IV.
IMPERIO DEL ANTICRISTO : VISIÓN DEL PROFETA DANIEL
(Cuarto artículo, junio de 1885)
I
Una noche el profeta Daniel tuvo una visión formidable. Mientras
que los cuatro vientos del cielo se combatían en un vasto mar,
vio surgir del medio de las olas cuatro fieras monstruosas. Eran una
leona, un oso, un leopardo de cuatro cabezas, y no sé que monstruo
de una fuerza prodigiosa, que tenía dientes y uñas de
hierro, y diez coronas en la frente. Le fue revelado al profeta que
estas cuatro fieras significaban cuatro imperios que se levantarían
sucesivamente sobre las olas cambiantes de la humanidad.
Ahora bien, mientras que Daniel consideraba con espanto la cuarta
fiera, vio nacer un pequeño cuerno en medio de los otros diez,
que abatía a tres de ellos, y crecía más que
todos los demás; y este cuerno tenía como ojos de hombre,
y una boca que profería grandes discursos; y hacía la
guerra a los santos del Altísimo, y prevalecía contra
ellos.
El profeta pidió el significado de esta visión extraña.
Le fue dicho que los diez cuernos representaban a diez reyes; que
el pequeño cuerno era un rey que acabaría por dominar
sobre toda la tierra con un poder inaudito. “Vomitará,
le fue dicho, blasfemias contra Dios, atropellará a los santos
del Altísimo, y se creerá con facultad de mudar las
festividades y las leyes, y los santos serán dejados en sus
manos por un tiempo, dos tiempos, y la mitad de un tiempo” (Dan.
7 25).
II
Por este rey, todos los intérpretes entienden al Anticristo.
¿Cuál es la bestia en que sale, al tiempo señalado,
este cuerno de impiedad? Es la Revolución, por la que se entiende
todo el cuerpo de los impíos, que obedecen a un motor oculto,
que se levanta contra Dios : la Revolución, poder a la vez
satánico y bestial, satánico como animado de un espíritu
infernal, bestial como entregado a todos los instintos de la naturaleza
degradada. Tiene dientes y uñas de hierro: pues forja leyes
despóticas, por medio de las cuales despedaza la libertad humana.
Trata de apoderarse de los reyes y de los gobiernos, que deben pactar
con ella. Cuando aparezca el Anticristo, tendrá diez reyes
a su servicio, como si fueran diez cuernos en la frente.
El Anticristo, nos dice Daniel, aparecerá como un pequeño
cuerno; es decir, sus comienzos serán oscuros. No saldrá
de familia real; será un Mahoma, un Madhi, que se elevará
poco a poco por la osadía de sus imposturas, secundadas por
la complicidad total del diablo.
Efectivamente, el cuerno que lo representa es muy diferente de los
demás. Tiene ojos como ojos de hombre; pues el nuevo rey es
un vidente, un falso profeta. Tiene una boca que profiere palabras
grandilocuentes; porque se impone no menos por el brillo de su palabra
y la seducción de sus promesas, que por la fuerza de las armas
y las astucias de la política.
Todo el mundo tendrá pronto las miradas vueltas hacia el impostor,
cuyas hazañas celebrarán las trompetas de una prensa
complaciente. Su popularidad hará sombra a varios de los soberanos
apostatas, que se repartirán entonces el imperio de la bestia
revolucionaria. De ello se seguirá una lucha gigantesca, en
la cual, según Daniel, el Anticristo abatirá a tres
de sus rivales. En ese momento todos los pueblos, fanatizados por
sus prodigios y sus victorias, lo aclamarán como el salvador
de la humanidad. Y los otros reyes no tendrán más remedio
que sometérsele.
Comenzará entonces una crisis terrible para la Iglesia de Dios.
Pues el cuerno de impiedad, después de llegar a la cumbre del
poder, hará la guerra a los santos y prevalecerá contra
ellos.
III
Es probable que, durante todo este primer período que podrá
durar largos años, el hombre del pecado afectará tener
aires de moderación hipócrita.
Judío, se presentará a los Judíos como el Mesías
prometido, como el restaurador de la ley de Moisés; tratará
de aplicar en su favor las misteriosas profecías de Isaías
y de Ezequiel; reconstruirá, según el parecer de varios
Padres, el templo de Jerusalén. Los Judíos, al menos
en parte, deslumbrados por sus falsos milagros y su fasto insolente,
lo recibirán a él, el falso Cristo; y pondrán
a su disposición la alta finanza, toda la prensa, y las logias
masónicas del mundo entero.
Es también muy verosímil que el Anticristo tratará
con consideración, para encumbrarse, a los partidarios de las
falsas religiones. Se presentará como plenamente respetuoso
de la libertad de cultos, una de las máximas y uno de las mentiras
de la bestia revolucionaria. Dirá a los budistas que él
mismo es un Buda; a los musulmanes, que Mahoma es un gran profeta.
Incluso no es nada imposible que el mundo musulmán acepte al
falso Mesías de los Judíos como un nuevo Mahoma.
¿Qué podemos saber? Tal vez llegará a decir,
en su hipocresía, y semejante en esto a Herodes su precursor,
que quiere adorar a Jesucristo. Pero no se tratará sino de
una burla amarga. ¡Ay de los cristianos que soporten sin indignación
que su adorable Salvador sea colocado en pie de igualdad con Buda
y Mahoma, en no sé qué panteón de falsos dioses!
Todos estos artificios, semejantes a las caricias del caballero que
quiere subirse a su montura, ganarán insensiblemente el mundo
para el enemigo de Jesucristo; pero una vez bien asentado sobre los
estribos, hará valer los frenos y las espuelas; y pesará
entonces sobre la humanidad la más espantosa de las tiranías.