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Engañado por las mentiras de teólogos, filósofos, políticos y economistas, el hombre moderno busca una luz que lo oriente. Y no podrá hallarla sino en la Tradición Católica y en las Profecías. El Apocalipsis del Apóstol San Juan, el último de los Libros que componen las Sagradas Escrituras, es una profecía sobre la Parusía o Segunda Venida de Cristo, con todo cuanto la prepara y anuncia. Jesucristo debe volver pronto. Y a medida que su retorno se aproxima, más claras se hacen las profecías que nos indican que la Parusía tendrá lugar en el clímax de la más horrenda lucha religiosa que han visto los siglos, en el ápice mismo de la gran apostasía y de la tribulación más terrible desde el diluvio. Pues bien, también respecto a la interpretación de esta profecía el hombre moderno es desorientado por los pseudoprofetas y los malos doctores. Y precisamente en esta álgida cuestión el Reverendo Padre Leonardo Castellani sobresale como Doctor y Profeta en medio de la maraña de esos "sofistas brillantes, hábiles y perversos; trompeteros del Anticristo, al servicio de la gran correntada del siglo, de la época enferma; adoradores vanamente esperanzados del paraíso en la tierra por las solas fuerzas del hombre", como él mismo los definiera. Es por eso que consideramos la situación actual y su desenlace a la luz de las enseñanzas de este profeta de los últimos tiempos. Son sus libros` y sus artículos los que nos encauzan y nos hacen descubrir los senderos apocalípticos que conducen a la Jerusalén Celestial. En su comentario al Apocalipsis de San Juan nos advierte: "La función «profecía» -profecía en sentido lato, los hombres capaces de especular sobre el futuro - es necesaria a tina nación, tanto o más que la función Sacerdote y la función Monarca. Si se arroja por la borda la profecía, se cae necesariamente en la pseudoprofecía. Hay hoy día una abundante y muy en boga literatura apolutlyptica falsa; que dicen algunos críticos «es la literatura de la Nueva Era» (...) Se refiere a la llamada fantaciencia. Otra rama de la literatura apokalyptica es la que llamamos «literatura de pesadilla». La tercera rama la constituyen los ensayos utópicos acerca del futuro, que son abundantísimos. Todo esto es profecía; quiero decir, pseudoprofecía; a veces, profetas del Anticristo. No quiero extenderme acerca deste nuevo género de visiones que conducen al lector al terror o al desaliento; o bien -y son las menos- a ilusiones eufóricas acerca del futuro. La mayoría son disparatadas, y no es el menor mal influjo que irradian, el despatarro del sentido común; pues algunas son dementes casi. Ponen como base un absurdo" (páginas 297-298). En este año 2001, vigésimo aniversario de la muerte del Reverendo Padre Leonardo Castellani, publicamos esta reflexión basada sobre su enseñanza con dos intenciones: homenajear a ese profeta de los últimos tiempos, y proporcionar al hombre moderno desorientado la luz de la verdadera Tradición Católica y de la interpretación genuina de las Profecías. Para no repetirnos en las citaciones ni desviar la atención, damos de una vez la lista de las obras del autor que manejamos, cuyas citas resaltamos en negrita y remitimos a las páginas de los libros utilizados: >HACIA LA HISPANIDAD, Cabildo, Buenos Aires, 23 de abril de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Las Canciones de Militis, 3a edición, Buenos Aires, Biblioteca Dictio, 1977, página 175. >EL DERECHO DE GENTES, Cabildo, Buenos Aires, 11 de agosto de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Decíamos ayer, Buenos Aires, Editorial Sudestada, 1968, página 141. >SUPER - ESTADO, Cabildo, Buenos Aires, 7 de septiembre de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Decíamos ayer, Buenos Aires, Editorial Sudestada, 1968, página 167. >A MODO DE PROLOGO, 24 de febrero de 1945, Decíamos ayer, Buenos Aires, Editorial Sudestada, 1968, página 17. >VISIÓN RELIGIOSA DE LA CRISIS ACTUAL, Dinámica Social, Buenos Aires, septiembreoctubre de 1951. Citamos tal como fuera publicado en Cristo, ¿vuelve o no vuelve?, 2a edición, Buenos Aires, Editorial Dictio, 1976, página 284. >UNA RELIGIÓN Y UNA MORAL DE REPUESTO, Dinámica Social, Buenos Aires, noviembre-diciembre de 1957. Citamos tal como fuera publicado en Cristo, ¿vuelve o izo vuelve?, 2a edición, Buenos Aires, Biblioteca Dictio, 1976, página 278. >LOS PAPELES DE BENJAMÍN BENAVIDES, escrito en 1947. Utilizamos la 3a edición, Buenos Aires, Biblioteca Dictio, 1978. >EL APOKALIPSIS DE SAN JUAN, escrito en 1963. Utilizamos la 4a edición, Buenos Aires, Biblioteca Dictio, 1977. Son pocas las citas de esta obra, porque su lectura íntegra y su estudio reflexivo son indispensables e insustituibles. >SAN AGUSTÍN Y NOSOTROS, marzo de 1954, Ediciones Jauja, Mendoza, abril de 2000. ESTADO DE LA CUESTIÓN La historia de los últimos cuarenta años guarda todavía misteriosos secretos, así como también nos revela asombrosos hechos. Un análisis de la situación actual a la luz del magisterio del Reverendo Padre Leonardo Castellani ayuda mucho a comprender estos acontecimientos y a conjeturar sobre aquellos enigmas. En efecto, con una clarividencia admirable, en dos artículos publicados en Cabildo en abril y agosto de 1944, nuestro autor precisaba no solamente la situación exacta en que se encontraba la Cristiandad, sino también los dos únicos desenlaces posibles: Estamos al fin de la Contrarreforma: se cierra un período histórico determinado esencialmente por la disolución de la Cristiandad europea a causa de esa gran convulsión religiosa, política y social que se llamó Reforma, o mejor Protestantismo. Después de esto, o se abrirá un conflicto más terrible todavía, la aparición de la última herejía que describe Belloc al final de su libro clásico, o Dios conducirá a la Iglesia temporariamente a un puerto de paz, y a un gran triunfo universal, como lo ha hecho otras veces (...) La actual división del mundo, en el fondo no es sólo política, sino más bien religiosa (Hacia la Hispanidad. Las Canciones de Militis, páginas 176-177). Dos ideas nuevas se han abierto paso entre el follaje ilusorio o amañado del pacifismo liberal, y habiéndose formulado como metas de la época que viene, ya no las para nadie, ni se ve la posibilidad de esquivar la opción entre ellas. De una parte, el Super-Estado judaicomasónico que completaría política y militarmente la superestructura económica ya existente del capitalismo internacional. De otra parte, las alianzas libres pero totales entre grupos de naciones espiritualmente afines, a la manera de la Cristiandad Medieval o del siempre soñado Imperio Católico, realizado parcialmente por España en América, como antes por Carlomagno o Carlos Quinto (El derecho de gentes. Decíamos ayer, página 143). Pero, al mismo tiempo, nos advertía sobre el peligro de que ese Superestado judaicomasónico fuese presentado como una tercera posibilidad, enmascarado por la figura de la Nueva Cristiandad o de la Restauración Ecuménica, resultados de un cristianismo falsificado: El proyecto de Federación Europea es simplemente la sombra del Imperio Romano, que Europa es impotente a olvidar, con el sueño del Reino de Cristo, que Europa necesita para vivir, la que han escamoteado y adulterado, y están parasitando estos vivillos masones y delirantes protestantes. Sólo que cuando Europa sueña en la Federación, sueña en una cosa que es natural y que ha existido; cuando el yanqui nos predica el Superestado, fragua una cosa que es antinatural y que nunca ha existido. Ni habrá de existir, según esperamos. Es sin embargo hoy día una idea en marcha, un signo de los tiempos. En realidad, ahora, después de dos terribles guerras mundiales, se ha acercado mucho; y todo parece indicar que no se va a detener y que, tarde o temprano, será realizada, con Cristo o contra Cristo. Es uno de los ideales del mundo moderno (...) El rigor y la crueldad de las modernas guerras totales hacen gemir al mundo por un substituto de la antigua Cristiandad, especie de federación natural y religiosa de la Europa Medieval, rota definitivamente por la llamada Reforma (...) Pero esta nueva cristiandad, que se nos quiere imponer en nombre de la diosa protestante Democracia, tiene todas las apariencias de una Contra-Cristiandad, es decir, se parece a su madre, la pseudo-Reforma (Super - Estado. Decíamos ayer, páginas 167-170). En la presente edad no será la Iglesia, mediante un triunfo del espíritu del Evangelio, sino Satanás, mediante un triunfo del espíritu apostático, quien ha de llegar a la pacificación total (aunque perversa, aparente y breve) y a un Reino que abarcará todas las naciones; pues el Reino mesiánico de Cristo será precedido del reino apóstata del Anticristo. La gran apostasía parece que comienza a perfilarse en el mundo, porque las impulsiones de la herejía han adquirido por fin volumen cósmico (A modo de Prólogo. Decíamos ayer, página 27). El Superhombre está al nacer, junto con la Superfederación de las naciones del orbe en una sola, y la palingenesia total del Universo visible, por obra de la Ciencia Moderna. Esta idea, o imagen o mito está en el ambiente, y tropieza uno con ella en todas partes; implícita o explícita, aplicada o pura, en forma de argumento o de espectáculo, con la variaciones más sublimes o más idiotas. Efectivamente, esta imagen de la Unidad, es decir de UN y de la UNESCO, tiene ya vigencia religiosa. Tiene ya incluso su gran teorizante religioso, su teólogo o profeta: el Padre Teilhard de Chardin (...) El punto focal de su especulación no es otro que esa unificación triunfal del Universo, a la cual corren infaliblemente, según él, las naciones bajo la atracción formidable de un «Cristo Universal» que absorbe hacia sí al Universo inmanentemente, ya que está encarnado en él desde su creación y es su propio elan vital (...) Teilhard está seguro de la gran fusión de los pueblos en uno y del advenimiento natural de la Restauración Ecuménica. El entusiasmo, el patetismo y el ímpetu religioso con que el alma de Teilhard de Chardin anima esta síntesis esencial de todas las heterodoxias modernas, y aun antiguas, es cosa notabilísima. Enferma leerlo; pero ilustra muchísimo; a un teólogo, por lo menos (Visión religiosa de la crisis actual. Cristo, ¿vuelve o no vuelve?, páginas 288-289). El mundo quiere unirse, y actualmente el mundo no se puede unir sino en una religión falsa. O bien las naciones se repliegan sobre sí mismas en nacionalismos hostiles (posición nacionalista que ha sido superada), o bien se reúnen nefastamente con la pega de una religión nueva, un cristianismo falsificado; el cual naturalmente odiará de muerte al auténtico. Sólo la religión puede crear vínculos supranacionales (Los papeles de Benjamín Benavides, página 292). Tengamos en cuenta que el más reciente de estos textos corresponde al año 1951. ¡Cuánta luz para ver el inicio de la apostasía actual y cuánto coraje para hacer tales advertencias en 1944 o 1947, pleno apogeo del pontificado de Pío XII. |
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