A)
San Pío X
¿Cómo no pensar en las palabras de San Pío X
al condenar la utopía de Le Sillon? Salgamos ya de esta atmósfera
malsana y, como una bocanada de aire puro y fresco, releamos los párrafos
más salientes de tan magnífica Encíclica:
"Se proclaman idealistas irreductibles; que tienen doctrina
social propia y principios filosóficos y religiosos propios
para reorganizar la Sociedad con un plan nuevo; que se han formado
un concepto especial de la dignidad humana, de la libertad, de la
justicia y de la fraternidad, y que, para justificar sus sueños
sociales apelan al Evangelio interpretado a su modo, y lo que es más
grave todavía, a un Cristo desfigurado y disminuido (...) Su
sueño consiste en cambiar sus cimientos naturales y tradicionales
y en prometer una ciudad futura edificada sobre otros principios que
se atreven a declarar más fecundos, más beneficiosos
que aquellos sobre los que descansa la actual sociedad cristiana.
No, -preciso es recordarlo enérgicamente en estos tiempos de
anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de
doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo
distinto de como Dios la edificó; no se edificará la
sociedad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos;
no, la civilización no está por inventarse ni la «ciudad»
mueva por edificarse en la nubes. Ha existido y existe; es la civilización
cristiana, es la «ciudad» católica. No se trata
más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos
naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía
malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare
in Christo (...) Le Sillon tiene la noble preocupación de la
dignidad humana. Pero esta dignidad la entiende a la manera de ciertos
filósofos, de quienes la Iglesia dista mucho de poder alabar
(...) Pero más extrañas todavía, espantosas y
aflictivas a la vez, son la audacia y levedad de hombres que, llamándose
católicos, sueñan con refundir la sociedad en las condiciones
dichas y establecer sobre la tierra, por encima de la Iglesia católica,
«el reinado de la justicia y del amor», con obreros venidos
de todas partes, de todas las religiones o faltos de religión,
con creencias o sin ellas, a condición de que olviden lo que
los divide, es a saber, sus convicciones religiosas y filosóficas,
y de que pongan en común lo que los une, esto es, un generoso
idealismo y fuerzas tomadas de donde puedan (...) Asusta ver a los
nuevos apóstoles obstinados en hacer cosa mejor con un vago
idealismo y las virtudes cívicas. ¿Qué van a
producir? ¿Qué es lo que
va a salir de esa colaboración? Una construcción puramente
verbalista y quimérica, donde espejearán revueltas y
en confusión seductora, las palabras de libertad, justicia,
fraternidad y amor, de igualdad y exaltación del hombre, todo
ello fundado en la dignidad humana mal entendida; una agitación
tumultuosa, estéril para el fin propuesto, provechosa para
los agitadores de masas menos utopistas" (Encíclica
Notre Charge Apostolique).
B) Monseñor Marcel Lefebvre
Con ocasión de los festejos de los sesenta años de su
ordenación sacerdotal, S.E.R. Monseñor Marcel Lefebvre
pronunció un célebre sermón, el 19 de noviembre
de 1989. La última parte de su disertación fue dedicada
al análisis de los sucesos que conmovían al mundo, particularmente
a Europa:
"Ahora os diré algunas palabras sobre la situación
internacional. Me parece que tenemos que reflexionar y sacar una conclusión
ante los acontecimientos que vivimos actualmente, que tienen bastante
de apocalípticos. Es algo sorprendente esos movimientos que
no siempre comprendemos bien; esas cosas extraordinarias que suceden
detrás, y ahora a través, de la cortina de acero. No
debemos olvidar, con ocasión de estos acontecimientos las previsiones
que han hecho las sectas masónicas y que han sido publicadas
por el Papa Pío IX. Ellas hacen alusión a un gobierno
mundial y al sometimiento de Roma a los ideales masónicos;
esto hace ya más de cien años. No debemos olvidar tampoco
las profecías de la Santísima Virgen. Ella nos ha advertido.
Si Rusia no se convierte, si el mundo no se convierte, si no reza
ni hace penitencia, el comunismo invadirá el mundo. ¿Qué
quiere decir ésto? Sabemos muy bien que el objetivo de las
sectas masónicas es la creación un gobierno mundial
con los ideales masónicos, es decir los derechos del hombre,
la igualdad, la fraternidad y la libertad, comprendidas en un sentido
anticristiano, contra Nuestro Señor. Esos ideales serían
defendidos por un gobierno mundial que establecería una especie
de socialismo para uso de todos los países y, a continuación,
un congreso de las religiones, que las abarcaría a todas, incluida
la católica, y que estaría al servicio del gobierno
mundial, corno los ortodoxos rusos están al servicio del gobierno
de los Soviets. Habría dos congresos: el político universal,
que dirigiría el mundo; y el congreso de las religiones, que
iría en socorro de este gobierno mundial, y que estaría,
evidentemente, a sueldo de este gobierno".