impenetrable oscuridad
de Rahner y su invención de frases como “sobrenatural
existencial". Pero lo que en el maestro es oscuro lo esclarecen
los discípulos. De igual modo, el Vaticano no podía
salir “limpio” tras su demolición de la vieja religión,
porque tenía que aparentar que todavía era católica;
pero tal demolición, que resulta ambigua en los 16 documentos
conciliares, se esclarece para que todos la vean en los frutos del
Concilio.
A partir de la doctrina de Rahner de lo “sobrenatural existencial”,
según lo cual la gracia, y no la inclinación al pecado,
son inherentes a la naturaleza humana, se sigue forzosamente que todo
ser humano, lo sepa o no, lo quiera o no, ¡¡está
en gracia de Dios! Lógicamente, Rahner llega a la conclusión
de que todos los no cristianos son un “cristianos anónimos”,
es decir, ¡¡ cristianos sin la denominación de
tales!!
Por esto, nuevamente se sigue que si la Iglesia de Jesucristo es la
sociedad de todos los cristianos, la Iglesia de Cristo, en consecuencia,
¡incluye a todo ser humano! Por lo tanto, lo que los católicos
siempre acostumbraron denominar Iglesia Católica, para Rahner
solo es una parte de toda la Iglesia de Cristo, que colinda con la
humanidad. Es por este motivo que en la "Lumen Gentium"
el Vaticano II decretó que la Iglesia de Cristo no es una misma
identidad con la Iglesia Católica, sino que meramente “subsiste
en” la Iglesia Católica, de modo tal que toda la Iglesia
de Cristo puede abrirse paso fuera de la Iglesia Católica e
incluir o subsistir asimismo ¡¡en todo tipo de otras iglesias
o no iglesias! He aquí el llamado “ecumenismo”
que todavía está arruinando al verdadero Catolicismo.
Es así como el Vaticano II secundó a Rahner en su revolución
total del concepto de Iglesia Católica.
Pero si el hombre es tan maravilloso como para que la gracia venga
increada con su naturaleza, ¿qué necesidad tiene de
redención o de un Redentor? Para Rahner, como para el hombre
moderno, la evolución es cierta, de modo que lo maravilloso
del hombre significa que siempre está evolucionando hacia algo
más elevado; o sea, que permanentemente él mismo se
está superando y llegando más allá de si mismo.
Jesucristo simplemente es esa persona en la que el hombre evolucionó
hasta su máxima superación; esto es, hasta lo que el
hombre llama ¡¡divinidad!! Y si el hombre no hubiera logrado
esta autotrascendencia total en la persona del carpintero de Galilea,
¡¡la habría alcanzado o la lograría en alguna
otra persona, en algún otro momento de la historia! Mediante
esta doctrina de Dios que ya no desciende hasta la naturaleza humana
sino que es el hombre el que evoluciona hacia la naturaleza divina,
Rahner logra ensamblar la evolución y su conversión
hacia el hombre, ¡pero descarta la Encarnación!
Asimismo Rahner también vacía completamente la redención,
o la Cruz. Si el hombre moderno se cree tan maravilloso, ¿cómo
es posible que pueda sentir que peca o que hace algo que realmente
ofenda a Dios? Además, ¡¡y perdonen por la blasfemia!,
Dios mismo es tan buen tipo ¡¡que de todos modos no se
puede enojar!! Entonces ¿cómo puede ser que el hombre
necesite ser rescatado de la ira de Dios por Nuestro Señor
muriendo en la Cruz? Entonces ¿qué era la Cruz para
Rahner? McCarthy no lo dice, pero puede ser que sea lo que Dôrmann
dice que es para Juan Pablo II (Redemptor Hominis) -una simple demostración
de refuerzo, del “re-amor” de Dios por el hombre! (Véase
el folleto inserto sobre la revisión de Dôrmann, a analizar
durante la Capítulo Doctrinal para varones en Winona, el próximo
julio 22 a 26).
Entonces, para Rahner ¿qué son la Misa y el Sacerdocio
Católicos? Ya que el hombre tiene lo “sobrenatural existencial”
o la Gracia de Dios increada, no necesita ni sacrificio expiatorio
ni sacerdocio para el sacrificio. De modo que los sacerdotes provienen,
una vez más, no de lo alto sino de abajo; no surgen de una
unción divinamente instituida o de un Sacramento de orden que
los eleva por encima de los demás hombres, sino de sus compañeros
de credo, que libremente les consienten su posición. Así
que para Rahner, los sacerdotes deberían estar dispuestos a
tener un empleo mundano para demostrar que están al mismo nivel
que sus prójimos. De aquí que conozcamos sacerdotes
del Vaticano II en empleos laicos y con ropas de laico. Conciliarismo
es Protestantismo.
En cuanto a la Misa, McCarthy no presenta una doctrina específicamente
rahneriana, pero sostiene que es lógico para el razonamiento
rahneriano que para el hombre moderno ya no tenga más sentido
un sacrificio que aplaque la ira de un Dios infinito y ofendido, que
los pecadores supuestamente necesitan para el perdón, para
participar en la ofrenda, a través de un sacerdote ungido.
Más bien, tengamos gente linda reunida en comunión para
compartir una comida presidida por uno de ellos (¡¡hombre
o mujer!) para expresar sus necesidades y compartir ¡¡el
pic-nic eucarístico del Novus Ordo!
Señor, ¡¡ten misericordia de nosotros! El libro
de McCarthy puede conseguirse en EE.UU. por US$ 9 (incluido el despacho)
de Tradition in Action (Tradición en Acción), Casilla
postal (P.O. Box) 23135, Los Angeles CA 90023. Calurosamente recomendado
para quien quiera armar el rompecabezas de la actual devastación
de la Iglesia Católica.
Esta es una de las últimas cartas del Seminario que ha de escribir
el servidor de ustedes, porque en agosto será designado para
dirigir el Seminario de la Fraternidad en la Argentina. En abril último
cumplió 20 años como Rector del Seminario de la FSSPX
en los EE.UU., lo cual es un tiempo bastante largo para que un sacerdote
permanezca en el mismo cargo. A partir de septiembre, su sucesor en
Winona, el Padre Yves Le Roux, podrá o no proseguir con esta
serie de cartas mensuales, pero se les ruega que no interrumpan el
flujo de su generosidad, que hizo posible la obra del Seminario durante
estos 20 años: dos nuevos Sacerdotes el próximo 21 de
junio, sábado, y otros más en los años venideros.
Gracias a todos ustedes y que Dios los bendiga.
† Richard Williamson
Traducción:
Verónica Abad
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